Haruto caminaba bajo la azulada iluminación con un vaso vacío de sopa instantánea por las animadas calles de Shinjuku. La vida nocturna no parecía molestarle. De entre toda la multitud solo estaba con sus pensamientos. Levantó un poco la mirada del asfalto cuando vio a unas parejas acurrucarse entre sí que le pareció tan brillante que no pudo sostenerles la mirada, aunque ellos ni caso le hicieron.
Su mente era una extraña mezcla de recuerdos de hacía un rato, de sus recuerdos en la universidad, de su “relación” con Yui Fujimoto basada solo en sexo y fiestas. Cuando forzó a Akari a ser su pareja, tratando de llevarse bien entre ellos, pero las constantes peleas y discusiones, causaban gracia a sus compañeros y decían “parecen recién casados”.
Pasó por una tienda de conveniencia y con su poco dinero, compró una cajetilla de cigarrillos. Tomó el último de su vieja cajetilla del día y lo encendió. A mitad del cigarro, lo apagó y se colocó de inmediato uno nuevo. Se llevó las manos a los bolsillos y siguió su camino con aparente indiferencia.
Llegó a Daikanyama casi a las dos de la mañana. Akari estaba dormida en el sofá con la televisión prendida. Abrazaba un cojín sin darse cuenta. Haruto sonrió tímidamente y fue al balcón a encender un cigarrillo. Era una noche extraña. El calor era agradable, el cielo despejado. La Torre de Tokio a lo lejos iluminada por las luces neón de sus alrededores. Soltaba una bocanada de humo cuando escuchó el ventanal abrirse.
—Ya llegaste después de tu aventura en la cárcel. —dijo una dormida Akari restregándose la mano sobre sus ojos.
—Perdón por despertarte.
—Solo quería saber si sobreviviste a la cárcel, Idiota-senpai.
Haruto sonrió con un cigarrillo sin encender en su boca.
—Ese estúpido vicio te va a matar. Buenas noches. —Akari se fue antes de que le echaran una bocanada de humo en la cara, como él solía hacerle para molestarla en la universidad.
Haruto sacó su celular del bolsillo y vio demasiadas llamadas perdidas de Honoka. Se quedó pensando en si llamarla a esa hora o esperarse a temprano para reportarse.
Con el cigarrillo en la boca fue al refrigerador por una cerveza. Al no encontrar, tomó algo de dinero que tenía guardado y fue a la tienda de conveniencia.
En la calle oscura solo se veía la lumbre que llevaba en la boca cuando su celular vibró. Un mensaje tras otro que no le quedó más que revisar quién era.
Eran varios mensajes en LINE de Honoka pidiéndole ayuda por haberse perdido en la tarde. Algunos de Ayane quien se disculpaba por haberlo dejado solo en la reunión de hace rato y con otras cosas que parecían pretextos. El último mensaje era de un número desconocido que de inmediato cerró sesión y fue desactivado. Al verlo, los ojos de Haruto se abrieron de par en par, haciendo que regresara de inmediato al departamento. Apretaba tan fuerte los dientes que el cigarrillo se le deshizo.
Llegó de inmediato, yendo al balcón y revisar sus alrededores para ver si encontraba algo extraño. Respiraba por la boca amarga y apretó el celular con tanta fuerza que por un momento pensó en romperlo.
El timbre sonó por el departamento. El corazón de Haruto se sobresaltó. Muchos pensamientos se le vinieron a la cabeza. Aún con el cigarrillo deshecho en su boca, tragó saliva y fue a ver quién era. Revisó por la mirilla y no encontró a nadie. Abrió la puerta de inmediato para agarrar infraganti a quien estuviera jugando a esa hora, pero el pasillo estaba vacío, oscuro. En el suelo había una bolsa que contenía su ropa de la mañana y una foto de él con Akari apenas quince minutos atrás y un mensaje que decía: Recuerda, no debes engañar a nadie con la Sensei, si no, te las verás conmigo.
Akari salió de la habitación restregándose los ojos.
—¿Quién molesta a estas horas, Idiota-senpai?
—No fue nada. Solo un borracho que se equivocó de departamento. Regresa a dormir.
Akari obedeció. Al cerrar la puerta, Haruto se fue a sentar al sofá. Se inclinó un poco, moviendo su pierna de arriba abajo rápidamente
Trataba de pensar en lo ocurrido ahorita sin llegar a una solución. Fue a su habitación y tomó su computadora. Empezó a escribir todo lo que tenía en la cabeza, sin importarle los errores. Miraba la puerta y luego el ventanal. La cortina azul clara se movía con el ligero viento veraniego.
Se recostó brevemente y revisó su celular. El clima del día marcaba ligeras lluvias al mediodía. Sacó un cigarrillo y lo puso en su boca. Jugaba con él mientras observaba el techo. Frunció el ceño, apagó la computadora y entró al cuarto de Akari. Ella dormía profundamente. Su respiración era lenta, tranquila. Finalmente, después de varias semanas sin descanso, podía hacerlo, antes de regresar a su rutina y viajar temprano a Kita-Senju. Le acarició el cabello y su mirada se relajó. Salió de ahí y fue al baño. Se miró en el espejo. Sus ojeras de no dormir, las noticias que ha recibido en los últimos días, su barba mal afeitada de una semana, su cabello hecho un desastre. Tomó el gel para afeitar y su rastrillo.
Se lavó la cara y se notó diferente, más limpio. Se arregló el cabello y se colocó los anteojos. Se vio a los ojos un instante, soltó el aire como si fuera una bocanada de humo pero no pudo sostenerse la mirada por más tiempo y salió del baño. Se quedó en el sofá, sentado, con la computadora en sus muslos.