El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Doce segundos

4

Akari y Haruto caminaban de vuelta a su departamento del Daikanyama. Akari, cabizbaja, observaba de reojo las tiendas y boutiques. Por su ceño fruncido parecía que estaba recordando las palabras del señor Gon Asahina. Tenía la pregunta atorada en la garganta, quería preguntar pero sentía que solo saldrían reproches. Desvió la mirada para ver al chico que estaba volteando con supuesta indiferencia a la calle. Él tomaba el cigarrillo de su boca con dedos tambaleantes.

Cruzaron por una tranquila y solitaria calle. La luz del sol traspasaba por los árboles y un ligerísimo viento movió ligeramente las ramas.

Haruto se detuvo y sacó otro cigarrillo de su cajetilla. Apagó el que tenía en la boca a medio terminar. Observó con algo de seriedad a Akari, quien seguía caminando sin darse cuenta de que la observaban.

Él miró a sus alrededores por si llegaba a ver a alguien sospechoso, pero solo estaban ellos dos solos. Soltó una gran bocanada de humo al mismo tiempo que un fuerte suspiro, y siguió su camino.

Llegaron al edificio donde “vivían”.

Akari subió las escaleras hasta el tercer piso y se detuvo frente a la puerta del departamento 303. Sacó las llaves del departamento y abrió la puerta. Detrás de ella no había nadie. Se limitó a encogerse de hombros, entrando al departamento. De inmediato se quitó la ropa formal que llevaba y entró a ducharse.

En cambio, Haruto estaba en las escaleras que lo llevarían a confrontar a Akari. Él no se sentía listo. Sacó su cajetilla de cigarrillos y al tratar de sacar uno ya no tenía. Insistió como si su vida dependiera de ello. Apretó la cajetilla vacía y la tiró en un bote cercano de basura y se dirigió, molesto, a comprar más a la tienda de conveniencia.

En su andar, miraba de reojo hacia atrás. Creía sentir una presencia, pero no había nadie. Un gato que salió de unos arbustos los asustó. El animal de pelaje naranja y blanco lo observó un momento y siguió su camino, perdiéndose entre los edificios. Haruto se llevó la mano a la nuca y siguió su camino.

Apenas puso un pie dentro de la tienda, el fresco del aire acondicionado lo revivió momentáneamente. Su cuerpo tembló por el repentino cambio de temperatura y se apresuró a buscar una botella de agua e ir directo a la caja registradora a comprar sus cigarrillos. Tras salir, escuchó el ruido de los autos a lo lejos y algunas cigarras en los árboles cercanos. La luz del sol lo deslumbró un poco. No tardó en abrir su cajetilla nueva y sacar de inmediato un cigarrillo para prenderlo. Tras mucho pensar si regresaba a casa o no, se encaminó para con Akari.

Respirando por la boca reseca, su camisa estaba arrugada y bañada en sudor, llegó al departamento 303. Abrió la puerta y vio a Akari dentro de su habitación.

—¿Qué sucede, Idiota-senpai? —Akari se puso de pie mostrando un pantalón deportivo holgado y una playera de un equipo de baloncesto. —Si te vas a quedar callado lo mejor sería romper esta “relación”. Llevamos un día de “casados” y ve todo lo que ha pasado.

Haruto sacó un cigarrillo y lo puso en su boca sin prenderlo.

—Si vas a fumar, que sea afuera. Sabes desde la universidad que no me gusta mucho el olor.

—Lo siento. Es la costumbre.

—Un día y todas las complicaciones que ha habido.

—Lo sé…

—Tu padre ya se involucró, ahora Jun-dono, tu editora. El mundo sabe de lo “nuestro”.

Haruto entró a la habitación y se sentó en la orilla de la cama. Su boca jugaba con la punta del cigarrillo.

—Entonces, te propongo algo. —dijo él continuando con su movimiento. —No peleas en público, tomarnos de la mano y esas cosas allá afuera. Aquí adentro tenemos habitaciones distintas. Si vas a un lado, aunque sea a tu estudio, yo también voy. Ya sabes, aclarar las reglas.

Akari lo vio con algo de desconfianza y desprecio. —¿Aclarar las reglas?, esto no es un simple negocio, Idiota-senpai.

—Me temo que ya lo es.

Akari suspiró pesadamente y aceptó, de mala gana, el acuerdo.

—Idiota-senpai, es hora de irme… digo, irnos a Kita-Senju… tengo que seguir dibujando el manga si no quiero que Jun-dono me odie.

Akari salió de la habitación y fue a la cocina, dejando a Haruto observando borrosamente el techo. Su celular sonó y era un mensaje de Ayane Kisaragi:

“Asahina, se me hizo muy injusto lo que te dijo tu padre. No te desanimes. Mientras yo pueda seguir de defendiendo, lo haré, pero ayúdame también. Necesito que me mandes el borrador de algo, a más tardar para el viernes, si no, no podré seguirte ayudando”.

Haruto dejó el teléfono en la cama y se fue al baño a darse una ducha rápida.

Al salir de la ducha, Akari bebía algo de soda sin darle mucha importancia al chico que rondaba el departamento con solo una toalla alrededor de su cintura. Él se metió a vestir, saliendo finalmente con un pantalón deportivo negro, un suéter con capucha sin mangas y calcetas deportivas. Llevaba también una mochila con su laptop.

—Akari… va… vámonos… —le dijo él con fingida demencia mientras le estiraba la mano para ayudarla a levantarla de la silla. Ella lo vio con más desprecio y con algo de duda tomó ligeramente sus dedos. Al salir por la puerta principal, el rostro de ambos cambió rotundamente. Sonreían y se sonrojaban, de forma exagerada, diciéndose demasiados cumplidos falsos. Así fue hasta que llegaron a Kita-Senju. Apenas pusieron un pie adentro del estudio, sus rostros regresaron al de hacía un rato. Akari se sentó frente a su escritorio y Haruto se encerró en la habitación contigua, pese a la extrañeza de Yui que estaba ahí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.