Salimos del hospital hacia el matadero con una calma que duró exactamente tres segundos.
Tres.
Porque apenas cruzamos la puerta principal, el murmullo empezó.
Primero fue un clic.
Luego otro.
Después, demasiados.
—¿Qué sucede? —murmuré, frenando en seco.
Logan también se detuvo. Luke seguía tomado de su mano, pegado a él como una extensión natural de su cuerpo. Yo iba un paso atrás, todavía intentando procesar todo lo que había pasado en las últimas doce horas.
—Sonríe —murmuró Martins a mi lado—. Solo sonríe.
Lo fulminé con la mirada.
—Te odio un poco —le susurré.
—Lo sé —respondió tranquilo—. Luego me agradeces cuando goces tu nueva vida de mujer rica.
Logan salió primero.
Alto. Imponente. Tranquilo.
Como si no acabara de despertarse en un hospital ni de descubrir, según él, que tenía esposa e hijo.
Y entonces los vi.
Cámaras.
Micrófonos.
Periodistas.
—No... —murmuré—. No, no, no.
—Llegaron rápido —dijo Martins entre dientes—. Perdón, jefe, no pude detenerlos. Podemos regresar y salir por otro lado.
—No es necesario.
Luke se movió inquieto.
—Mami, hay muchas luces —susurró.
—No mires, amor. Cierra los ojitos.
Los flashes explotaron.
—¡Señor Reed!
—¡Logan!
—¡Por aquí!
Logan se detuvo en seco.
Yo casi choqué contra su espalda.
—¿Qué sucede? —preguntó, mirando alrededor con el ceño fruncido.
Una periodista se adelantó, micrófono en mano.
—Señor Reed, ¿es cierto que ha mantenido a su familia en secreto todos estos años?
Sentí que el corazón se me subía a la garganta.
—¿Familia? —repitió él, girándose lentamente hacia mí.
Sus ojos se suavizaron apenas me vio.
Y sin decir una sola palabra, pasó su brazo alrededor de mis hombros.
De una manera protectora y demasiado natural.
—Mi esposa y mi hijo no tienen por qué estar bajo el escrutinio público —dijo con voz firme—. Nunca fue un secreto, fue una decisión.
Un murmullo recorrió al grupo.
—¿Entonces confirma que está casado?
—¿Desde cuándo?
—¿Por qué nadie sabía de ellos?
Luke levantó la cabeza, confundido.
—¿Son personas importantes, papá? —preguntó con su vocecita somnolienta.
El silencio fue inmediato.
Logan bajó la mirada hacia él y sonrió.
—No más importantes que tú —respondió—. Pero sí muy ruidosas.
Algunos periodistas rieron.
Otros tomaron notas frenéticamente.
Yo me quedé rígida, intentando no pensar en el hecho de que mi jefe acababa de llamar hijo a mi hijo frente a toda la prensa internacional.
O como el hecho de que estábamos confirmando los rumores de nuestra relación ahora. Ya no se podía retroceder. Ante los ojos mediáticos, yo ya era su esposa.
Y Martins estaba preparando los papeles.
—Señora Reed —me llamó una reportera—. ¿Cómo se siente al acompañar a su esposo esta noche tan reveladora?
¿Yo? ¿Señora Reed?
Martins carraspeó suavemente.
Sí, aparentemente era yo.
Era ahora.
Respiré hondo.
—Protegiendo a mi esposo—respondí—. Él es mi familia.
Quisiera o no, esa era mi verdad ahora.
Logan apretó su brazo alrededor de mí, extrañamente feliz por mi respuesta.
—Exacto —dijo—. Ahora, con permiso.
Avanzó.
Y todos, absolutamente todos, se apartaron.
Como si la palabra familia hubiera construido un escudo invisible a nuestro alrededor.
Martins abrió paso hasta el auto.
—Vamos —murmuró—. Antes de que esto se convierta en un circo mayor.
Una vez dentro, el silencio fue ensordecedor.
Luke volvió a dormirse casi de inmediato.
Yo apoyé la cabeza contra el respaldo, sintiendo el cansancio caerme encima como una avalancha.
—Lo hiciste bien —dijo Logan, mirándome.
—No tuve opción —respondí.
—Aun así —añadió—. Gracias.
Martins se giró desde el asiento delantero.
—Las redes están explotando —informó—. "El CEO más temido del país resulta ser un hombre de familia". Es positivo.
Lo que él quería.
—Genial —murmuré—. Soy un titular andante.
Logan sonrió de lado, mientras me prestaba toda la atención del mundo.
—Siempre supe que eras importante. Pero me pregunto por qué llevábamos el matrimonio en secreto.
Lo miré.
Él no era tonto.
Ya era tiempo que esa cabecita comenzara a echar humo y se diera cuenta él solito que este arreglo era absurdo.
Eso pensaba internamente pero no podía evitar sentir miedo a que lo descubriera tan pronto.
¿Qué sería de mí?
Vi si la velocidad era lo suficientemente baja como para saltar por la puerta.
No lo era.
Maldita sea.
—¿Estás bien? —preguntó Logan, notando mi silencio.
Giré el rostro lentamente hacia él. Me estaba observando con atención, como si mi cara fuera una ecuación que aún no terminaba de resolver.
—Estoy cansada —respondí.
—Eso es obvio —asintió—. Pero no es solo eso.
Suspiré por dentro.
Claro que no era solo eso.
Era todo.
Logan no dejó de mirarme.
No con sospecha.
Con interés.
Ese era el problema.
—Alguien me tuvo encerrada en su cuerpo sin poder moverme a gusto durante toda la noche.
Martins tosió, entendiendo mal.
"¡No! Porque dormí mal".
Logan sonrió ladino.
—Deberías ser más discreta.
—¡Qué! ¡No es eso! ¡Tú sabes que no es eso!
—Shh, puedes despertarlo—murmuró divertido.
Logan bajó la mirada hacia el niño dormido, con la cabeza apoyada en su hombro, la respiración suave, confiada. Su mano se movió con cuidado para acomodarle mejor el cuerpo.
Demasiado natural.
Demasiado padre.
—Tiene cinco, ¿verdad? —preguntó de pronto.
Mi espalda se tensó.
—Sí —respondí rápido—. Cinco.
—Es despierto para su edad.
Asentí, tragando saliva.