Jaylynn
Apenas me cambio la blusa por otra limpia, noto que las ventanas ya no dejan entrar una luz que indique el inicio del amanecer, y ahora los rayos del sol son tan potentes que bien podría ser mediodía.
Ni siquiera noté que me dejé las botas puestas, pero estaba tan cansada que apenas podía pensar.
Salgo de la habitación con cautela, sin quitarme la sensación de que algo malo está pasando. La habitación está vacía, y no escucho demasiado ruido.
La cubierta está llena de movimiento por todas partes. Parece como si el desastre de hace un rato nunca hubiera ocurrido y simplemente lo imaginamos.
Me quedo mirando hacia la proa, y ahí distingo a Camdem, que dispara junto con Ashton a varias botellas al terminar el día libre. Otros chicos están con ellos, todos centrados en las apuestas.
Me pregunto cuánto tiempo habrá tomado recoger toda el agua de la cubierta. Está tan poco húmeda como siempre. El sol me indica que efectivamente es más de mediodía, y el orden indiscutible que se las arreglaron bien sin mí un rato.
Pero no veo por ninguna parte a quienes pretendía encontrar, así que me adelanto hacia el camarote principal sin pensarlo demasiado.
Apenas acercarme un poco escucho los murmullos, y al entrar me encuentro con Nerván a unos metros alejado del escritorio, escuchando las explicaciones vagas de Achard sobre ciertas medidas de seguridad.
Alizeh está sentada en una de las sillas enfrentadas delante del escritorio. En la otra está Hartley, bastante concentrado en el terciopelo del reposabrazos.
—Vaya, al fin despiertas —Alizeh suspira, la única persona que parece agotada—. Fue una locura sacar toda el agua. ¿Qué paso con tu herida?
Así que lo sabe todo el mundo.
—Pues… —levanto un poco la blusa para que pueda ver el costado apenas, y la mueca de compasión que hace me fastidia—. No está tan mal.
—¿No? Yo creo que Leonie se acabó todo el hilo contigo.
Aparto la mirada a tiempo cuando Hartley se vuelve hacia mí, levantándose de la silla sin dudarlo.
—Siéntate, por favor —me pide con una media sonrisa, como si no pudiera controlarla después de habernos separado en la habitación.
Lo entiendo. Yo también me burlaría.
—Siéntate tú —replico, cruzándome de brazos, pero el gesto me arranca un siseo que apenas reprimo.
—Lo hará, no te preocupes —Alizeh le habla al muchacho con una carcajada mientras me toma por el codo y me obliga a sentarme.
—¿Y bien? —empiezo, contemplando el desastre tras nosotros, que no se detuvo ni un poco cuando entré—. ¿De qué están hablando?
—A alguien le ha dado por echar culpas —murmura la pelirroja, mirándose las uñas.
Sabía lo que eso significaba. Achard y su padre tenían de las peores discusiones de las que se puede ser testigo a bordo de este barco cada vez que las cosas no salían como el otro quería. Supongo que no haberse visto durante un buen tiempo empeoró la paciencia de ambos.
—¿Ya tuvieron la reunión? —pregunto sin apartar la vista mientras por fin se ponen a gritarse en catalán.
—Todavía. Nerván esperaba que despertaras. Podemos ir a avisarle, si quieres —bromea Alizeh, pero no me rio.
¿Que si quiero? Muero de ganas de hacer muchas preguntas. Y, sobre todo, comentar el asunto de las anclas.
Ahora tengo la pregunta en mi cabeza de quién fue quien las subió. Alizeh estaría diciéndome algo si supiera algo al respecto, pero no lo hace.
Un rato más tarde estamos también en compañía de Dave. El ambiente es mucho más tenso que el día que bajamos a tierra firme, pero sé que es debido a los muchos descuidos que tuvo la tripulación. En parte me siento culpable. Yo estaba en la plataforma, no entiendo cómo pude dejar pasar ese barco.
Por fin el capitán se acerca a la mesa, impaciente ante nuestro silencio. No sé el resto, pero el mío es más diplomático que por temor.
—¿Nadie quiere hablar primero? Bien —Nerván se impacienta, y se en quién recaerá el reproche inicial—. ¿En dónde estabas?
—Limpiando armas —Achard se defiende con cansancio—. Ni siquiera digas que fue mi culpa.
—Después de todo, no era el vigía —asiente Alizeh, pero ante mi mirada se tapa la boca con la mano.
—¿Qué les pasa últimamente? —el capitán nos mira uno a uno—. ¿Cómo se les pudo escapar?
—Disculpa, pero yo no estaba en el timón —espeto sin poder evitarlo—. Tu capitán al mando era Achard, y por supuesto, no sabe cómo hacerlo. Tampoco nos tires la culpa encima cuando es él quien…
El sonido de mapas cayéndose llama la atención de todos, incluyéndome. Hartley trata de recogerlos todos desde el sitio en el que estaba junto al estante, algo avergonzado. Yo misma tardo unos segundos en continuar con mi discurso a pesar de la carcajada que escucho a Dave contener.
—No tenía por qué dejar su puesto —termino, sin saber de repente qué más añadir.
—Tiene sentido —el capitán sonríe, pero es sólo para gritar después—. ¿Dónde estabas tú?
—¿Yo? —Dave no sabe qué decir al ver que ha llegado su turno. Ríe, como siempre, pero hoy no estamos para bromas.
—Sí, ¿en dónde diantres estabas? La última vez en la tormenta, me contaste que Sherwood salvó a tu hija de caerse por la borda. Esta vez también fue quien la escondió en un armario. ¿No te pudiste reunir con Jaylynn aun sin nada que hacer
—¿Yo? —suelto sin entender el punto—. Yo estaba muy ocupada muriéndome, no tenía nada que hacer conmigo.
—Por eso mismo. Y nadie tuvo la decencia de presenciar ese espectáculo, ¿no?
De todas las formas posibles de continuar, no me esperaba ese tono.
La risotada que suelta Achard me deja intranquila. Sé lo que viene.
—¿Nos culpas no sólo por tu barco, sino también por no proteger a tu hija? —hace énfasis en la última palabra, divertido con esto—. ¿Sí? ¿Es eso?
—No sabía que tú también tenías esa clase de problemas de confianza.
Achard comienza a defenderse frente a su padre, tanto que la discusión escala a resonar en las paredes de madera. Los hombres de esa familia no saben tratar un problema sin sacar las garras más de la cuenta.
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Editado: 04.07.2026