Ayane Kisaragi preparaba su té de la mañana, unas panquecas mientras que en su cara utilizaba una crema para las arrugas. Bostezaba sonoramente al despertarse más temprano de lo habitual. Había quedado reunirse con varios de sus autores durante la mañana para discutir ciertos temas de sus obras. Utilizaba audífonos, escuchando a Sora Iro Girls para no sobresaturarse tan temprano. Tras desayunar, lavarse la boca y cambiarse, le dio un beso de despedida a una imagen hecha con Photoshop donde estaba ella abrazando a uno de sus personajes favoritos.
Salió y se dirigió al metro para tratar de llegar temprano a su oficina. La multitud le dificultó mucho subir. Entre empujones y lo que creyó que era un toqueteo, pudo subirse al tren. Llegó a las oficinas de Mangetsu Editorial a las seis treinta de la mañana. Su primera reunión estaba programada a las siete.
Shinji Himari llegó cinco minutos después. Su camisa estaba desfajada por haber corrido desde el metro para tratar de tener todo listo antes de la junta de su jefa.
—Himari-san, recuerda que la puntualidad es muy importante en este mundo. Que sea la última vez que llegas tarde.
—Sí, Kisaragi-senpai.
—Bien, prepara todo para la reunión de las siete.
Shinji preparó las cosas, té, los manuscritos para una posible publicación de la nueva obra de un autor que se hacía llamar por el seudónimo “Craver”. Él llegó algo cabizbajo, bostezando mucho más de la cuenta. Su, supuestamente, Community Manager lo acompañaba. Ambos entraron a la oficina donde estaba Ayane, sentada en su silla de oficinista y Shinji, de pie. Shinji quería mover sus rodillas de un lado a otro. Sus zapatos formales color café le incomodaban.
La reunión siguió por la siguiente hora. “Craver” solo afirmaba y negaba cosas. Le susurraba a su C.M. y este le respondía, palabra por palabra a Ayane. Tras una serie de discusiones que Shinji creía que no llegarían a nada, Craver y su C.M. se pusieron de pie, se inclinaron para despedirse y salieron del lugar satisfechos de la negociación que hicieron. Ayane puso los papeles sobre su escritorio y se llevó los dedos pulgar e índice a sus ojos.
—¿Se encuentra bien, Kisaragi-senpai?
—Himari-san… si quieres ser editor tienes que aprender a manejar mejor que yo estas negociaciones.
—¿Pero no fue eso lo que la Editorial busca?
—Ahorita lo que buscan es algo que les genere dinero inmediato. Su idea es buena, pero va para largo. Contéstame algo, ¿qué pensarías si te digo la siguiente premisa: El personaje principal es un multimillonario que para salvar la empresa de su familia tiene que casarse con alguien de su mismo nivel socioeconómico, pero ese personaje está enamorado de alguien más?
Shinji se quedó pensando un momento.
—Supongo que eso ya se ha visto mucho… pero creo que el personaje que no se quiere casar con el otro multimillonario debe decidir entre el amor a su familia y el amor propio… creo.
Ayane pareció analizar la respuesta de Shinji.
—¿Y tú qué harías para que no fuera una historia del montón?
Shinji se quedó pensando una respuesta clara y lógica. Su rostro se puso rojo al no tenerla.
—Yo haría que ambos tuvieran algo más que perder al prestigio o la persona amada. Eso es lo que tienes que ver y convencer a los autores de que, aunque su idea es buena, no siempre es lo que el público quiere o desea… Himari-san, tráeme una pastilla para el dolor de cabeza.
La mañana siguió su curso. Ayane le decía a Shinji a qué autor u editor dejar pasar para sus reuniones. Los pies del chico lo estaban matando. Se arrepentía de haber usado esos zapatos. Las exigencias de Ayane eran más constantes que otros días: rellenar su café, revisar contratos, reagendar citas, que le cancelaran a ella algunas juntas, revisar borradores, rechazar los que no estaban al nivel.
Ayane estaba recostada solo con la cabeza en su escritorio y sus brazos colgaban a sus lados.
—Kisaragi-senpai… —dijo Shinji desde la puerta y en voz baja. —Suzu-sensei canceló de última hora su reunión con usted… —cerró los ojos y se cubrió con la tablet esperando una reacción, pero no pasó nada.
—Ok, Himari-san… tenemos libre hasta la una… ve a comer y regresa cinco minutos antes.
Shinji Himari dejó sus cosas en el escritorio de afuera de la oficina y corrió al elevador. Apenas abrieron las puertas entró de un salto y presionó el botón para el piso 55. Lucía ansioso y emocionado de saber cómo estaba Nozomi Sakuranomiya, de comer con ella y saber cómo le fue el fin de semana con las exigencias de Saito-dono, como le gustaba que le llamaban.
El ding de la puerta se escuchó. Shinji salió del elevador. Lo primero que notó fue el incómodo silencio que rondaba el aire. movió sus ojos de un lado a otro creyendo que si se movía lo iban a descubrir. El escritorio de nogal de Nozomi Sakuranomiya estaba vacío. Solo quedaba un monitor de la computadora.
Dio un par de pasos como si esperara la aparición repentina de un espíritu para espantarlo. Respiró aliviado al acercarse al escritorio de Nozomi y revisó algunos cajones que estaban vacíos. Shinji frunció el ceño confundido. De pronto, un grito proveniente de la oficina de Jun Saito-dono lo hizo brincar del susto. Soltó un gritito agudo que creyó que solo él lo escuchó.