El canto del mar y la sirena

30

Hartley

Contar los segundos no sirve de nada. Sin importar cuánto evité el pensamiento, ese momento se terminó.

Su roce, sus manos en mi cuerpo… Es como si nunca antes de ella hubiera sentido el cariño de una mujer. Empiezo a creer que es verdad.

Antes de ella pensaba que nunca anhelaría ni desearía algo tan insignificante como una caricia. No sé cómo voy a vivir sin ella si sigue evitándome.

Después de haber salido de la habitación, me encontré con la cubierta como si absolutamente nada hubiera pasado. Es inquietante ver cuánto poder tiene Jaylynn en este barco, al menos de convencimiento.

Ambos tipos de poder la alejan de mí, la obligan a irse. Supongo que puedo seguir sabiendo eso, al menos por ahora. Cierro la puerta de la bodega a mi espalda y advierto dos sobres junto a la vela que he estado usando.

Nunca supe qué decía la primera carta que me envió Dastan, más que otra cosa porque no tengo idea de en dónde está. Tampoco es que tenga tanto interés en encontrarla porque se suponía que no decía nada importante. El problema son estas. Me preocupa que nunca deje de enviarlas, y alguien podría sentir curiosidad y rasgarlas.

Me siento contra la pared cuando enciendo la vela y por fin rasgo el sobre con cuidado.

Contengo la respiración al ver el contenido, no puedo evitarlo.

¿En dónde puede estar ahora? Necesito hablar con él.

Cuento el dinero que me cae sobre el pantalón sin previo aviso, descubriendo que no es para nada una cantidad insignificante.

Hay algo que quiere a cambio, pero no estoy seguro de poder cumplir esta vez. Supongo que ahora que Jay sabe lo que siento por ella será más fácil alejarla de los problemas, al menos mientras suceden a nuestro alrededor.

Porque es algo de afrontarse, nada puede quedarse así. Tengo que hacer algo.

Como todas sus cartas, contiene un papel en blanco. Saco el bolígrafo fuente del estuche, sorprendido porque Jaylynn no lo haya encontrado cuando lo abrió en primer lugar.

Comienzo a escribir mi respuesta a la luz de la vela, pero esta vez será distinto. No se las daré a Dave para que las envíe, porque estoy seguro de que él no las dejó aquí. Dastan tiene a alguien más dentro del barco. No estoy totalmente solo.

Pero estas quiero entregarlas yo mismo. Cuando lleguemos al puerto que sea bajaré para entregarlas al correo.

Miro por el lugar repleto de cajas, y por primera vez me planteo la posibilidad de que Dastan se enterara de cómo lo traicioné. No se lo mencioné la última vez que hablamos, porque entonces sí que hubiera tenido la navaja hasta el cuello. Hay algo que quiere de este barco, y no precisamente a Jaylynn. No es un secreto las cosas que le resiente, pero tampoco descarto la posibilidad de que tenga interés en la mercancía del barco.

La mayoría de posesiones son invaluables, y nadie haría tratos más limpios que esta tripulación.

Aquí se han pasado los últimos años buscando un anillo. No creo que se trate sólo de eso, como quiere hacer creer el capitán. De esa misma forma creo que Dastan no es honesto conmigo, ninguno de los Fenton lo es. Buscan una pieza en concreto, y debo averiguar cuál.

El viento frío de la madrugada nos recibe al llegar al próximo destino, el cual ni siquiera me molesté en preguntar. Lo descubriremos en algún momento, y puedo darme una idea al ver las banderas amarillas en las astas del muelle.

El puerto parece mucho más abarrotado de lo que esperaba, cada vez más. Al ver la media sonrisa de Jay me doy cuenta de que esa era precisamente su intención. Tiene un plan aquí.

Va a mi lado, aunque no hemos intercambiado palabra. Alizeh está aquí al igual que Dave y por último se nos une Achard, bastante consciente del alboroto en la cubierta. Leonie está discutiendo algo con el capitán, probablemente sobre el último acuerdo.

Anoche tuvimos una conversación todos los que acudimos esta vez junto con la contramaestre y el capitán. Ambos creen que es una buena idea visitar una joyería en este lugar, pero por las miradas que les dedicó la pirata más obediente del barco supe que ella tenía otro plan. Por eso está tan atenta.

Me preocupa un poco que Jay sea tan decidida. Le sería sencillo descubrir lo que yo mismo hago a bordo del barco de no ser porque ahora tengo su confianza.

Trato en lo posible no pensar en ello, pero cada vez resulta más complicado.

Avanzamos por las calles hasta un callejón, lo cual me trae recuerdos no precisamente agradables. Jaylynn me dedica una mirada divertida, la primera en días. Por eso le correspondo, debe estar pensando lo mismo.

Sin embargo, su atención no tarda demasiado en mí. Pronto se asoma a la calle contigua, y todos aguardamos.

—Si llegamos temprano a la joyería quizá encontremos a alguno —murmura Alizeh, y la verdad no entiendo—. Es lo que Leonie dijo.

—¿Desde cuándo hacemos lo que Leonie dice? —replica Jay sin dejar de asomarse.

—Desde siempre, supongo —Dave suena confundido, pero al instante suspira—. Jay, lo que sea que estés pensando, tómalo con calma, y recuerda que…

—Adelante —replica esta, comenzando a andar por la calle sin molestarse en mirarnos.

El empedrado es desigual, lo que me indica que estamos bastante lejos de Valkrety ahora.

Las calles están algo llenas, menos que en el puerto. Muchos más locales están abiertos que cerca del muelle, exhiben todo tipo de artículos.

—¿Qué haremos si Leonie pregunta por lo que nos ordenó? —pregunta Alizeh con nerviosismo, pero sin dejar de seguir a su amiga.

—Por eso quiero que ustedes se encarguen de eso —murmura Jaylynn y cuando veo una tienda de antigüedades me cuesta un poco atar cabos—. Yo tengo otros planes.

—Es casi imposible que esté ahí —dice la pelirroja al seguir su mirada—. Si eso fuera posible, lo habríamos intentado primero…

—Deja que yo me ocupe —replica, algo cansada de que le repliquen. Pronto camina más rápido, pero se vuelve luego de pensarlo un poco—. Sherwood, vendrás conmigo.




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