Jaylynn
Los cuatro estamos en el camarote principal sin importarles ni un poco la lluvia de afuera. Es una pérdida de tiempo que no nos podemos permitir. Por eso no me molesta decirlo en voz alta, sin dejar de apoyar con fuerza la bota en la madera.
—¿Ya vas a hablar o tenemos que adivinar lo que quieres decir? —suelto, y ante ello el capitán se pone de pie.
—Ustedes dos son mis mejores piratas —Nerván habla a Achard y Camden, que han permanecido junto a la puerta desde que llegamos, a diferencia de mí y Hartley—. ¡¿Cómo pueden avergonzarse de forma tan estúpida?!
—Siempre dices que en tu barco uno tiene lo que merece —Achard habla con molestia y ante ello rio en voz baja—. Ese idiota obtuvo lo que merecía.
Lo dice como si no fuera Camden el que tiene el labio partido, y ni hablar de los golpes.
—Además se metió —insiste Camden, pasándose una mano por el cabello rubio algo nervioso—. ¡Se metió y Jaylynn es la primera en decir que los problemas son de uno!
—Cuando no hay dos de por medio —murmura el capitán y la molestia de esos dos me satisface. Odian que me trate distinto, pero es lo que hay.
—Yo hubiera podido sola —añado con una sonrisa, mirando a esas escorias con los brazos cruzados—. Pero la ayuda no es mal recibida nunca cuando se trata de imbéciles.
—Ya basta —Nerván suelta un suspiro de irritación, y por eso todos callamos—. Camden, quedas relevado de tus tratos en el próximo sitio en el que desembarquemos.
Es perfecto, porque no me apetecía hacerlos con su compañía.
Pero si algo es popular en este barco, es que cualquiera que sea tan idiota como para ser amigo de Achard, debe tener su mismo nivel en algo. No toleran que las cosas no salgan como quieren.
—¡¿Qué?! —el rubio parece incrédulo, pero ni siquiera le da tiempo a continuar.
—Y tú —añade el capitán, apuntando a su hijo con furia—. ¿Qué debería hacer contigo?
—¿Le crees a este idiota? —suelta, mirando a Hartley—. ¿Le crees lo que dijo?
—Cualquiera se daría cuenta —murmura Hartley a mi lado, sin molestarse en mirarlo. Eso lo irrita, demasiado.
—Mató a… —empieza Camden, pero de repente se calla ante mi mirada.
Todos parecen hablar de eso, pero nunca antes cerca de mí. Me alegra que haya sido él. Todavía no he terminado ni la mitad de cosas que quería decirle.
Nerván debió hacer un gesto del que me perdí para que ambos salieran, porque los dos imbéciles salen de la habitación dando un portazo. Yo estoy mucho más que contenta al respecto.
—¡No te quiero cerca de ella otra vez!
El grito del capitán me sorprende, y cuando veo que le habla a Hartley no puedo evitar tensarme. Este no parece sorprendido.
—¡Puedes serme tan inútil como quieras, porque vaya que lo eres, pero no te metas con mi hija! —sigue dándole un golpe a la mesa, furioso, y antes de que me dé cuenta está en el centro de la habitación, a unos pasos de nosotros—. ¡Tiene una visión de su papel aquí, y tú y tus trucos sucios de prostíbulo no se van a meter en lo que…!
—Nadie se está metiendo en mi camino —lo corto, irritada. Doy un paso al frente sin poder creerlo—. ¡No tiene nada que ver conmigo!
—Creo que tuve una conversación contigo, Jaylynn, y ni siquiera me escuchaste —advierte al borde de su paciencia, pero yo superé el mío hace segundos.
—¡No necesitaba que me ayudara, estaba jugando! ¡Y tampoco tenemos nada que ver, déjalo al margen!
—¿Te das cuenta de tu imprudencia? ¡¿De la de ambos?! ¡De nada me sirves a bordo si te vas a comportar como una inútil igual que él!
—¡La misma inútil que hizo tratos por ti! —espeto, y me aparto más cuando advierto que Hartley estuvo a punto de tomarme del brazo—. ¡La misma que hace todo lo que le pides, creí que también había hablado contigo!
—Dices que lo que te pasó con Fenton no te afecta, pero apenas cualquiera hace un comentario insignificante al respecto, estallas sin importarte quién sea, antes no eras así —Nerván no deja de observarme, y su irritación es velada—. Vaya que te gusta la atención, porque actúas como si fuera la única que fueras a recibir.
—Quiero decirle que no lo hice por ella —interviene Hartley y aprieto los puños al escuchar la sinceridad—. Lo hice porque no fue justo. Usted siempre alardea de que es su hija, pero no se molesta en prestar un poco más de atención a la vida que le ocasionan en este barco.
—¡Es una pirata! —el capitán se ríe, incrédulo—. ¡Tiene que aprender, no son las cosas como tú las crees, son mis reglas!
—Hasta una pirata tiene sus batallas, y Jaylynn en específico sabe escogerlas bien. Claro que eso no deshace las restantes.
—No necesito de tu perspectiva en esto —me vuelvo hacia él por primera vez, y la irritación que siento se descarga—. No necesito de ti, así que guárdate las molestias.
—Eso no significa que dejen de usarte como lo hacen —espeta Hartley, quizá casi tan molesto como yo—…, y que tú lo permitas.
Aprieto los puños con más fuerza, incrédula.
—Ese es mi problema —replico, pero la molestia falla.
—Esto se termina hoy mismo —Nerván llama nuestra atención, igual de furioso que al inicio—. Si te vuelves a acercar a ella, Sherwood, voy a pensar demasiado tu posición en mis asuntos. Y en cuanto a ti…
—No —espeto sin pensarlo—. No tienes que meterte en lo que no te he pedido, es mi vida.
—Entonces es verdad —cuando su reclamo en catalán comienza, mi respiración se vuelve más rápida. Se ríe sin importarle nada—. Tienes muchas ganas de estar con este inútil.
—¡No es un inútil! —replico en el mismo idioma, furiosa—. ¡Y tampoco quiero estar con él! Sólo para complacerte, lo voy a dejar de lado, para que te quede más que claro que nadie interfiere en mis asuntos. Si vuelves a hablar de su utilidad, te hablaré de lo cerca que nos llevó de tus estúpidos anillos cuando estuvimos en Valkrety.
—¡Ni siquiera obtuvimos nada de ello!
Digo lo que pienso, lo que he estado callando durante todo este tiempo. Parece tener demasiadas ganas de escucharlo, y en este momento no tengo problema con ello.
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Editado: 04.07.2026