El Ceo cree que soy su esposa

Capítulo 13: Mi jefe está celoso

La mirada dirigida a Martins era bastante aterradora, como si un aura negra saliera de su cuerpo y envolviera al pobre asistente para llevarlo a las profundidades del averno.

Solo era esa calma peligrosa que usaban los hombres que estaban acostumbrados a que el mundo se ordenara cuando ellos fruncían apenas el ceño.

—Puedes retirarte —dijo Logan finalmente—. Yo me encargo de aquí.

Martins parpadeó una sola vez, despertando de su pesadilla y respondió.

—Por supuesto, señor.

Me miró de reojo, casi imperceptible.

"Todo bien", parecía decir.

Mentiroso.

Tomó su portafolio y se fue sin añadir nada más.

Espera.

¡Espera!

¡No puedes dejarme sola así de nada!

¡Necesito mentalizarme!

Muy tarde.

La puerta se cerró con un clic suave, pero el eco fue enorme.

Quedamos solos.

—¿Ese hombre te estaba molestando?

Pasó rápidamente de llamarlo Martins a "ese hombre".

"Otro hombre me está molestando".

—No, para nada. Solo me estaba explicando unas cosas.

Logan no respondió de inmediato.

Se quedó ahí, de pie, mirándome como si estuviera calibrando algo invisible. Como si mis palabras fueran piezas de un rompecabezas que aún no recordaba haber armado, pero sabía reconocer cuando una no encajaba del todo.

—¿Qué cosas? —preguntó con calma con una sonrisa.

Esa sonrisa parecía peligrosa.

Yo sonreí.

—Cosas de la casa. De Luke. Lo normal.

—¿Normal para quién? —inclinó apenas la cabeza.

—Para… nosotros —añadí rápido—. Ya sabes. Matrimonio. Familia. Eso.

Silencio.

Logan dio un paso hacia mí.

Uno solo.

Pero mi cuerpo lo sintió como tres.

—Daisy —dijo mi nombre despacio—. No me gusta cuando ese hombre te habla en voz baja.

Mi estómago dio un vuelco.

—Martins siempre habla así.

—No conmigo. Y me gusta menos que te disguste algo que dijo.

—No estaba disgustada.

—Tu rostro no miente, Daisy. Eres muy expresiva. Se nota lo que piensas en la cara.

"Oh, Dios, entonces ya se dio cuenta lo que pienso de él".

—No es cierto.

Logan exhaló despacio y, de pronto, se llevó una mano a la sien.

—Maldición…

—¿Logan? —me levanté de inmediato.

Se tambaleó apenas. No lo suficiente como para caer, pero sí como para alarmar.

—Estoy bien —dijo—. Solo un poco mareado.

Se apoyó en el respaldo de un sofá y cerró los ojos.

—¿Te duele la cabeza?

—Un poco —admitió—. Y el estómago.

Mi cerebro entró en pánico.

"Genial, Daisy. Se descompone justo ahora".

Di un paso hacia él.

—¿Quieres sentarte?

—Quiero… —abrió los ojos y me miró— recostarme un momento.

Antes de que pudiera procesarlo, dio otro paso directamente hacia mí.

Se agachó y recostó su cabeza en mi hombro.

Y ahí estaba yo.

Sosteniendo a Logan.

CEO multimillonario.

Mi falso esposo.

Hombre grande, caliente y peligrosamente cómodo.

—Logan —murmuré—. Espera…

Él apoyó la frente apenas contra mi hombro; no todo su peso, solo lo suficiente para que mi cuerpo lo registrara.

—No te muevas —dijo en voz baja—. Se me pasa en un segundo.

"Claro que sí, campeón. Y no solo te estás aprovechando de mi hombro".

Sentí su respiración contra mi cuello.

Mi cerebro gritaba.

"Huye".

Pero mi boca fue más rápida.

—Es porque no has comido.

Él se quedó quieto.

—¿Cómo?

—Sí —dije, aferrándome a la idea como salvavidas—. Eso pasa cuando te saltas comidas. Mareos, dolor de cabeza: todo eso.

Se separó apenas y me miró.

—¿He comido hoy?

Parpadeé.

—No creo. Nadie ha comido desde que salimos.

—Eso explica muchas cosas —murmuró.

Se enderezó del todo.

Yo respiré.

Sobreviví.

—Entonces —continuó—. ¿Qué sugieres esposa?

—Comer —respondí rápido—. Definitivamente debemos comer.

Recordé que Luke tampoco había comido y me preocupé.

Sus ojos brillaron.

—¿Comer?

—Sí. Tiene que ser algo ligero.

—Bien —asintió—. Me parece una excelente idea.

Sonrió.

Y ahí lo entendí.

Ese hombre estaba disfrutando esto.

—¿Qué pedirás? —pregunté—. ¿Algo del restaurante?

—No —respondió—. No quiero pedir.

—¿No?

—No —repitió—. Quiero que tú prepares algo.

Me quedé congelada.

—¿Yo?—me señalé teatralmente.

—Tú —confirmó—. Mi esposa.

"Ay, no".

—No creo que sea buena idea —intenté—. Sabes, yo no soy buena cocinando. Puedo hacer un desastre.

—Cocinabas para Luke —me interrumpió—. Y vivías sola con él. No puede ser tan terrible.

—Eso no significa que sepa cocinar bien.

—No importa —sonrió—. Me gusta la idea de probar alimentos hechos por ti.

Se pasó una mano por el cuello.

—Además, es extraño, pero me hace sentir normal.

"Eso es pura manipulación".

Ya estaba dudando si realmente le dolía la cabeza a ese hombre.

—Está bien —cedí—. Voy a ver qué hay.

—Te acompaño.

—¡No! —dije demasiado rápido—. Digo, tú descansa.

Me miró divertido.

—¿Me estás echando de mi cocina?

—Estoy protegiéndote de una intoxicación alimentaria —respondí—. Quédate aquí.

—Como digas —se acomodó en el sofá—. Pero no tardes.

Fui a la cocina.

Cerré la puerta corrediza detrás de mí.

Me apoyé en la encimera.

—Dios mío —susurré—. ¿Qué demonios hago?

La cocina era enorme.

Minimalista.

Demasiado limpia.

Nada estaba donde debería estar.

Abrí un cajón.

Solo cucharas perfectamente alineadas.

Otro.

Cuchillos que parecían armas.

—¿Por qué tienen tantas posiciones? —murmuré mirando la cocina eléctrica.

Encendí una hornilla.

Nada.

—Ah.

Toqué otra.

Se encendieron todas.

—¡No!

Las apagué torpemente.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.