Hartley
Desde que entregué la carta para Leith en el puerto, no me he animado a bajar de nuevo, porque no fue la única que envié, a Dastan también le envié un par. Me intranquiliza saberlo, y también que me sentiría obligado a enviar otra carta para una persona más.
Es algo en lo que no pensé demasiado durante los últimos meses, pero me gustaría enviar una carta para Irmine. Me pregunto qué pensará mi hermanita de todo el tiempo que he pasado lejos. El único problema es que no puedo enviarla sin que exista la posibilidad de que nadie más la lea.
No quiero que nadie intente buscarme, ya tengo suficientes problemas. Pero si Dastan cumplió mi petición y realmente habló con Zyra, el caos debe estar desatándose en Valkrety. No lo creo, Elara dijo que me buscaban porque desaparecí.
Alguien no parece haber cumplido su promesa. ¿Por cuánto tiempo más seguiré creyendo que el acuerdo con él es seguro? ¿Cuánto tiempo más tardará en cobrarme la traición? Esperaré con gusto, pero quiero saber si puedo disfrutar las noches, al menos.
—¿Y en los conciertos? —me pregunta Graham con intriga, uno de los acompañantes de nuestra invitada—. ¿Ahí qué tal eran las cosas?
—¿En qué sentido?
—¿Hacías mucho después de ellos? —sigue Alizeh, completando la pregunta—. Es decir, sabemos que en Valkrety dan las mejores fiestas gracias a ustedes cuando tocan en los eventos, pero no creo que te fueras al terminar.
—Ah… —me rio un poco sin poder evitarlo. Niego, moviendo el vaso frente a mí. Las olas acompañan al silencio durante unos instantes—. La verdad no me quedaba muchas veces. Siempre iba a… a otro sitio.
—Jay dice que te encontraron frente a una cantina la primera vez—asiente Alizeh sin ocultar su diversión. El resto también disimula la risa, pero yo me centro en alguien cerca de la borda, bastante lejos de nosotros.
Me encuentro con la mirada de Jay, pero no lo entiendo. Parece triste.
Estoy a punto de levantarme cuando Nerván se aclara la voz frente a mí, al lado de Achard.
Centro mi atención en el vaso, sin poder creer que de verdad esté haciendo caso a lo que dijo el capitán la última vez.
A mí nunca nadie me había dado órdenes esperando que las cumpliera, ninguna que hubiera recibido hasta ahora abordo se parece a esta. Dijo que me alejara de Jaylynn, pero no he cumplido en absoluto.
Si hace un buen tiempo me hubieran dicho que estaría en esta situación, me habría reído sin creer nada. No suelo esperar aprobación de nadie cuando me divertía.
Eran eso. Caprichos. Dudo poder mirar a Jay de la misma manera. Con ella no podría ser nunca lo mismo.
Cuando la busco de nuevo, ya no está mirando las olas. En algún momento se habrá ido a su habitación, y no puedo evitar preocuparme un poco.
Creo saber en lo que está pensando.
…
Los siguientes días son cortos, o al menos deben sentirse así por la cantidad ridícula de tiempo que he practicado la puntería con armas. Hasta ahora siempre he sabido cómo usarlas, pero la mayoría debe pensar que no.
Tampoco es que tenga bastante que hacer sin Dave por la cubierta, aunque trato de mantenerme tan ocupado como lo haría estando con él. Desde el incidente con el mástil, decidí que sirvo mucho mejor en las tareas en la cubierta, limpio armas, practico, ayudo en lo que haga falta.
Aunque mi parte favorita del día no es precisamente acabar las tareas.
Guardo las cajas de armas limpias en la bodega, pero camino a salir de ella me encuentro con Ezlyn en la puerta.
Se ve bastante intrigada en lo que hacía.
—¿Hola? —empiezo, sin saber muy bien qué tono tomar.
—¿Tienes unos minutos antes de ir a verla?
Su tono es directo, así que asiento aguantando la sonrisa. ¿Es tan evidente que muero por ver a Jay?
—¿Qué pasa? —pregunto, adelantándome hasta la puerta. Me detengo cuando la chica entra en la bodega y cierra a su espalda.
Piensa un par de segundos antes de aclararse la voz.
—El día que casi te caíste del mástil pensaba decírtelo, pero vi que tuviste algo más importante que hacer —murmura, alisándose la falda azul.
No entiendo nada hasta que la veo sacar un papel doblado del bolsillo de su blusa. Me lo tiende, y por eso aguanto la respiración.
—Fue difícil tomarla sin que lo notara, pero lo hice antes de que cambiara de habitación.
Es la primera carta que me envió Dastan, la que di por perdida. Ezlyn es la segunda persona a bordo que ayuda a los Fenton.
—¿La leíste? —pregunto al ver el sobre abierto, algo obvio.
—Aunque suene increíble, no, no lo hice. Estaba así cuando la tomé del cajón de Jaylynn, ella la tenía.
También lo sé. Dave me lo confesó hace un par de días, pero tampoco hice nada para presionarla. Supuse que habría una razón por la que no querría dármela, o que la habría quemado. Después de todo, por ese entonces todavía era justo desconfiar de mí.
Saco el papel del sobre desgastado y tengo que controlar mi respiración cuando la leo.
—Te aconsejo te apegues más al plan en los próximos días, en especial si te quedarás a solas con ella —la chica me observa con cautela, pero no llega a ser cruel—. Sé que no es algo sencillo, pero… esta vez eres tú o ella, Hartley.
Temía escuchar eso en algún momento, pero ahora que lo hago no tengo ni un remordimiento.
—Gracias —murmuro, metiendo el sobre en el bolsillo del pantalón. Hago la pregunta que deseaba hacerle a cualquiera que estuviera en esto—. Entonces ¿sabes lo de ese día?
Ezlyn me observa unos segundos antes de asentir.
—Creí que ahí terminarías el trabajo —confiesa, contrariada—. Ese día, cuando atacaron el barco vi que tú bajaste las anclas. No pensé que estuvieras dispuesto a lastimarla también.
Me arrepentí ese día, demasiado. Vi la herida, cómo no dejaba de sangrar.
—Ni a preocuparte —añade, esperando mi respuesta.
—No fuiste tú quien le contó a Dastan sobre nosotros, ¿verdad?
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Editado: 18.07.2026