Haruto salió de ducharse tras más de una hora intentando atrasar la conversación con Yukina. Dentro del casillero que él utilizó había algo de ropa nueva de marca. La observó con algo de apatía para, resignado, ponérsela. Era un conjunto deportivo que parecía sencillo, pero realzaba las características físicas de él. Su complexión, antes atlética, mostraba indicios obvios de descuido. Su rostro, aunque aún con la barba descuidada, mostraba rasgos afilados. Sus pómulos marcados se acentuaban por las noches sin dormir. Sus ojos cansados miraban su desordenado cabello húmedo. Tomó sus anteojos y se los colocó, tratando de ocultar las grandes ojeras que cargaba. Observó brevemente sus manos. Esas que antes estaban bronceadas naturalmente ahora ya no eran. Buscó sus cigarrillos en los restos de ropa del día pero no encontró nada. Respiró pesadamente por la nariz y fue a una máquina expendedora que vendía cigarrillos. Los ricos tenían cosas que los pobres no.
Encendió un cigarrillo y sintió que el alma le regresaba al cuerpo. Se llevó las manos a los bolsillos y salió del baño con rumbo a una oficina que medio recordaba Haruto le había dicho Yukina.
Observaba los pasillos con pisos de mármol. Las paredes de madera de cedro con pinturas de réplicas exactas famosas. Todo vacío, salvo algunos trabajadores que caminaban apresurados, algunos con charolas sobre sus hombros, otros con las manos vacías y la mirada baja.
Apagó su cigarrillo antes de llegar a una doble puerta de cristal. Ahí adentro se encontraba Yukina Tachibana, sentada de piernas cruzadas. Al otro lado de la mesa de madera de nogal pulido, se encontraba Ayane Kisaragi, con una bata de baño rosa, mostrando una sonrisa de placer y satisfacción por los mimos que le acababan de dar.
Haruto entró, no sin antes colocarse un cigarrillo en la boca y tomó asiento, lo más lejano de ellas.
—Falta todavía una persona por llegar. —dijo Yukina al observar a Haruto.
Él prendió su cigarrillo y la observó con seriedad y molestia. Cruzó su mirada con Ayane, quien, a pesar de su sonrisa, lucía algo incómoda y no miró de vuelta a Haruto.
Pocos minutos después, Haruto sintió una presencia muy conocida. La puerta de cristal se abrió mostrando a Gon Asahina, vestido de forma casual pero imponente, con una gran sonrisa en su rostro. Se sentó a la cabecera de la mesa, al lado opuesto donde estaba Haruto. Gon subió sus pies a la mesa.
—¿Qué hace ese sujeto aquí? —preguntó Haruto echando el humo al aire. —¿Acaso Ayane… digo… Kisaragi-san está involucrada con ese tipo?
Ayane hizo una rápida mueca de enojo pero la regresó a la seriedad que acostumbraba en la oficina. Gon se carcajeó de la situación.
—Bueno, hijo, a diferencia tuya, si yo tengo una relación extramarital con ella, lo admitiría. Pero, como no es el caso… —respondió Gon en medio de su risa.
—¿Y qué quieren?, tengo menos de tres meses para enviarle un borrador a Kisaragi-san, aquí presente, así que dejen de perder mi tiempo…
Ayane desvió más la mirada en clara incomodidad. Un mesero entró con varias copas y una botella de Château Talbot, sirviendo primero a Gon con una reverencia casi excesiva.
—Ah, un Talbot del dieciséis. Buena elección. —Gon tomó la copa, la giró lentamente contra la luz, observando el color rubí con matices granate como si estuviera evaluando una obra de arte, no una simple bebida—. Huele esto, hijo. Grosella roja, frambuesa... un toque de rosas, casi imperceptible. Si tuvieras un paladar educado como el de tu hermana mayor sabrías apreciarlo.
—No vine a una cata de vinos. —Haruto apretó su cigarrillo entre los dientes. —Vine porque esta mujer… —señaló a Yukina quien hacía casi el mismo gesto que Gon Asahina. —… prácticamente me secuestró.
—Te equivocas, querido. Solo supe que estabas en problemas y fui a ayudarte como la persona que te ama. Eso es lo que hace una pareja.
—Tampoco yo vine a que me apresures. —Gon dio un sorbo, dejándolo reposar en la boca antes de tragar—. Taninos sedosos. Casi civilizados, diría yo. Una lástima que ni tú ni esa mujer lo sean.
—¡No voy a dejar que insultes a Akari! —Haruto se levantó de golpe y estuvo a nada de caminar por encima de la mesa pero la mirada de Ayane lo detuvo.
Gon Asahina siguió burlándose de la actitud de su hijo. Haruto se sentó de vuelta en su asiento. Encendió otro cigarrillo ya que el que tenía en la boca se deshizo.
—Bien, bien. Sigue recuperando tu yo anterior. —dijo Gon en medio de su risa.
—Querido, no tienes que enojarte porque te digan la verdad. Tu padre y yo nos preocupamos por ti. Incluso Kisaragi vino a verte porque está muy preocupada por ti. —dijo Yukina casi al borde de las lágrimas.
—Bien. Con autorización de tu editora y como su jefe directo, llegamos a un acuerdo nupcial. —Gon Asahina chasqueó los dedos y de inmediato varios mayordomos de la familia Asahina entraron a dejar un contrato frente a las personas reunidas y salieron rápidamente.
Haruto los observó con desconfianza.
—Si no quieres leerlo, está bien hijo, aunque ese sea tu “trabajo”.
—Básicamente dice que si rompes tu compromiso con Akari Minase y te casas con Yukina Tachibana, Akari Minase no estará en peligro. Además de que tu madre tendrá la operación que necesita, pero será hecha en América, donde vivirás con tu nueva esposa. Seguirás trabajando para Mangetsu Ediciones, pero con la nueva sede en California. —interrumpió Ayane. Gon al ver la iniciativa de la editora, sonrió complacidamente.