El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Luz y oscuridad

Haruto Asahina estaba en el departamento de Daikanyama arreglándose. Tomó sus cosas para ir a Kita-Senju cuando su celular sonó. Vio la pantalla: Honoka Asahina.

Sacó un cigarrillo y fue al balcón a fumar.

—¿Hola?

—¡Hermano, supe lo que le hiciste a Yukina!

—Vaya, los chismes se esparcen rápido.

—No es un chisme. Está totalmente devastada…

—No te dejes engañar por ella, Honoka. Sabes que le gusta llorar por todo…

—¡Hermano, ¿Cuántas veces te he dicho que ella no es así?!

—Y yo, cuántas veces te he dicho que tú no seas tan ingenua cuando se trata de ella… lo siento, estoy ocupado. Luego te llamo.

—¡Oye no hemos…!

Haruto soltó el humo del cigarrillo por la boca. Su celular sonó incesante por los siguientes quince minutos con las llamadas de Honoka.

Cuando se calmaron las llamadas, Haruto salió con dirección al metro, dejando su celular apagado en el sofá. Se colocó el cigarrillo en la boca sin encenderlo. Acomodó sus gafas de ver sintiéndose libre, por primera vez en mucho tiempo.

Las cigarras acompañaban su canto con el de los pájaros. El sol de mediodía pegaba fuerte y ahora no se pronosticaban lluvias. Miró el cielo despejado a través de los árboles de su camino y observaba a los trabajadores platicar entre ellos al no haber mucha gente por la hora.

Llegó a Kita-Senju a las dos de la tarde. Ni Akari ni Yui estaban en el estudio. No le tomó importancia. Sacó su laptop, se sentó en el piso frente a una mesita y empezó a escribir. Primero cosas que tenía en la mente. Después, lo editó, según él, para hacer un cuento. Cuando terminó se lo mandó a Ayane.

Ella no tardó en contestar. “Esto es basura. ¿Es lo mejor que tienes? Repítelo y tómate tu tiempo. ¡Tienes tres meses para mandarme algo decente!”.

Haruto se rio irónicamente. En alguna parte de su ser tenía la esperanza de que le dijeran “buen trabajo desbloqueando tu mente” o algo así. Su estómago gruñó fuertemente, recordando que no había comido nada desde ayer. Fue al refrigerador y al no encontrar nada, decidió ir a comprar algo.

Entró a la tienda de conveniencia. La camisa que usaba la traía pegada a su cuerpo, bañada e incómoda. Compró unas sopas instantáneas, unas papas fritas, unas sodas y una cajetilla de cigarrillos.

La puerta de la tienda se abrió y el golpe de calor le pegó muy duro en la cara. Respiraba por la boca seca. Sentía que sus tenis se pegaban al asfalto quemándole los pies. Regresó rápido al departamento de Kita-Senju. Apenas puso un pie adentro colapsó tirando las bolsas a su lado. Con dificultades agarró una botella de soda y la bebió como si fuera agua. Se volteó a ver el techo para recuperarse.

Trataba de no pensar en lo ocurrido en la mañana.

Se sentó sobre la pared con sus piernas estiradas. Respiraba tranquilo y eso, en alguna parte de su ser le daba miedo.

Pensó en fumar, en aliviar su estrés como siempre lo había hecho cuando estaba nervioso, pero el hecho de pensar que el olor a tabaco y químicos molestaría a Akari y a Yui, optó por no hacerlo.

Se levantó con dificultades y fue a ver los bocetos sin terminar que tenía Akari en su escritorio. Se le hacía raro que ella no estuviera ahí, echándolo. Los trazos eran limpios, finos. Los personajes tenían el diseño de los mangas de los 90’s pero mezclados con actuales. Levantó un poco la vista y notó un pequeño pizarrón pegado en la pared con varias notas, el storyboard de los siguientes capítulos y las fechas de entrega.

La puerta se abrió cuando Haruto estaba modificando algo al storyboard.

—¡¿I… Idiota-senpai?!, ¿Qué estás haciendo aquí?, deberías estar hospitalizado.

Haruto volteó con el plumón entre los dedos y la tapa en la boca y solo la saludó como si nada.

—¡Quiero una explicación!

—Solo me di de alta. Es todo. —dijo Haruto sonriendo aún con la tapa en su boca.

—¡No, nos vamos de regreso al hospital y te vas a disculpar con todos!

—¿Cómo están mis “suegros”?

Akari se sonrojó de inmediato. Abrió las manos tan repentinamente que si hubiera tenido algo en ellas las hubiera tirado.

—¿Có…cómo?

—Lo pusiste en el pizarrón.

Ayer estaba tan desesperada por ayudar a Haruto que no recuerda haber puesto algo en la pizarra. Es probable que Yui haya dejado ese recado.

—¡To… toda la noche estuve preocupada por ti y tú… tú aquí revisando mis cosas!

—Vaya… —Haruto se acercó y la acorraló contra la pared. —¿Desde cuándo mi pequeña kouhai se preocupa por mí?

Akari se sonrojó. No sabía si de furia o vergüenza.

—A… afuera tenemos que fingir que somos pareja, ¿no? —ella lo alejó.

—Pero… —se acercó a su oído— no estamos afuera…

Akari se sonrojó más de la cuenta yendo a su escritorio. —¡¿Por qué moviste mis hojas si estaban ordenadas?!

—Tu trabajo se ve bien, pulido como siempre, pero le falta algo… ese toque tuyo que tenías en la universidad. —respondió Haruto sentándose de nueva cuenta en el piso, colocándose un cigarrillo en la boca sin encenderlo. —Me sorprende que alguien como Saito-san lo haya aceptado así de incompleto para publicarlo.




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