El viaje en el automóvil blindado de Alessandro transcurrió en un silencio tenso. Chiara miraba a través de la ventanilla cómo las luces de Florencia se desvanecían a medida que ascendían por las colinas de Fiesole, donde se encontraban las propiedades más exclusivas y fortificadas de la aristocracia.
El vehículo se detuvo ante unas inmensas puertas de hierro forjado que se abrieron automáticamente, dando paso a un camino bordeado de cipreses que conducía a una villa renacentista de tres plantas. La fachada de piedra iluminada con luces cálidas imponía respeto y temor a partes iguales.
—Esta será tu residencia a partir de esta noche —dijo Alessandro, bajando del coche y abriendo la portezuela de Chiara antes de que los guardaespaldas pudieran acercarse—. Las reglas aquí son simples: tienes total libertad dentro de los límites de la propiedad, pero no puedes salir sin mi autorización ni usar teléfonos que no estén intervenidos por mi equipo de seguridad.
Chiara bajó del auto, sosteniendo el bajo de su vestido para no tropezar con la grava del suelo. El frío de la madrugada la hizo estremecerse.
—¿Soy tu prisionera o tu prometida? —preguntó, mirándolo directamente a los ojos marrones oscuros.
—En este mundo, Chiara, ambas cosas significan exactamente lo mismo —respondió él, tomándola del brazo con suavidad pero con firmeza para guiarla hacia la gran entrada de madera noble.
Al cruzar el umbral, un mayordomo de edad avanzada los recibió con una inclinación de cabeza. El interior de la mansión era un museo de arte privado: esculturas de mármol, tapices antiguos y una gran escalinata que se dividía en dos hacia las plantas superiores.
—Prepara la suite del ala este para la señorita Moretti, Franco —ordenó Alessandro—. Y asegúrate de que mañana a primera hora esté aquí el sastre personal de la familia. Necesitamos un guardarropa completo digno de una De Luca.
El mayordomo asintió y se retiró en silencio, dejándolos solos en el inmenso vestíbulo. Chiara se giró hacia Alessandro, cruzando los brazos sobre su pecho.
—¿Qué pasa si Lorenzo intenta contactar conmigo? Necesito saber que está a salvo.
—Mi equipo lo localizará y le proporcionará un pasaporte nuevo y los fondos necesarios para establecerse en Suiza. Estará vigilado, pero seguro. Esa fue mi promesa —Alessandro se acercó a ella, quedando a escasos centímetros de distancia—. Pero a cambio, espero lealtad absoluta. Mañana por la noche tenemos una cena privada con mi padre. Él no es un hombre fácil de engañar, Chiara. Si detecta una sola duda en tus ojos azules, el trato se cancela y tu hermano pagará las consecuencias. Descansa. Mañana empieza tu entrenamiento para convertirte en una mentirosa profesional.
Sin esperar respuesta, Alessandro se dio la vuelta y subió la escalinata hacia el ala oeste, dejándola sola con el eco de sus propios pasos en la inmensa casa. Chiara miró hacia la gran ventana del vestíbulo, donde el reflejo de su vestido negro brillante y su largo cabello claro le devolvían la imagen de una extraña. Sabía que había entrado en el nido de las víboras, y su única opción para sobrevivir era aprender a morder antes que ellas.
Editado: 02.07.2026