El color de el cielo en tus ojos

Capítulo 4: La primera mentira

El regreso al Gran Salón de Baile fue como entrar en un coliseo. En el momento en que Alessandro de Luca cruzó el umbral sosteniendo a Chiara por la cintura, la música pareció bajar de volumen y las conversaciones se extinguieron en un murmullo colectivo.

La presión de la mano de Alessandro contra la tela brillante de su vestido era el único anclaje que Chiara tenía con la realidad. Caminaba con la pierna izquierda estirada hacia el frente con elegancia a cada paso, obligándose a mantener el ritmo de la imponente zancada de su ahora prometido.

—Sonríe, Chiara —murmuró Alessandro al frente, sin mover apenas los labios ni desviar la mirada de la multitud que se abría a su paso—. Las cámaras de la prensa están en la entrada principal. Si pareces una víctima, mañana seremos el hazmerreír de la Toscana.

Chiara apretó los dientes, forzando una leve y misteriosa sonrisa en sus labios mientras acomodaba su largo cabello rubio claro sobre el hombro libre.

—Esto es una locura. Nadie se va a creer que el gran Alessandro de Luca se enamoró de una desconocida de la noche a la mañana —susurró ella entre dientes, manteniendo la vista fija hacia el frente.

—La gente cree lo que yo les digo que crean —respondió él con una seguridad aplastante.

Se detuvieron en el centro de la pista de baile, justo cuando los flashes de los fotógrafos comenzaron a destellar como estrellas artificiales. El contraste entre ambos era perfecto para los tabloides: él, el epítome del peligro y el poder en su traje negro impecable y camisa blanca; ella, una visión angelical de cabello casi blanco y mirada azul, atrapada en el abrazo del hombre más temido de la región.

Un hombre mayor, de cabello canoso y traje con medallas oficiales, se acercó a ellos con una copa de champán en la mano. Era el alcalde de Florencia.

—Alessandro, mi querido amigo —dijo el hombre, mirando a Chiara con indiscreta curiosidad—. No nos habías dicho que vendrías acompañado esta noche. ¿Quién es esta hermosa joven?

Alessandro esperó el segundo exacto para responder, atrayendo a Chiara un poco más hacia su cuerpo, de modo que sus hombros se rozaran.

—Señor alcalde, le presento a Chiara Moretti —la voz de Alessandro resonó con una autoridad indiscutible en el círculo de personas que los rodeaba—. Mi prometida. Y la futura señora De Luca.

Un jadeo colectivo recorrió los grupos cercanos. Chiara sintió el impulso de salir corriendo, pero la mano de Alessandro en su cintura se apretó con una advertencia silenciosa. El pacto estaba sellado ante el mundo. A partir de esa noche, su vida ya no le pertenecía; era propiedad del rey de las sombras de Florencia, y el juego apenas estaba comenzando.




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