Hartley
Leonie es la primera en intercambiar miradas con Jay, y es todo lo que necesito hacer para saber que algo está muy mal. Lo descubro al asomarme a la bodega de armamento.
No hay pistolas y un barco se acerca.
Jaylynn comienza a gritar instrucciones como es habitual, y el barco se pone en camino a cambiar el rumbo. Muchos bajan a la bodega bajo la cubierta en busca de sustitutos para armas, y yo ayudo a Dave a repartirlos. Hasta que entregando la última espada alguien lo hiere sin miramientos.
Algunas personas dentro del barco comienzan a atacar a otros con sus espadas.
Miro hacia el tercer piso para descubrir lo obvio: no hay nadie en el timón. Es lo segundo en lo que pienso. Porque se escuchan disparos entre el desastre. Quienes están en contra tienen pistolas.
Tampoco es que el caos que se ha vuelto el barco me permita pensar en nada con claridad. Es difícil saber quién está de nuestra parte y quién no, pero apenas noto que Jaylynn busca entre los gritos y golpes de la cubierta hago lo mismo. Sólo para descubrir que Achard pelea de nuestro lado. No lo entiendo.
Evado a varios con la espada, agradezco a Dave por haberme enseñado a usarla incluso con la izquierda de ser necesario.
No me agobia el pensar en lo que estamos perdiendo, porque apenas el segundo barco es completamente visible, corro por las escaleras al tercer piso.
Contengo la respiración. La base de madera del timón está desencajada.
Jaylynn me aparta antes de que pueda hacer nada cuando el barco se acerca, comienza a forcejear con la madera fuera de su sitio.
—¿En dónde está Dave? —pregunta ella, sin resultados incluso luego de haberse astillado.
Tomo a Jay de los hombros cuando se escucha un disparo cerca de nosotros, ambos caemos al piso.
—Debe estar con Leonie… —empiezo, reteniéndola cuando trata de separarse.
—Tengo que arreglarlo, Hartley…
Más disparos y gritos.
—No. Voy a pensar en algo. Espera.
Jaylynn no me escucha. Se pone de pie antes de que me dé cuenta, va directa a la base de nuevo. Una bala le acierta en el hombro, se lleva una mano al sitio con preocupación cuando el impacto le hace soltar la espada.
—No —espeto, apartándola de la madera—. Tienes que…
—¡Nos vamos a estrellar! —grita, histérica—. ¡Tenemos que arreglarlo!
No me importa que sea verdad. Sé lo que busca esta gente. Si no logro protegerla, ellos no van a mirar dos veces antes de dispararle para matarla.
—¡No me importan los demás!
—¡Hartley!
La abrazo para alejarla, y siento el roce de un disparo en el brazo que la rodea. Jay comienza a gritarme para que la suelte cuando ambos vamos de camino al segundo piso conmigo tirando de ella, pero no podría importarme menos.
Hasta que alguien se encuentra con nosotros en el pasillo. No puedo descifrar por su expresión si está de nuestro lado o no, pero encuentro la respuesta cuando levanta la espada para lastimar a la chica en mis brazos.
Me vuelvo al instante, y el golpe del metal se encaja en mi espalda. Es superficial. Lo sé porque el dolor luego de unos segundos no es insoportable. Levanto mi espada para dejarle una herida mucho más grave a quien tengo enfrente, y para mi sorpresa, no hace demasiado para defenderse.
No entiendo absolutamente nada. Dastan no contrataría a personas con tan poca experiencia para trabajos como este.
Jay se lleva una mano a la boca apenas mira encima de mi hombro, y deduzco que el calor en la piel no debe ser para menos.
—Quédate en mi habitación —exige, tomándome de ambos brazos para que le preste atención. No lo haré de todos modos—. No quiero que…
Un grupo que no deja de reírse llama nuestra atención, cerca del mástil principal.
El cambio de respiración en mi compañera debe explicarme todo.
Comienza a correr entre las personas, apartando a quienes necesite con la espada sin pestañear, tiene que llegar a donde desea.
La sigo, y cuando ambos estamos cerca de ellos, comenzamos a apartarlos de la única forma posible en una situación como esta. La rudeza con la que ella ni siquiera se detiene a pensar, cómo sólo quiere que termine…
La comparto en estos instantes. Decido que lo que quiere Jay tiene mucho más sentido que un deseo cualquiera.
Nos libramos de varios atacantes, y al menos por el escaso tiempo que el resto nos conceda estando ocupados con el resto de la tripulación, voy a cuidarle las espaldas a esta pirata.
El capitán está en el piso, tiene una herida en el costado. Su sombrero está por otro sitio, se ve que estuvo peleando por su cuenta durante bastante tiempo. Jay habla con él, lo llama su padre en varias ocasiones, pero él insiste en que pelee por el resto.
Está bien. Pudo hablar con ella sin perder la consciencia. Achard se acerca para ayudarlo, y aunque lo rechaza al inicio, le permite mantenerlo a salvo.
Jaylynn regresa a mi lado dudando bastante antes de que ambos volvamos al calor de espadas y sangre en que se ha convertido la cubierta.
Al menos el tiempo que se nos permita.
Sé que somos mayor número, y a juzgar por la proeza que han tenido los tripulantes de traicionar al capitán, he de saber que no son enemigos fáciles de vencer.
Camden, ese imbécil, me apunta con la espada. Estoy encantado de pelear con él hasta que se arrepienta de todas y cada una de las veces en que me he contenido de clavarle una daga por mi cuenta. Pero no. Se desvía hacia Jay, quien está demasiado ocupada peleando con dos personas a la vez con una sola espada.
Saco una daga del cinturón antes de que sea tarde, y sin pensar demasiado en el ardor de las heridas, la arrojo. Se le entierra a Camden en la espalda, haciéndolo caer.
Me uno a Jay para ayudarla a pelear, pero dudo que se percate. Está demasiado enfrascada en defender el barco.
Cuando este da una sacudida que nos inclina un poco antes de volver a su sitio, tengo que hacer acopio de toda mi paciencia. Se nos termina el tiempo.
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Editado: 18.07.2026