Hartley
Las risas de Dave y Alizeh llenan el túnel mientras nos dirigimos hacia la salida de un edificio que solía ser una botica. Celebran el éxito del plan. Ahí tomaron un par de notas y yo distraje a quienes vigilaban. O más bien, le demostré a Dave que no fue en vano enseñarme a usar una espada como se debe.
Lo último que debemos hacer en esta ciudad es vigilar que Dastan Fenton entre en una cantina y esta vez secuestrarlo. Es mi turno de actuar, la prueba de la que el capitán habló. Dijo, en palabras de Achard, que, así consiguiera atraerlo hasta el exterior, ya después se encargarían de eso otro día. Por ahora tenía que averiguar con qué gente hace tratos para espiar a la tripulación.
Como acordamos, ellos se quedarían dentro del túnel que conecta con este sitio, a la espera de que yo regrese con noticias. Era crucial dejarme solo en esto, para demostrarles que era capaz de mover fichas por mi cuenta.
Dave me advierte sobre llevarme un arma, y me decanto por una pistola bajo el abrigo, porque cree que quizá Dastan podría verme mientras habla con otras personas.
Me adelanto hacia las escaleras que llevan al pasillo que conecta con la bodega, y al subir la música tenue me golpea sólo de cerrar la puerta. Nadie tiene idea de que en este lugar no sólo se apuesta dinero de los clientes.
Después de verificar que de verdad estoy solo, me sitúo en la mesa más alejada del resto, mientras observo a un par de sitios de apuestas, cosas de las que no recuerdo mucho.
Miro el reloj en la pared una, dos veces. Ya debería tener cualquier clase de noticia, quiero regresar pronto al barco para escuchar cómo he hecho a la perfección lo que acordamos.
Pasa más o menos media hora, lo estimado por Dave, cuando la campana de la puerta se escucha y alguien que estaba en la barra sale vigilante de todo el que esté en la cantina antes de adentrarse a la calle.
Intercambio una mirada con Dave, que sigue al lado del umbral de la bodega, de inmediato decido salir cuando asiente.
Ellos esperarán ahí hasta que regrese.
Ajusto el abrigo sobre mis hombros antes de salir hacia la calle algo fría por la hora.
Miro por la acera y no tardo en notarlo, Dastan está fumando cerca de un callejón. Su mirada se encuentra con la mía mientras apaga su cigarro.
Va directo hacia mi sitio, tal y como esperaba. Y tal y como lo esperaba, me suelta un puñetazo en la cara.
Esperé demasiado, y además tuve que fingir querer que espiarlo era algo que me inquietaba. Sólo quiero terminar con esto, y debe saberlo porque tiene una sonrisa arrogante en la cara. Me limito a observarlo con la irritación que me causa las manos de otros sobre mí.
Creo que el labio me sangra, pero me niego a comprobarlo.
—¿Creíste que te saldrías con la tuya ese día, niño? —pregunta en voz baja, letal—. No me conoces, lo tengo bastante claro.
—¿De qué hablas? —replico con cansancio.
—Eres la mascota de Nerván ahora, ¿no?
—Parece que después de varios días pude hablar contigo. Leíste el sobre, ¿no? Me encargué de que no te lo quitaran el día de la paliza.
El hombre me observa como si le hubiera mentido incluso entonces, pero saco un papel doblado del bolsillo. Lo prometido es deuda, o eso supongo.
—Es la lista de ciudades próximas a visitar —añado al tendérsela—. No tuve problema en conseguirlas.
En que Dave me lo contara.
Dastan abre los dobleces con cautela, como si hubiera sido capaz de dejarle una navaja dentro para cuando lo revisara. Hubiera sido, sí. Pero todavía quiero algo, así que no debe preocuparse por eso.
—¿Y esto por qué? —murmura, mirando alrededor.
—Hacer negocios conmigo no es algo cualquiera.
La gente que he frecuentado durante los últimos años no sabía demasiado sobre mí, principalmente porque nunca me interesa mucho hacer amistad con gente que no pertenezca a la academia. Hubiera hecho bien en mantener así la situación, no haber ido a esa cantina ese día con Leith, no haber caído en la trampa de unos piratas, la misma que era para mi hermana.
Pero ahora que estoy aquí no puedo retroceder el tiempo y todo lo que quiero es avanzar. Puedo hacerlo por mi cuenta.
—Entonces, para la próxima vez… —empieza con su habitual arrogancia. Lo detesto—. Deberás conseguir mucho más que esto si quieres un pago de verdad.
—Obtuviste lo que querías —replico, dejando dentro del bolsillo de su abrigo un par de billetes que cubran su cuenta de la cantina—. No fui tan incompetente como lo creíste en un inicio, ¿no es así?
—No, en absoluto —Dastan ríe, y adivino que es porque sigue sin poder creerlo—. Los llevaste hasta esta ciudad, lo hiciste de algún modo.
—Fue porque buscan el anillo. No fue del todo por mí. Aunque creen que gracias a mí nos estamos acercando a Caitlyn, cosa que no pasa, pero… creo que prefiero reservarla para el final.
Me entrega un montón de billetes sin previo aviso, y yo me subo las mangas de la camisa junto con el abrigo para no ensuciarlas antes de contarlo.
—La próxima vez podría enviarlo a alguna de tus propiedades —murmura, sin quitarle los ojos de encima al dinero—. Después de todo, ni siquiera sé si ya estás al tanto de con cuánto juegas al colocarte en mi bando.
—¿Cómo lo sabría? ¿Meterías un mensaje en una botella y la arrojarías al mar?
—Te envié cartas hace un tiempo, cuando Zyra me pidió buscarte. A nombre de Caitlyn, por si con eso podía despistarlos y además darles una pista.
Si hubiera habido una carta, lo sabría. Es demasiado extraño. Aunque tiene sentido, después de todo se supone que soy prisionero en ese barco, no me darían cartas.
—Fue perfecto el pretexto —digo en su lugar, como si en realidad supiera de qué me habla—. De verdad creen que mi familia está al tanto de dónde estoy.
—Entonces perfecto. Aunque la próxima vez…
—No. La próxima vez los pondré a tu disposición, y si fallas, no actuaré de nuevo.
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Editado: 22.10.2026