El chico del segundo B

Capítulo 8 Una sorpresa a oscuras

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El despertador logró su objetivo despertándome a semejante hora. Y si, iba a ir pero sólo porque me daba curiosidad saber qué quería, aunque tengo que confesar que tenía un poco de miedo de que todo fuera parte de alguna broma de mal gusto. Si era así estaba dispuesta a darle una patada en las bolas al maldito de Alex.

Me daba pereza levantarme pero lo hice. Ya iba a salir de mi habitación cuando pasé frente al espejo y corrí a arreglarme un poco. 

¿Cómo se me ocurrió salir con esa ropa?

Fui, me arreglé y volví al espejo. Mucho mejor aunque mi cara de sueño seguía. 

Salí de mi habitación y agradecí que mi madre aún dormía porque de estar despierta debía inventar alguna excusa para salir a esa hora.

 Al salir de casa miré a los lados y no logré ver nada inusual. De hecho, Alex ya debía estar ahí. Saqué mi celular y le envía un mensaje al whatsapp. 

Miseria: Oye, ya estoy aquí 😒

Miseria: ¿Alex? 

Miseria: 😑

Mi odioso vecino : Ya voy, espera un segundo. 

 Trague en seco y miré a los lados. Mi edificio no tenía muy buen confort que digamos. La lámpara del pasillo casi ni alumbraba y de ves en cuando se apagaba por lo que comencé a tener miedo. 

Miseria: Apurate o me voy para mi casa. 

—¡Llegué!

El susto fue tanto que no pude evitar soltar un chillido —Ahhhhhhhg —Alex me tapó la boca para evitar que siguiera gritando.

—No grites, ¿quieres despertar a todos?

—¿Por qué me asustas? —Reclamé,  Alex a veces solía comportarse como un niño.

De la diversión el rostro del chico cambió a uno cerio. 

—¿Qué ocurre? —Pregunté y la voz a penas me salió. Entonces reparé en que él si estaba en pijama. Así que me había arreglado tanto para nada. Al parecer ni saldríamos del edificio.

Él  me siguió observándo por un segundo sin decir nada. Se acercó a mí y di un paso hacia atrás quedando mi  espalda pegada a la pared.

—Cuando te veo de esta forma, solos —El chico estaba a sólo centímetros de mi rostro y trague en seco. En serio Alex sabía como ponerme nerviosa. —Me dan ganas de... —En su rostro se dibujó una sonrisa malévola y el flash de su celular alumbró mi rostro —Me dan ganas de tirarte una foto. 

—¿Por qué eres tan estúpido? —Lo empujé —Me voy de aquí, no se como pude caer en tu trampa y hacerte caso.

  Di media vuelta y me alejé pero me atrajo hacia él tomándome de una mano. 

—Ven tengo una sorpresa para ti.

—No voy a ningún lado. Suelta mi mano.
 
No les voy a negar que la situación era un poco rara y ni sabía por qué siempre terminaba haciendo lo que me pedía pero aún así lo hacía.

—Está bien, iré pero si es otra de tus bromas jamás te hablaré.

 Puso los ojos en blanco y me tomó de la mano dirigiéndome a las escaleras. Al parecer iríamos al último piso. Justo a la azotea y no subíamos por el elevador porque este en las noches no funcionaba.

Al llegar el chico me tapó los ojos y  caminé desconfiada. Por un segundo pensé que me tiraría hacia abajo en venganza por lo del helado pero no sucedió. 

—Listo, abre los ojos. —Lo hice y al abrirlos me encontré con los suyos. La ilusión fue especial, lo vi y por un segundo me quedé absorta en el color de sus ojos, en sus labios y fue hermoso. 

 —¿Lista para  entrenar nuestra coreografía de tango? 

Fruncí el ceño —¿Qué?

—Vinimos a ensayar. ¿Qué creías que haríamos?, ¿mirar las estrellas mientras te hablo de constelaciones para luego enrollarnos cursimente y vomitar unicornios y purpurina?

Lo mire seriamente y si que estaba desilusionada. ¿Qué chica no sueña con hacer todo eso que él dijo? Pero, no podía ver mi desilusión así que lo tomé del brazo y le hablé con seguridad : 

—Pues a ensayar se ha dicho.

—Espera un segundo. —Me soltó de las manos y caminó hasta una esquina donde tenía una cinta negra.

—Para que aprendas a confiar en mí te pondré esta cinta en los ojos y te guiaré todo el tiempo para evitar que te pase algo malo. 

Después de decir esas palabras me colocó la cinta en los ojos y prendió el reproductor de música. Sólo accedí a cubrir mis ojos porque sería más fácil no mirarlo tan cerca de mí. 

De inmediato sentí como me tomó de las manos. Me sentía insegura al principio. Cada movimiento brusco que daba sentía como si me fuera a caer pero él me sostenía. Así estuvimos por mucho tiempo,  ensayando sin descansar. Sólo escuchando la melodía hasta que de pronto la música llegó a su fin y quedamos exhaustos. El frío que había sentido al llegar había desaparecido y en su lugar sólo quedaba calor, un calor excitante.

Fui a quitar la cinta de mi rostro pero me detuvo. Entonces intenté hablar —Yo creo que debería... —Mis palabras se apagaron y sucedió lo que jamás creí que sucedería. Sus labios se unieron a los mios ¡Alex me besó!. Mi reacción normal hubiera sido apartarme y darle una cachetada pero no lo hice. No lo hice porque me gustó lo que sentí, me gustó la calidez de sus labios, me gustó su olor. Fue algo totalmente nuevo para mí. El muy idiota besaba tan bien que por un momento me olvidé de que era Alex, el chico del segundo B, mi odioso, arrogante y misterioso vecino...  
 




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