El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Departamento 405

Yui Fujimoto se estiraba desde su lugar soltando el lápiz en el escritorio. Se llevó las manos a sus hombros y se tronaba el cuello. Miró a Akari y a Haruto. La primera seguía tratando de concentrarse en sus trazos. Haruto, por su parte, había salido de su muy corto encierro de la habitación. Sentado en una improvisada mesa con la computadora abierta. Yui se levantó de su lugar y dio unos pasos estirándose. Fue al frigobar y sacó una soda de naranja.

—Quién los viera tan… así… —dijo Yui al beber de su lata.

—¿Así, cómo? —preguntó Akari sin voltearla a ver.

—¿Educados?, ¿civilizados? —preguntó Yui regresando a su lugar. Akari hizo un gesto con la boca y Haruto hizo otro con su garganta de desprecio.

—Es como si hubieran llegado a un acuerdo de no matarse…

Haruto abrió los ojos sin dejar de “ver” la pantalla.

—… desde que los conozco, siempre se han estado peleando por todo y hoy ni discuten porque uno invade el espacio del otro.

Akari y Haruto se miraron un momento. Parecía demasiado obvia su actuación.

—No sé qué haya pasado entre ustedes en un solo día, pero ya lo averiguaré.

—Nos casamos… —dijo Akari secamente.

Yui, al escuchar esas palabras, su boca se abrió de par en par. Sus ojos parecían platos blancos y su blancuzco rostro se puso rojo por la repentina noticia dicha como si fuera la hora.

—Acordamos no pelear… —respondió Haruto yendo al frigobar por una bebida.

El rostro de Yui mostraba las diferentes dudas que tenía. Preguntas lógicas como “¿desde cuándo?, ¿por qué no le avisaron?, ¿cuándo fue la boda?”, y otras preguntas más se agolpaban en la garganta de Yui por ver cuál de ellas salía primero.

—El idiota de Ren fue. —Haruto sacó un cigarrillo de su bolsillo. Sin querer también respondió a uno de los tantos cuestionamientos de Yui. —Me sorprendió no verte ahí haciendo bulto.

Akari soltó una ligera carcajada.

—¡Tú eres el bulto! —reprochó Yui casi al borde de las lágrimas.

—Debes creer que estamos bromeando, pero no lo es. —intervino Akari.

—Akanari-sensei, no puede estar casada con Haruto. —ella movía la cabeza como negando todo. —Es imposible que haya pasado… ellos dos… ellos dos se odian… sí, debe de ser una broma, Akanari-sensei… apenas y se toleran… no… —su cuerpo tembló tanto que Akari y Haruto se acercaron a revisarla. Finalmente, Yui soltó un gemido antes de caer desmayada.

Al revisarla, Haruto le indicó con un pequeño gesto a Akari que Yui estaría bien. Él la cargó y la recostó en la habitación contigua. De pronto, el estómago de uno de ellos resonó fuertemente por el casi oscuro departamento.

—Supongo que… hay que ir a comer… —dijo Haruto yendo a la puerta de entrada. Volteó a ver a Akari, quien, a pesar de solo estar iluminado el lugar con su lámpara LED, Haruto intuyó que le hacía mala cara. —Si vamos a salir, recuerda que no podemos vernos así. No creas que también me agradas… —sacó el aire como si fuera una bocanada de humo.

—Te odio, Idiota-senpai…

—El sentimiento es mutuo. Pero ven… —él le estiró la mano. —no puedes seguir trabajando con el estómago vacío.

Akari dudó en si darle la mano o no. Pareció pensar que mejor le dijera el lugar y ella lo alcanzaba o que mejor pidieran por aplicación.

—Ya son las siete de la noche. Si no te apresuras, los restaurantes locales se van a llenar de gente. —dijo Haruto con una sonrisa en su rostro mientras sostenía el cigarrillo entre sus labios.

—Bien… ya voy… —respondió Akari resignada, tomándole la mano.

Recorrieron varias calles buscando un lugar cómodo para poder cenar. Las cigarras de los árboles cercanos seguían cantando sin importarles nada. Ambos respiraban por la boca y la ropa se les pegaba por el sudor. Las luces de la calle y algunas palomillas volaban alrededor de los faros.

Pasaron por varios restaurantes y puestos de comida callejeros. Ninguno les convencía. Ya fuera el lugar “lúgubre”, que si estaba muy lleno, muy solo, si la comida no les parecía o hasta porque las servilletas parecían estar sucias.

Haruto observaba con algo de molestia a Akari, pero él trataba de mantener la compostura. Ella hacía lo mismo.

—Bien… si no quieres ir a comer, mejor vamos al supermercado para comprar cosas para la cena… —dijo Haruto con una mezcla de enojo y paciencia en su voz.

—Sí… cariño… —respondió Akari con sarcasmo y molestia.

Al entrar al supermercado, el aire acondicionado los hizo revivir. Se quedaron unos segundos ahí parados antes de buscar las ofertas que quedaban. Fueron directo a la sección de carnes. Akari tomó un paquete de carne que tenía el 30% de descuento. Haruto tomó algo de pan y verduras con el 20%. Al pasar por el área de la comida preparada, Akari casi babeaba por un bento que estaba a mitad de precio. Él, viendo que Akari estaba dudando si tomarlo o no, se acercó rápidamente y lo puso en el carrito de compras. Ella volteó a verlo con molestia pensando que le habían robado la comida.

Akari se cruzó de brazos, volteando al otro lado de donde caminaba Haruto. Él le tomó de los brazos y la acercó a su cuerpo para que ambos empujaran el carrito de supermercado. Llegaron a la caja sin contratiempo y pagaron por las cosas.




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