La voz infantil cayó como un baldazo de agua fría.
Me aparté de golpe. Logan dio un paso atrás al mismo tiempo, como si también despertara de algo.
Luke estaba en la puerta de la cocina, descalzo, con el peluche arrastrando por el suelo.
—¿Por qué están tan pegados? —preguntó, curioso.
Tragué saliva.
—No estábamos... —empecé.
—Estábamos cocinando —dijo Logan, rápido.
Luke frunció el ceño.
—En la tele, cuando se miran así, es porque se van a besar.
Silencio absoluto.
—Luke —dije, roja—. No digas eso.
—¿Por qué no? —se encogió de hombros—. Es verdad. Mamá y papá deberían hacerlo.
Logan se aclaró la garganta y lo miró orgulloso.
—Mi amor, ¿no estabas durmiendo? ¿Te despertaste por algo?—cambié de tema, enfocándome en mi hijo y me acerqué hacia él.
—Mami, tengo hambre. Mi pancita hace ruidos extraños—lo miré y unos ojos similares a los míos me encontraron.
—Oh, Lukie —sonreí, agachándome frente a él—. Eso tiene solución inmediata.
Luke llevó una mano a su estómago e hizo un sonido exagerado, como si su pancita estuviera protagonizando una tragedia griega.
—Está reclamando atención —anunció muy serio—. Dice que ya esperó demasiado.
—Entonces no podemos ignorarla —dijo Logan—. Las pancitas molestas son peligrosas.
Luke lo miró con admiración.
—¿Ves, mami? Él entiende.
Me puse de pie, todavía sintiendo el eco incómodo y peligroso de lo que había pasado segundos antes.
—Bueno, hay que darle solución —dije, tratando de recuperar el control—. La comida ya casi está. Ve a lavarte las manos—le dije mientras le indicaba el lugar del pequeño lavabo.
—¡Sí! —Luke salió corriendo.
Me apoyé en la encimera, el corazón desbocado.
Logan no volvió a acercarse.
Pero su mirada seguía ahí.
Y mientras retomaba la comida con manos temblorosas, solo pude pensar una cosa:
¿Qué iba a hacer yo en este momento si no me interrumpía Luke?
Preferí no verlo.
Como decía el dicho, "ojos que no ven, corazón que no siente".
En este caso, la tentación había estado muy cerca y estuve a punto de cometer la peor equivocación de mi vida.
Me reí con sarcasmo.
¿Yo y mi jefe?
¡Jamás!
El contrato no estipulaba que tenía que compartir afectos con el sujeto.
Yo no lo haría.
¡Jamás!
Mientras mis manos se movían para servir y Logan se quedaba quieto al otro lado, como si estuviera tomando un relevo para su siguiente cacería, Luke regresó y le sequé sus manitos con la toalla.
—Huele muy rico, mami. ¿Segura que cocinaste tú?
Le di un golpecito suave en la nariz.
—Muchachito insolente —murmuré—. Claro que cociné yo.
Luke me miró con evidente sospecha.
—Es que cuando cocinas sola, a veces se quema un poquito.
—¡Oye!
¿Este realmente era mi propio hijo?
—Pero hoy no huele a quemado —añadió rápido—. Huele bien.
Me quedé sin respuesta.
Logan soltó una risa baja.
—Entonces es una buena señal.
—Sí —asintió Luke—. Cuando papá está, todo huele mejor.
—Luke —advertí—. Ve a sentarte.
—Sí, sí —obedeció, subiéndose a la silla de la mesa de la cocina—. Pero quiero el plato grande.
—Siempre quieres el plato grande.
—Porque soy grande —dijo muy serio—. Casi como papá.
Logan arqueó una ceja.
—Todavía te faltan algunos años.
Muchos años.
—Pero voy en camino.
Luke estaba tan...entusiasmado.
Le serví primero a mi hijo, luego a Logan y al final me senté frente a ellos.
Luke no esperó ni cinco segundos antes de empezar a comer.
—¡Está buenísimo! —anunció—. Mami, deberías cocinar más cuando papá está.
—¿Ah, sí? —pregunté, fingiendo calma—. ¿Y cuando no estoy?
—También —respondió Logan—. Pero supongo que la compañía ayuda.
Nuestros ojos se encontraron.
Solo un segundo.
Suficiente para que mi estómago diera un pequeño vuelco traicionero.
—O mejor—continuó—. ¿Por qué no les preparo yo algo delicioso la próxima vez?
—¡Sí!
—Come despacio —le dije a Luke—. Nadie te va a quitar el plato.
—Papá no come rápido —observó—. Come como si pensara cosas importantes.
—Es costumbre —dijo Logan—. Pienso mientras como.
—Mamá piensa siempre —replicó Luke—. Incluso cuando no come.
—Eso no es verdad.
—Sí lo es —insistió—. Cuando te miras así, estás pensando.
—¿Así cómo?
Luke me imitó frunciendo el ceño.
—Así.
Logan sonrió.
—Le sale bastante bien.
—Traidor —le murmuré.
Luke alternó la mirada entre los dos, divertido.
—Hablan raro cuando están juntos —dictaminó—. Como bajito y lento.
—Es porque los adultos hablamos así —dije.
—No siempre —negó—. Mamá grita cuando pisa mis juguetes.
—Eso es distinto.
—Papá no grita.
—Porque todavía no ha pisado uno de los tuyos descalzo —respondí.
Logan levantó el tenedor.
—Anotaré eso como advertencia.
Luke rio, feliz, y siguió comiendo.
La escena era tranquila y familiar, como si esto hubiera sido así desde siempre.
—Mami —dijo de pronto—. ¿Por qué no te sentaste al lado de papá?
Casi me atraganté.
—Porque así estamos bien.
—Pero él está lejos.
—No estoy tan lejos —intervino Logan—. Puedo alcanzarte el pan si quieres.
Luke sonrió, satisfecho.
—Entonces mañana siéntense juntos.
—Mañana veremos —respondí rápido.
Logan apoyó los codos sobre la mesa.
—¿Te gusta que comamos juntos? —le preguntó a Luke.
—Sí —respondió sin dudar—. Me gusta verlos juntos.
Esa palabra volvió a caer con peso.
Juntos.
—Antes —continuó Luke—. Mamá comía conmigo y papá nunca estaba.
—Lo siento mucho, Luke —admitió Logan.
—Ahora estás aquí.
—Sí.
—Me gusta más así. Nunca me vuelvas a dejar—un pequeño puchero se formó en su boca.
—No lo haré—prometió Logan.