El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

El santuario invadido

Un discreto canto de cigarras se dejaba escuchar a través de la ventana de la habitación donde dormía Akari Minase. Su normalmente pulcro y arreglado cabello, lucía con un fuerte almohadazo. Su rostro adormilado y confundido miraba a sus alrededores para orientarse. Repentinamente, un fuerte dolor de cabeza, como si tuviera resaca, la atacó. Se levantó de su cama y al poner un pie afuera, se quedó petrificada al ver al chico sentado en el sofá.

“¿Pero qué está haciendo aquí?, ¿por qué no está en su casa como acordamos?”. Se preguntaba al pasar de puntillas al baño.

Akari se miró al espejo. Estaba pálida y sus ojos estaban bien abiertos. Su corazón latía con una mezcla de frustración y rabia. Tomó su celular e hizo una llamada.

—Vamos… contesta… contesta… sí, h… ¿hola?, ¿Kisaragi-san… qué significa esto?, ¿Por qué ese idiota está en mi departamento? ¿qué hiciste qué?, pero habías dicho que era solo para publicitar la revista, no que fuera… ¿qué tengo que hacer qué?

Mientras Ayane Kisaragi hablaba al otro lado del teléfono, el rostro de Akari se ponía más y más rojo de frustración. Colgó a media llamada, abriendo de golpe la puerta del baño. Haruto seguía inmóvil, en la misma posición de hacía un rato. Akari, molesta, le aventó el teléfono a la nuca del chico, quien al recibir el golpe, cayó de costado sin gemir de dolor.

Ella entró de nueva cuenta al baño para prepararse. Haruto se levantó minutos después con algo de dolor en el cuerpo. Creyó que había sido por irse de copas con su amiga Yui. Se puso de pie con dificultades, llevando su mano a su nuca. Su mirada lucía perdida, como si no pensara en más que tomar café y prender su cigarrillo matutino.

Él puso su taza caliente en el microondas y se movió por el departamento como si lo conociera de memoria. Se preparó su café instantáneo al tiempo que Akari salía con una toalla cubriendo su cuerpo y con otra secándose el cabello. Haruto casi escupe su café de verla ahí al mismo tiempo que Akari soltó un grito que hizo alertar al tranquilo vecindario.

—¡¿Qué rayos estás haciendo en mi departamento?! —gritó Haruto.

—Más bien, tú qué estás haciendo aún en tu departamento? —le reprochó Akari acercándose a él y acercando sus rostros con molestia.

—¡Alguien como tú no tiene derecho a pasearse desnuda en otro departamento!

—¡Tú me abandonaste aquí y te fuiste a no sé dónde!

—¡Tú me cerraste la puerta en la cara, idiota!

—¡Sí, porque no quería verla más!

—No vayas a pensar que tuve sexo contigo… Dios… ¡dime que no lo hicimos anoche!

—No dejaría que un idiota pobretón como tú siquiera me toque. ¡Si dejo que huelas mi presencia es porque YO QUIERO!

—¡Ni quien quiera tocarte, idiota! Y para aclararte, mi familia es de dinero, en cambio tú, Akari Minase-san… si no fuera por tu golpe de suerte y porque YO te descubrí en la universidad, seguirías viviendo en Kita-Senju…

—¡¿Qué dijiste, idiota?!

—Lo que acabas de escuchar… —él sacó de su bolsillo un cigarrillo y salió del departamento azotando la puerta y dejando a Akari molesta. Las gotas de agua le recorrían el cuerpo y soltó un pisotón al suelo lleno de frustración y fue a la habitación a vestirse.

Haruto caminaba por las calles del Daikanyama con su cigarrillo en la boca. Recordaba por lapsos las palabras que seguían escritas en su celular “Tu vida de casados… Akari Minase… esposa”.

—¿En qué lio me metí esta vez? —él se detuvo en la esquina de una calle y apagó su cigarrillo. Sacó su cajetilla y ya no tenía ninguno, dirigiéndose a la tienda de conveniencia más cercana.

Apenas dio un paso adentro, se dirigió al refrigerador de las bebidas energéticas. Se vio en el reflejo un momento. Su rostro con una barba mal afeitada, sus ojos casi perdidos, su palidez de nunca tocar el sol. Su celular vibró y al ver el nombre en la pantalla, hizo una mueca de desprecio.

Su celular siguió vibrando hasta que finalmente contestó.

—Sí… ¿hola?, sí, soy yo… ¿qué quieres, Honoka?, sí, estoy bien. No te preocupes. Dile a madre que estoy bien, que no es necesario que siga mandando dinero… sí, cuando pueda la llamo. Dile que estoy bien… no hay nada más y no hay nadie. Estás loca, no me casé… ¿qué?

Haruto se dirigió a la sección de revistas y tomó una de moda donde trabajaba. Al abrir la revista y buscar por unos minutos, su mano empezó a temblar fuertemente. Dejó con dificultades la revista en su lugar y como pudo pagó sus cosas y salió rápidamente del lugar.

“La boda del año: la famosa mangaka de Shiroi Usagi no Zankyō, Akari Minase y el ganador del premio al escritor del año del 202X han formalizado matrimonio…”

Haruto se dirigió a pie a la Editorial Mangetsu. Su camisa se le pegaba al cuerpo y la tenía bañada en sudor le incomodaba un poco. Se apresuró a ir al lugar para refrescarse con el aire acondicionado del edificio.

Apenas puso un pie adentro, se dirigió a la oficina de Ayane, irrumpiendo sin importar si estaba ocupada o no. Le aventó al escritorio una copia de la revista que compró antes de entrar.

—¿Qué significa esto? —dijo Haruto muy molesto. Jadeaba y tenía la boca muy reseca. Su cabello lucía revuelto y su frente brillaba por el sudor.




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