El cielo de Ramiro (próximamente Septiembre 2026)

Capítulo 1: El pasante y el oficinista

Un día complicado en finanzas, y Franco trabaja como cada día, tipeando a gran velocidad para presentar su presupuesto para un complejo de entretenimiento con residencias para vacacionar.

Como cada mañana prepara su café sin azúcar y extremadamente caliente. Lo coloca junto a su teclado. Nunca lo derrama porque contiene sus movimientos corporales. Ni siquiera cuando le avisan que su compañero desde hace tiempo se acaba de jubilar.

Sonríe con satisfacción.

-Haber sido oficinista durante treinta años y jubilarse sin haber aspirado a más, vaya necio mediocre. -piensa Franco y bebe pequeños sorbos de su café.

Su semblante no cambia a pesar del aviso de parte de su supervisor en jefe.

-La próxima reunión es este viernes así que si me quedo esta noche podré acabar pronto con el presupuesto y empezar con el del parque “Le Proux”. -piensa entusiasmado de solo imaginar como ambos proyectos pueden hacerlo ascender por las nubes.

Entre sutiles carcajadas con aires de malicia que incomodan a los compañeros, una voz nerviosa y golpeteo de un dedo sobre el hombre hace que Franco de un ligero salto y derrame su café sobre la mesa y caiga por el suelo.

-¡Ash, carajo! ¡¿quién mierda…?!-se da media vuelta violentamente.

-¡Ah, yo lo sí…! -exclama una persona de contextura pequeña y aspecto muy juvenil, entre sus veinte.

La torpeza del joven hace que golpee su frente contra la de Franco y este se mueva hacia atrás, apoyando el codo sobre el teclado y borrando el archivo que le llevó más de quince horas escribir.

-¡Oh, lo siento, lo siento, lo siento!-se disculpa el joven incontables veces.

-Mierda…-se queda paralizado Franco. Luego da media vuelta hacia el joven y lo mira a los ojos mientras extiende su mano para tomarlo del cuello de la ropa. Sin embargo, detrás del chico aparece el supervisor en jefe una vez más con una sonrisa.

-Franco, veo que ya conociste a Ramiro. -exclama el supervisor.

-Si, si, ¡arruinó un trabajo de casi un día con su…! -reprocha Franco.

-Como sabrás. -interrumpe Carlos. -Tu compañero anterior, Ceferino, se acaba de jubilar asi que decidimos tomar a un pasante de forma temporal para ver si cumple como empleado. Al menos estará aquí tres meses. Preséntate. -dice Carlos.

-S-Si, me llamo Ramiro. Tengo veintitrés años y acabo de graduarme en administración económica y…-dice con timidez.

-Si, si, ya solo cállate. Tengo que volver a mi trabajo. -exclama Franco. -Vete a molestar a otro. -añade indiferente.

-Sobre eso. -dice Carlos.

-¿Sí? – pregunta Franco dándoles la espalda y volviendo a escribir.

-Él se quedará en reemplazo de tu antiguo compañero y también deberás adiestrarlo.

-¡¿Huh?! ¡¿es un maldito chiste?!-se exalta Franco con indignación. -Tuve que soportar al maldito de Ceferino quejándose de su matrimonio y sus deudas desde que entré aquí y cuando por fin me lo pude sacar de encima ¿quieres traerme a un novato?

-Si, justamente es como dice y, por cierto, ten más cuidado cuando te dirijas a un superior ¿te queda claro? -responde Carlos, intimidante.

En ese instante, Franco se da cuenta de lo que está haciendo, así que se disculpa reiteradas veces y da un paso hacia atrás, aceptando la orden del supervisor en jefe. Carlos sonríe, satisfecho y prosigue recomendándole a Franco que limpie su espacio, ya que, quedó cubierto de café aún caliente.

Franco se apresura a correr hacia la cocina en búsqueda de un trapo viejo con el que mojar y llevarlo hasta de regreso a la oficina y limpiar la suciedad.

Ya en la cocina, toma un trapo gris con la tela indicando su estado tan deteriorado y lo coloca debajo de la canilla. Abre la canilla y ubica el trapo debajo del agua, escurriéndolo hasta quitar la suciedad.

Cuando se da media vuelta, vuelve a encontrarse cara a cara con Ramiro. Esta vez Franco no se inmuta, solo mira a los ojos al joven logrando intimidarlo.

-¿Qué es lo que quieres? -pregunta Franco, reacio a cualquier tipo de respuesta.

-Yo…solo quería disculparme por lo sucedido. -responde Ramiro encogido en hombros y jugando nerviosamente con sus dedos sin mirarlo a los ojos.

-Me da igual. Solo no me estorbes ¿de acuerdo? – dice Franco mientras se aleja de la cocina. – Lo que me faltaba, un mocoso torpe a mi cargo. -murmura en voz alta.

-P-Pero yo…es que…- intenta explicar Ramiro sin llegar a alcanzar con su voz a Franco.

El chico se apresura a ir a su escritorio. Allí lo espera su caja con pertenencias para personalizar el lugar. Curiosamente hay una cinta que divide a Franco de él. Se pregunta la razón de que haya algo así pegado.

Empieza a sacar sus cosas y ubicarlas con cuidado. Su taza es movida hasta más allá de la cinta, invadiendo el espacio de Franco. Aparta violentamente la taza ante la vista sorprendida de Ramiro.

-Si hay algo que odio es que cosas ajenas estén en mi territorio. Conoce tu lugar mocoso. No me hagas enfurecer. -exclama Franco con la mirada fija en la pantalla de su computadora.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.