El canto del mar y la sirena

28

Hartley

Cargo las cajas hasta donde me lo ha pedido Alizeh y una vez las dejo en su sitio ella se sienta sobre una. Parece que llegaron envíos de mercancía.

—¿Cómo estás tú? —me pregunta la pelirroja cuando me quedo mirando la noche algo distraído. No nos hemos movido del puerto—. ¿Tus golpes ya sanaron?

—No tuve muchos —respondo con media sonrisa, comenzando a limpiar una pistola sólo para tener algo que hacer.

Aunque el hombro me molesta más que de costumbre. Cuando abrí la puerta del sótano, se cayó tan fácil al suelo porque primero la golpeé con el hombro. Ni siquiera he querido mirarlo, y apenas fui consciente del dolor cuando sucedió. Nada cambiaría mirarlo ahora.

—¿Esas cuándo te las hiciste? ¿Fue la última vez? —Alizeh señala mi antebrazo con el dedo cuando me apoyo en la borda, y me bajo la manga de la camisa. Sólo son un par de cortes.

Asiento, y sigo en lo mío. Dave dijo que ahora debo ser útil, aunque ya parece que soy más que imprescindible aquí, porque por fin tengo un lugar sin reservas en el barco. Gracias a que trajimos un par de pistas, y también a…

—¿Ella cómo está? —murmuro con cautela, sin levantar la vista.

La respuesta no llega de inmediato, claro. Alizeh finge alisarse la falda mientras lo piensa. No creo que Jay le haya contado nada, pero ha estado bastante extraña desde hace unos días.

—Supongo que los golpes le duelen un montón, pero nunca lo admitiría —digo sólo para llenar el silencio.

Sigo limpiando con la tela, y cuando comienzo a hacerlo con fuerza me detengo. Cierta persona se disparó en la mano por no tener cuidado, y prefiero evitar vivir la misma experiencia.

—¿Por qué no le preguntas tú? —me sorprende su tono curioso—. Si se encuentra bien, quiero decir.

—Es que… dudo que quiera saber de mí.

Aguanto las ganas de contarle todo, porque necesito decírselo a alguien. Por primera vez me arrepiento de lo que hice de una manera impresionante, y por primera vez no tengo ni idea de cómo arreglar nada.

Y también por el tono de Alizeh descubro que ha notado que en estos días no he sido precisamente la persona favorita de Jaylynn.

—Todos vimos lo que pasó en la casa. Cuando… Sorsha estuvo contigo, y eso.

Me tenso al instante, pero dejo el arma de lado sin darle aparente importancia.

—Debería ayudar a Dave —digo, esbozando una sonrisa de incomodidad—. Quizá ya me tomé bastante tiempo libre.

—¿Jay de verdad te importa?

Trato de no sentirme ofendido por el tono que usó, pero es un poco difícil. No sé qué tanto hayan escuchado de mí, pero cualquiera me tacharía de mala persona por mucho.

—Yo… no lo sé —miento, regresando a mi sitio junto a la borda.

—Me pareció que sí, es todo.

No digo nada, y sólo de recordar esa noche siento de nuevo una opresión en el pecho. Estoy seguro de que se contenía para no gritar cuando estaba en el sótano. No me saco de la cabeza esa desesperación de no saber qué estaban haciéndole.

Ni siquiera noté que comencé a apretar los puños, así que suelto el aire.

Un movimiento en el puerto llama nuestra atención, y al verla mi corazón comienza a latir con fuerza sin permiso.

Cuando creí que nunca más la volvería a ver, ni siquiera para que hiciera comentarios malintencionados sobre mí, supe que el peor error de mi vida había sido tomar venganza por mi propia mano. Cuando la escuché sufrir, entonces supe lo que quería por primera vez en mucho tiempo.

Ese vestido, ella… No lo puedo explicar. No la miro porque quiero estar con ella una tarde, tampoco porque se me haga guapa, no es sólo eso, lo sé. Y sé que quiero conocerla más, nunca sería suficiente.

Dejo mis fantasías de lado cuando la veo abofetear a Achard, que parecía estar hablando con ella hasta hacía un par de segundos en la calle empedrada y oscura del puerto.

Alizeh se tensa a mi lado, pero cuando hace un intento de bajar la rampa cerca de nosotros se detiene, volteando a mirarme con curiosidad.

—Lo hizo con un guante de encaje puesto, toda una dama —digo, sin poder creerlo. No aparto la vista de Jay, ni siquiera cuando se acerca hasta la rampa.

Saluda a su amiga, pero al verme la expresión de control falla un poco. Sólo pasa por mi lado, finge no haberme visto.

Lo acepto. Me lo merezco tanto que duele.

Alizeh me mira como si quisiera disculparse por ella, pero termina siguiéndola hasta el camarote principal. Achard sube poco después, directo al mismo sitio.

Un movimiento entre las sombras de la calle llama mi atención. No zarparemos hoy, al menos por lo que escuché. Leonie tampoco ha vuelto de la botica, fue lo que me dijo Dave.

De nuevo, otra vez casi podría decir que alguien se movía en el callejón frente al barco. Los faros parpadean con las velas dentro, es difícil saberlo con exactitud. Supongo que si se tratara de la contramaestre, no tendría problema en acercarse sin esconderse.

Miro a mi alrededor en el barco, y antes de pensarlo dos veces tomo la pistola que había estado limpiando después de cargarla.

Bajo con cuidado la rampa, y pronto me adelanto hasta el callejón tras unas casas enormes. Nada. No parece haber nada, incluso escucho el andar de caballos cerca con sus carrozas.

Sigo caminando por el empedrado, entre las casas y tiendas. Este lugar se ve mucho más tranquilo ahora lejos del anterior. Avanzo entre varios pasillos hasta que llego a una fuente de piedra, que parece conectar varios de ellos.

Entonces lo veo, cerca de la misma.

Sonrío sin poder evitarlo. Ya decía que era preocupante no saber nada después de lo que pasó.

—¿Ahora me vigilas? —pregunto a Dastan, que lleva una capucha marrón. No puedo evitar la incredulidad—. ¿Para qué tanto disfraz? Ya saben que trabajamos juntos, tranquilo.

—¡¿Ya lo saben?! —repite y yo suelto una carcajada.

—Claro que no. No seguiría vivo de ser así. ¿Para qué estás aquí? Según estoy enterado, tienes asuntos que atender en casa. Mi visita no fue… bien recibida.




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