Hartley
Si Jaylynn hubiera sospechado más allá de mi terquedad, no sé qué hubiera hecho. Corro por los pasillos hasta el primer piso, entrando de nuevo en el salón. Tengo poco tiempo si a ella se le ocurrió seguirme, pero sé que eso nunca pasará.
En todo caso sería yo quien se quedaría con ella, ella nunca me sigue.
En este momento lo acepto como un regalo mientras busco entre las mesas, y en un rincón distingo a un hombre que fuma sin importarle mucho las chicas entre las que se encuentra.
Dastan levanta la vista y al verme suspira con irritación.
—¿Otra vez tú?
—¿Entraste en la habitación de Jaylynn? —pregunto directamente y al percatarme del sitio le indico que salgamos. Las conversaciones cerca de él cesan.
Él me sigue, divertido con el arrebato. De no ser por el traje que ahora llevo, se habría dado cuenta igual que el resto de la suciedad en mi camisa, y sabría que encontrado a su padre. Ahora por fin entiendo l arelación.
—¿Por qué? ¿Ahora no quieres que la visite?
Eso fue lo primero que dijo al salir, y no podría ponerme más furioso.
—Si tienes un problema con la tripulación, con el capitán…
—Mi problema es con ella —me corta, y cuando advierte a personas pasar cerca de nosotros modera un poco su furia hasta que de nuevo tenemos privacidad—. ¡¿No lo entiendes?!
—Déjala tranquila. No habrá otra advertencia.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a pagar para que la deje en paz?
Me saco un sobre pequeño del bolsillo y lo tiro al suelo sin pensarlo mucho. Me tiemblan las manos.
Se inclina a recogerlo sin dejar de tensarse, intrigado.
Las ganas que tengo de golpearlo son impresionantes, pero desaparecen cuando abre el sobre y saca el anillo. Está contento con esto.
Es un anillo con un diamante rojo tallado en círculo, justo como lo describen sin parar. En realidad, lo estuve guardando desde que estuvimos en la tienda de antigüedades. Estaba junto a la nota dentro de la caja de música, porque también era un joyero. Jaylynn ni siquiera lo notó cuando leía el papel, yo vi el brillo apenas abrimos la tapa.
Miro el metal con la tentación de tomarlo de vuelta, pero sé que lo estoy haciendo por una buena razón.
—Lo hiciste —dice, admirando la joya a la luz de las velas del pasillo con una sonrisa cruel.—. ¿Quién lo diría? Nerván y yo buscábamos lo mismo.
El peso de la traición me oprime el pecho, y comienzo a arrepentirme.
—Ya no tenemos un trato —suelto, sacándolo de la revisión—. Es todo, así que también aléjate.
—No, Sherwood. No me voy a alejar de ella.
—Ya cumplí mi parte, y te dije que lo haría.
—¿Sabes a qué no cumpliste?
Me quedo mirándolo cuando su mirada es cruel, pero yo también puedo serlo.
—No te quiero cerca de ella. ¡¿Todavía no lo entiendes?!
Varias personas se giran hacia nosotros, y descubro mis puños apretados.
Dastan se ríe. Niega con lentitud, pero continúo.
—¿Y qué si hizo lo que hizo? —digo con la voz algo imponente, quiero que me escuche—. Ya pasó. Deja de seguirla por esto, deja de atormentarla.
—¿Sabes por qué lo hago o tengo que contártelo por última vez?
—La obligaron cuando eso ocurrió, ¿por qué no lo entiendes?
Mi respiración aumenta cuando noto lo que tiene entre las manos ahora que sacó algo del bolsillo del traje.
Es la cadena con el anillo. La que ella siempre usa. Se la debió quitar al cambiarse.
—Te traje un recuerdo, en agradecimiento —Dastan me lo tiende, y lo acepto de todos modos. Jay lo estará buscando como loca—. Es todo lo que puedo ofrecerte.
—He servido de algo hasta ahora, ¿no? Podría serte útil en el futuro, mucho más que ahora.
Su mirada cambia, es sombría.
—Podría investigar estando de tu lado. En tu barco. No estaré más con ellos, y te aseguro que en todo tendríamos éxito.
Se queda en silencio durante tanto rato que empiezo a asimilar la idea de que no entienda, pero olvidaba con quién cometí el error de hacer tratos.
—¿Tanto quieres que siga con vida? —pregunta en voz baja, me estudia.
—¿Sí o no? Es mi oferta para ti.
—No eres quién para poner límites de tiempo, pero debo admitir que fuiste útil. Creí que me traicionarías por ellos, pero cumpliste bien…
Sé el concepto que tiene de mí. El que todos tienen. Sin embargo, me debe bastante.
—De acuerdo. Eres parte de mi tripulación ahora, no hagas que me arrepienta.
—No tocarás a Jaylynn… —advierto, pero mi firmeza está teñida por desesperación.
—No lo haré —se ríe, prometiéndome algo que no podrá cumplir—. Si me eres leal a mí y no a ellos. Al menos por ahora.
Asiento, porque esto es lo que quiero. Deseaba protegerla de algún modo y por fin lo encontré.
—Saldremos del puerto al fin de semana. No faltes para entonces, porque no sólo será ella, Sherwood. Nadie me está asegurando que no correrás a contárselos todo.
—No hablaré. Nunca. Si prometes…
—Sí, sí. No voy a tocar a tu… a tu desliz en estos días. Porque te das cuenta de que eso es, ¿no? Y que estás perdiendo tu doble trato con ellos por algo que se te olvidará mañana, es mucho dinero.
No. Ella no se me olvidará jamás.
—Tan arrogante la última vez, Sherwood… Pero cuando me la encuentre, no podrás hacer nada. Evita que suceda.
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Editado: 18.07.2026