El cielo de Ramiro (próximamente Septiembre 2026)

Capítulo 2: Silencio incómodo

A la mañana siguiente, Ramiro busca reparar sus errores en la oficina, ocupándose del orden y la limpieza de ambos escritorios. Sin embargo, alguien se acerca por detrás, observándolo con una frialdad penetrante. Franco permanece allí, viendo cómo el muchacho ocupa su espacio, mueve sus cosas y limpia con un trapo que, pese a estar destinado a la limpieza, luce sucio, desgastado y ennegrecido.

Con voz dura y firme, exclama Franco:

-¿Qué crees que estás haciendo, maldito pasante?

Entonces, Ramiro se voltea y, con expresión asustada y nerviosa, responde:

-Yo lo... lo... lo siento mucho. Es que creía que... bueno, sí, pues... sí. Lo siento mucho. - se aparta a un lado Ramiro.

-Vuelve a tu escritorio en este instante. -exclama Franco con voz firme y algo molesta.

-¡Si, lo siento! -dice Ramiro, apartándose de un salto hacia su sector.

-Maldito tonto. Mira lo que hiciste. ¿Dónde están mis bolígrafos? - busca Franco en los cajones de su escritorio sin éxito.

Sin decir nada, pero con una intención honesta, Ramiro señala al lado del teclado un conjunto de seis bolígrafos perfectamente alineados, aunque no por función como suele hacerlo Franco lo cual le hace molestar.

-No solo interferiste con mi estabilidad espacial, sino que también interferiste con el orden establecido en ¡mis cosas! Se supone que deben estar alineados según para que. Este bolígrafo destinado para las firmas importantes no debe estar junto al que utilizo para anotar los pedidos de almuerzo. ¡Es cuestión de lógica! -se molesta Franco, llamando la atención de todo el piso por sus griteríos.

-¿Lógica? -piensa Ramiro moviendo su cabeza a un costado por la confusión.

-Haaa, solo mantente alejado de mí y mis cosas. Y por amor de dios, ni hables en las próximas tres horas. -se toma la cabeza Franco.

-¿Por qué en tres horas? -pregunta Ramiro.

-Van a desinfectar el edificio por lo que saldremos temprano. Por suerte no veré tu maldita cara tanto tiempo. -dice Franco.

Ramiro se queda en silencio con el rostro cabizbajo.

💓💓💓

Franco no le da demasiada importancia a lo que haga el nuevo, se concentra en mejorar su presupuesto y contactar con algunos asesores para que le den el visto bueno. Si quiere y pretender lograr su tan ansiado ascenso, su propuesta debe ser mejor que la de antes.

Mientras, Ramiro no deja de ir y venir de su escritorio al baño, del escritorio a la cocino, del escritorio mueve apenas su cuerpo con la silla con ruedas y da vistazos hacia Franco. Como se encuentra completamente absorto en su trabajo, no se da cuenta de que el novato mira y cada vez más cerca de él.

-Humm, creo que así convenceré a la junta de este presupuesto. -piensa en voz alta Franco. Gira levemente su cabeza y se exalta al tener el rostro de Ramiro tan cerca de él. -¡¿Qué demonios?! ¡¿Cuál es tu problema?!

Ramiro se queda callado, con expresión llena de culpa y avergonzado.

Franco espera una respuesta, pero el chico persiste con el silencio.

-¿Enserio? Te dije que te callaras y ¿ahora lo haces? - pregunta Franco.

Ante la pregunta, Ramiro asiente como un niño pequeño e inocente.

-¿Me quieres fastidiar o qué? -pregunta Franco molesto.

Ramiro niega con la cabeza.

-Haaaa.- Franco se toma el rostro con su mano derecha. - ¿Qué pasa ahora?

Ramiro señala a sus espaldas y debajo de una puerta a metros de ellos se ve como filtra agua, alertando a Franco. Se pone de pie abruptamente y corre hasta la puerta para abrirla. Resulta que es el baño de hombres y uno de los inodoros está derramando agua por todas partes y se ve unas cuentas cintas de clausura arrancadas.

Franco se da media vuelta y ve a Ramiro con cara de asustado.

-Este tipo es un completo idiota. -piensa Franco. - Dios, tendré que llamar al supervisor.

Franco siente como tiran de su manga. Se gira y está cara a cara con Ramiro.

-¿Usaste este inodoro a pesar de tener las cintas de clausura? -pregunta él.

Ramiro solo asiente con ojos cristalinos por lágrimas.

-Vuelve a tu escritorio. Iré por el supervisor para que hable con los de plomería y agua. Y procura no hacer nada más que tu trabajo. No hace ni dos días completos y ya armaste un terrible desastre.

El joven pasante se apresura para ir a su escritorio, pero en el camino se resbala por el agua sobre el suelo. Antes de que se golpee violentamente contra el suelo, Franco logra tomarlo entre sus brazos, frenando así la dura caída.

En el movimiento y sin querer, el oficinista toca con su enorme mano el trasero del muchacho quien suelta un ruido extraño que deja en silencio el ambiente, solo agua que sigue saliendo del retrete.

💓💓💓

Ya arreglado el asunto con el supervisor, Franco vuelve a su trabajo. Se sienta en su silla y continúa evaluando los presupuestos. No falta nada para acabarlo y añorar profundamente el ascenso.




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