Hartley
Me quedé despierto hasta que no quedó suficiente luz en el pasillo como para leer, y después hasta que me cansé de recordar notas, presentaciones, todo menos las cosas que otros critican de mí. No hay manera, es como si los recuerdos se me hubieran bloqueado en la cabeza.
Jay no tardó en dormirse, aunque tenía una pequeña pila de libros a su lado, justo al mío antes de que me hubiera puesto a examinar las demás cajas, encontrando objetos antiguos en ellos. Me hace falta la compañía. Ambos comentábamos lo que leíamos, pero de repente el silencio se hizo. Es como antes, como cuando hablábamos de nuestro último día. Optábamos por vivirlo.
Dudo que le diera por leer a esta hora entre sueños, así que retiro ambos libros de cerca de ella antes de sentarme a su lado de nuevo. Parece cansada, a pesar de haber prometido que no dormiría.
Para mí no es realmente una opción, no soy tan valiente como ella como para quedarme despierto. Temo que sea la última vez que pueda decidir si duermo o no.
Apoyo la espalda en la pared, ella está igual.
La miro con curiosidad, y descubro que algunas pecas le salpican la cara, de repente siento el impulso de apartarle un poco el flequillo negro de la frente.
Sólo cuando me percato de que está profundamente dormida, la tomo un poco de ambos hombros para recostarla hasta que su cabeza queda en mi regazo. Entonces sí me permito pensar.
La noche anterior a irnos del barco, descubrí una carta en la correspondencia que Dave me hace llegar antes de que otros la quemen, como he escuchado, y a juzgar por la misiva, la que fue enviada antes de esta no decía más que palabras impacientes, tengo la preocupación de saber en dónde pudiera estar en este momento en el barco.
Recuerdo la última carta de Dastan, sobre lo bien que he estado llevando la situación hasta ahora, antes de que su familia, la que no tiene ni idea de nuestro convenio, nos trajera aquí. Esa noche descubrí con la tenue luz de la vela estampas que no son del reino a la vuelta del sobre. Por eso no lo encontramos en ningún sitio al que vamos, se marchó lejos.
Hay una línea que resuena en mi cabeza, justo entre las últimas de la carta.
La quiero muerta.
Casi por instinto, observo a Jay con cautela mientras duerme. Si se tomó la mitad de esa botella de licor que encontramos por aquí, no despertará por nada del mundo, y menos con lo agotada que estaba.
Saco la navaja del bolsillo, la misma que encontré en uno de los abrigos del armario en el que nos encerramos apenas entré en esta casa.
Trato de concentrarme en ella, en una razón por la que no debería terminar con esto además de lo mucho que no quiero hacerlo. Pero debería ser ahora o nunca. Está más que dormida.
La luz de la luna crea un brillo en el metal cuando lo levanto un poco. No puedo dejar de imaginar lo que esto significaría. Una criminal, reducida a una muerte como esta, ni siquiera sería ocasionada por ninguno de sus enemigos.
Si la encontraran muerta, entonces sí podría explicar el plan que tengo con Dastan. Porque ella me retiene. Sé que moriremos de todos modos, pero moriría sabiendo que los traicioné.
Quiero saber por qué la detestan. Zyra nunca me habló de ella, ni siquiera porque las pocas veces que me hablara de gente que conocía fuera para hablar mal o comentar rumores. Si Jay hizo algo a esa familia, a Dastan, afecta a Zyra también porque es su hermano.
Estoy seguro que de saberlo lo habría mencionado. No lo entiendo.
Más que otra cosa, recuerdo lo que dijo Achard en la habitación, pero no entiendo si se trata de la misma persona. Si es así, quien murió en el segundo piso debía ser la esposa de Dastan, pero no tiene nada de sentido. El bebé en la habitación no parecía tan pequeño.
Lo recuerdo. Esa mujer dijo que Jaylynn mató a su esposo. Trato de descifrar las líneas, pero no hay otro sentido que se le pueda dar. Jaylynn mató a Garner Fenton. Jaylynn mató a mi mejor amigo.
—¡¿Qué estás haciendo?! —Jay se aleja de mi de golpe apenas abre los ojos, notando la navaja que todavía empuñaba cerca de su cara. Se pone de pie rápido, sin molestarse en mirarme bien.
—Tienes muchos secretos. ¿Te molestaría revelarme uno? —digo, sin dejar de caminar hacia ella con lentitud. Su respiración cambia.
—Hartley, ¿qué haces? —repite, repasando la habitación.
—No hay forma de salir de aquí, así que me vas a responder.
Parece caer en cuenta por primera vez en lo pequeña que es la habitación.
Me acerco a ella, y por fin la tomo del brazo. Trata de zafarse del agarre, pero es inútil. El sentimiento que me invade es incontrolable.
—¿A quién mataste? —murmuro, cuando por fin la pared es lo único que le impide retroceder más—. Contéstame.
No responde, pero por fin su mirada es la de siempre.
—No me molestaría morir sin contarte —dice con poco humor.
—Bien. Pero morir por una navaja habiendo superado varias cosas antes…
—Yo no soy quien quiere tocar el piano otra vez —se burla dándome un golpe con la rodilla en el estómago, pero no la suelto—. ¿Te volviste loco?
—Contéstame, ¿a quién mataste?
—No sé qué demonios ganas con esto.
—Mataste a Garner Fenton.
—Baja la maldita voz —dice, y por cómo decae su expresión lo entiendo. Es verdad.
Aprieto con más fuerza su brazo, sin dejar de observarla.
—Tú lo mataste.
—Claro que no —espeta, furiosa—. Lo mató su prometida, suéltame.
—Tenía mucho por hacer —digo sin poder contenerme ahora que ambos estamos en el piso. No sé en qué momento ella pensó que sería buena idea intentar soltarse mientras se retorcía hacia el suelo. La empujo hasta quedar de horcajadas sobre ella—. Tenía una familia…
—De la que yo no sabía —cuando acerco la navaja a ella, me toma ambas muñecas con fuerza, que compite con la mía. Nuestras respiraciones no se distinguen por cuál es la más alterada—. Y no lo hice yo. Te lo digo en serio.
#888 en Otros
#22 en Aventura
#2981 en Novela romántica
drama y suspenso, aventura accion, amistad aventuras romances y misterios
Editado: 04.07.2026