Haruto Asahina estaba observando el amanecer a las afueras de Tokio. La gran torre se veía a kilómetros a distancia y más a lo lejos, el Monte Fuji. Esa mañana, un poco fría a comparación de los últimos días, mostraba un cielo despejado. En la barra del balcón había una taza de café y un cenicero con algunas colillas de cigarros apagados. La fresca brisa lo animó un poco.
Sus ojos mostraban grandes ojeras por pasar la noche en vela tras la llamada de anoche de Yukina Tachibana. El timbre de la puerta del departamento 405 sonó, haciendo que Haruto arrastrara los pies para ir a abrir. No creía que fuera Akari ya que ella estaba dibujando para cumplir a tiempo con su apretada agenda.
Como tardó unos segundos de más en reaccionar, el timbre sonó de nueva cuenta. Al ver por la mirilla, se apresuró a abrir. Apenas el sol le daba tímidamente en la cara, una gran sombra se abalanzó sobre él.
—¡Haruto-nii-sama! —la voz de una chica de corta cabellera marrón rojizo, con dos pequeñas coletas laterales que enmarcan su rostro. Su peinado parece ser sacado de finales de la década de los 90’s del siglo XX.
Sus ojos marrón claro era muy expresivos y era un poco más baja que Haruto, ya que su cabeza apenas alcanzaba el pecho del chico.
—¿Ho-Honoka, qué haces aquí?
—Yukina me habló en la noche y me dijo que estabas enfermo. Pero yo te veo bien, Haruto-nii-sama.
Él hizo una expresión de desprecio y separó a su hermana de sus brazos.
—¡HO-NO-KA!
Ella no le dio mucha importancia al regaño de su hermano mientras lo revisaba para comprobar que realmente no estuviera enfermo. Tomaba la temperatura de su frente, sus pulsaciones en el brazo, como si fuera una enfermera. Pasó por alto las ojeras del chico ya que las consideraba “naturales”.
—¿Haruto-nii-sama, sigues con ese estúpido vicio del cigarro? ¿estás comiendo bien?, ¿Cómo te trata tu nueva esposa?, supe lo que padre fue a hacer al lugar donde trabajas. ¿Estás bien? —Honoka observaba a su hermano con genuina preocupación, tanta que incomodaba a Haruto. —Sabes que madre está muy preocupada por ti y si le agregamos su futura operación. Haruto-nii-sama, ¿Por qué no vas a visitarla, aunque sea una hora?
Haruto desvió la mirada buscando una posible salida ante tanto cuestionamiento y tanto amor de su hermana.
—Honoka… lo siento. No puedo ir a ver a mamá… digo, madre porque aquel señor me corrió. Si me mantengo a flote es por ti y por madre que me habían mandado dinero. Si les dije que dejaran de hacerlo es porque no quiero que ese señor se entere… —dijo Haruto al ir a tomar un poco de café a la cocina.
—Pero ya lo sabe, Haruto-nii-sama. De hecho fue su idea que te mandáramos dinero.
Haruto casi se ahoga con su bebida, escupiéndolo al aire.
—Creo que no lo sabías, lo siento —Honoka se disculpó como si fuera un personaje cute de anime. —Haruto-nii-sama, ven a ver a madre, ¿sí?, padre no está, se fue a Kioto de negocios. Te prometo que todo estará bien.
—Pe… pero… la amenaza de correrme del departamento…
—Eso… sí… bueno… yo le dije que quería este departamento para mudarme pensando en ti, Haruto-nii-sama. Si le decía que era para mí, te lo podía traspasar y así no tendrías que sufrir por un techo, te-hee. —volvió a hacer su pose de disculpa de anime cute.
—¡¿Hay siquiera algo mío?! —preguntó frustrado Haruto al sentarse en el piso con los brazos cruzados.
—Me tienes a mí, a madre… este hermoso y lujoso departamento. ¿Has visto lo caras que están las rentas? Y que padre te lo haya regalado, pues…
—No me lo regaló… le estoy pagando renta con el dinero que me está mandando… ¡dios, cuán tacaño es ese señor! ¡Y tú deja de hacer poses así, ya tienes 31 años y eres mucho mayor que yo!
—No lo digas así de brusco, tonto Haruto-nii-sama. —Honoka hizo como que estaba llorando exageradamente al llevarse las manos al rostro. —Y eso que tu querida hermanita vino a verte, snif. Tanto que me he preocupado por ti, pero como ya estás casado, ya te crees muy maduro… snif… —abrió un poco los dedos para ver si su actuación estaba funcionando, pero al ver que su hermano seguía igual, forzó más su llanto.
—Bien, bien ya, deja de llorar que vas a manchar el piso y Akari se puede molestar. Tal vez vaya a ver a madre el fin de semana, solo si aquel señor no está…
Honoka cesó su llanto y de inmediato fue a abrazar a su hermano. —¡Hotaro-nii-sama, te amo! —le restregaba su rostro al de su hermano como si fuera un gato, a pesar de la incomodidad de Haruto.
—¡Y SOY HARUTO!
—Sí, sí, un error en los nombres lo comete cualquiera, te-hee. Por cierto. —Honoka se puso un poco seria.
—¿Quieres explicarme el tema de tu boda con tu kouhai de la universidad? — Haruto sintió un fuerte escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
—No… no fue nada, solo… impulso juvenil… es todo…
—¿Impulso juvenil?, —el tono juvenil y bromista de Honoka cambió de golpe. Su rostro reflejaba lo mismo que sus palabras, haciendo que Haruto se alejara un poco y sacara un cigarro del bolsillo de su bata. Su hermana de inmediato se lo quitó con un ligero manotazo.
—Sé cómo te pones cuando quieres huir, Haruto-nii-sama. Prácticamente te conozco desde que naciste. Con la enfermedad de madre, los constantes viajes de padre y las criadas y mayordomos de la casa, fui yo quien te crio.