El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Piso 55

Akari acababa de apagar el aire acondicionado y dejó que el resto del frío inundara la habitación. Se llevaba la palma de la mano a su rostro para secarse el sudor. Tomó una botella de agua y fue a abrir un poco la ventana para que la brisa veraniega nocturna entrara un momento al departamento. Yui estaba recostada, dormida sobre su escritorio de trabajo. Akari miró la puerta de la habitación donde estaba Haruto. Vio el reloj de su celular y marcaba la una y media de la madrugada del jueves 29 de junio. Tenía un poco más de 24 horas para terminar el capítulo que se imprimiría el mismo día.

Se llevó la mano al rostro y se lamentó por la semana de atraso que ella misma había pedido a la editorial, la humillación que tuvo que pasar al disculparse con su público y la promesa de no volverlo a hacer.

Se puso su suéter por encima del top sin mangas que llevaba y salió a la tienda de conveniencia pensando en cómo continuar su historia. Al entrar a la tienda, buscó unas muñequeras deportivas y guantes, así como una banda para la cabeza, bebidas energéticas, algo de comida instantánea y una paleta que comió apenas salió del lugar y regresó al departamento.

Apenas entró con el palito de madera en su boca, vio que Haruto estaba sentado en su lugar de trabajo. Él revisaba el borrador con genuina concentración.

—Senpai, ¿qué rayos estás haciendo? —preguntó Akari recostando su hombro sobre la pared, asustando al chico.

—¡Ah!, solo… revisaba tu trabajo. —dijo él tratando de calmarse. —Qué… qué bueno que sigas con la misma historia que me contaste en tu primer año de universidad.

—Solo es una tonta historia de amor cursi con algo sobrenatural. No es la gran cosa…

—Tu influencia en La Princesa y el Conejo está muy marcada. Sigue así. —él le dio un pulgar arriba que Akari lo tomó como burla.

—Fuera, me estorbas. Tengo menos de un día para entregar el manuscrito.

—Si quieres, puedo ayudarte…

—¿Tú, ayudarme? —dijo Akari con algo de desprecio. —¿No ya tienes suficiente con que tu exnovia esté dormida en ese rincón y yo matándome por cumplir fechas, mientras tú te quedas lamentándote de tu fracaso de ayer en esa habitación?

Haruto se quedó sorprendido ante aquellas palabras. Agachó un poco la mirada y tomó uno de los lápices de Akari. Ella reaccionó soltando la bolsa que aun tenía sus cosas y se apresuró a quitarle las cosas a Haruto. Él había terminado un panel, sin errores e imitando el estilo de Akari.

—Como en la universidad, pero como no quieres mi ayuda, voy a seguir lamentándome ahí adentro…

Akari apretó los puños de pura frustración. Se quitó el suéter, dejando ver solo su top negro sin mangas por encima del ombligo y le aventó con frustración el suéter.

—¡Te odio!

Haruto cerró la puerta detrás de él y se quedó un momento parado ahí. Un pequeño haz de luz entraba por la habitación y mostraba una sonrisa que tenía una mezcla de ironía y frustración. Sacó su celular y marcaba las dos de la mañana. Se recostó sobre el tatami mientras oía los pasos furiosos de Akari.

—Tonta, despierta!, ya dormiste lo suficiente.

—Pero Akari-Sensei… no he tenido mi hora de sueño de belleza…

—No importa, no vamos a dormir hasta que terminemos el capítulo.

Era viernes 30 de junio, 4:30 de la mañana. Un repartidor de la Editorial Mangetsu esperaba con su moto en la entrada del complejo habitacional donde trabajaba Akari Minase. Ella, mal vestida, con el cabello desarreglado, con profundas bolsas bajo sus ojos y temblando por la falta de alimentos, le entregaba en un sobre el manuscrito. Tras darle algo de dinero por el reparto, el joven se retira de inmediato, dejando a Akari tambaleante de vuelta a su departamento.

Puso un pie adentro y cayó casi desmayada sobre el piso. Yui estaba recostada sobre su mesa de trabajo viendo, con la mirada perdida, a su jefa arrastrándose como gusano para buscar comida. Haruto, por su parte, estaba con un cigarrillo apagado entre sus dedos. Lucía también agotado después de un muy intenso día de trabajo. Sus brazos le dolían, sentía un par de ampollas en sus dedos. El roce continuo del papel sobre su piel lo dejó con unas ligeras rozaduras.

Se escuchó a lo lejos el sonido vibrante de un celular. Ninguno de ellos se quería mover. Haruto trató de ponerse de pie, pero flaqueó y cayó al piso. De pronto empezó a carcajearse. Yui levantó un poco la apagada mirada desde su misma posición al ver que el chico estaba riéndose. Akari revisó su teléfono y era un mensaje de su editor: Jun Saito. El mensaje decía: “Querida Akira-chan. buen trabajo. Estoy leyendo el manuscrito y te quedó excelente como siempre. Va a ir a impresión y se publicará a lo largo del día. Esa semana de descanso te sirvió porque veo que hay trazos más finos y hermosos que antes. No es que los tuyos no sean bonitos, pero estos trazos son, uff. Bueno, descansa un rato y prepárate para la entrega del viernes de la próxima semana. Besitos.”

Una persona dejaba su celular en la cama y se vestía con un traje sastre de corte masculino. Arreglaba su cabello corto con gel y peinándolo de lado. Su postura era firme y tronaba su cuello ligeramente.

—Jun Saito-dono, su taxi ha llegado. —le dijo un viejo mayordomo de barba y bigote canoso en forma de candado y calvo completamente de su cabeza.




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