El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Neo-Aspect

Era principios de agosto cuando Akari se despertó sobre su escritorio. Daban las cinco de la mañana y acababa de mandar, apenas un par de horas atrás, su manuscrito para la publicación semanal. El aire acondicionado era el único sonido que había en el departamento de Kita-Senju. Yui estaba recostada contra la pared frente a su escritorio, con una especie de pañoleta sobre sus ojos. Haruto estaba cerca de la puerta de entrada, también sentado en el piso. A su lado estaba la laptop y apenas un par de párrafos escritos. Akari se levantó con dificultades. Buscó una manta ligera y la colocó sobre Haruto, quien soltó el aire por la nariz. Akari pensó que lo había despertado, pero el chico siguió dormido. Akari se acercó a la puerta cuando el calor residual de la noche, combinado con el sol directo a la entrada la hicieron regresar de inmediato a su lugar y recostarse sobre su silla. Se volvió a levantar y entró a la habitación donde dormía uno u otro. Deslizó la cortina a un lado y la ciudad iluminada por el sol le pegó directo a los ojos. Soltó un pequeño grito de sorpresa por haber sido deslumbrada. Quiso regresar al clima más o menos frío de la sala convertida en estudio, pero se quedó un momento ahí, contemplando cómo el sol empezaba a iluminar Tokio. Parecía recordar los acontecimientos del último mes. Desde la repentina renuncia de Jun Saito-dono, sin darle mayor explicación a ella del por qué; su cambio de editor a un novato como Shinji Himari, siendo supervisado por Ayane Kisaragi, hasta la unión con Haruto que se fue desenvolviendo sin que ella se diera cuenta. Miró de reojo la puerta cerrada de la habitación mientras se empezaba a calentar. Abrió la ventana y el viento caluroso de esa mañana de agosto le pegó en la cara, haciendo que gritara por la sorpresa y se echara a reír. Salió del cuarto regresando a su lugar frente a su escritorio. Acomodó algunas cosas para recostarse y cerrar los ojos. Haruto se despertó al sentir que sus piernas se quemaban. —¡Ayayayayay, esa tonta dejó la puerta abierta! —parándose de inmediato a cerrar la puerta. Sacó un cigarrillo y vio a Yui y a Akari dormidas. Tomó la manta y cubrió la espalda de Akari. Se abanicaba con su camisa la cara mientras iba a buscar algo al frigobar para refrescarse. Al no encontrar nada, se cambió de ropa a una más ligera y decidió ir a una tienda de conveniencia. Salió al pasillo de Kita-Senju y de inmediato sintió el fuerte cambio de temperatura. Avanzando se iba abanicando con su camisa clara. De inmediato empezó a sudar por los casi 28º centígrados. Él recordaba el último mes mientras caminaba al sonido de las cigarras que era más fuerte que antes. Mandaba algunos borradores a Ayane quien se los rechazaba de inmediato. Tampoco había sabido nada de Yukina. Eso le pareció extraño al principio, luego pensó que “supongo que la lo superó”. También estaba el asunto del acosador, que dejó de mandarle cosas. Algunas de ellas referentes a Sora Iro Girls y de su anime favorito de la infancia Tsuki no Miko. Su hermana Honoka trató de mantener el contacto pero él la evitaba cortando de inmediato la llamada cuando quería que hablara de Yukina. Supo que su madre fue operada con éxito en Estados Unidos y que se quedaría un tiempo allá en la recuperación. Gon Asahina, según supo Haruto, se iba a quedar a cuidar a su madre. También le pareció extraño pero no lo cuestionó más. Con su cigarrillo aún en la mano, pensó en que el sol lo prendiera, pero llegó a la tienda sin que se diera cuenta. Lo guardó en el bolsillo antes de entrar al paraíso del aire acondicionado. Tomó algunas botellas de agua, de jugo, algunos analgésicos y una paleta helada. Pensó en llevarle una a Yui y a Akari, pero al salir a la calle se derretirían de inmediato, así que solo compró una para él. Además de eso, sus inseparables cigarrillos, aunque tuviera casi una cajetilla completa en el bolsillo de su pantalón tipo pescador y otra cerrada en casa. Regresó rápidamente a casa para resguardarse de los 31º grados que ya se sentían (de acuerdo con su teléfono). No se preveían ese día lluvias. Llegó rápido al departamento de Kita-Senju cuando algo lo hizo detenerse de golpe. Preparó un pie para huir y el otro se quedó estático. Una mujer de vestido ejecutivo y saco gris claro, con blusa blanca. su cabello negro, largo, sedoso y un pupilente negro sobre su ojo izquierdo y el derecho de un apagado color verde esmeralda y tenis deportivos estaba frente a su puerta. Al verlo, el palito de madera de la paleta que comía Haruto cayó al piso cuando la chica lo vio. —Hola Haruto… —dijo la chica corriendo hacia él, abrazándolo. Él tiró las cosas por la sorpresa. —¿Qué… qué es lo que quieres, Yukina? —Solo… quería saber que estabas bien… —¿Cómo supiste que estaba aquí…? —Siempre me hablabas de este lugar en la universidad… —ella le dio un tierno beso en la mejilla, haciendo que Haruto la aleje de inmediato. Ella sonrió tristemente y bajó las escaleras sin decir más. Haruto se quedó ahí, sin poder moverse. Su boca se abría y cerraba rápidamente, su corazón latía fuertemente. Su expresión en el rostro era de confusión y enojo. Se limpió la mejilla y con los dedos temblorosos recogió la bolsa y el palito de su paleta y regresó al departamento. Akari lo esperaba cerca de la puerta. Ella abrazaba la manta sobre sus hombros. —¿A dónde fuiste, Asah… digo, Idiota-senpai? Haruto se asustó al escuchar su voz y trató de mantener la calma, trató de prender su cigarrillo sin su encendedor. —Fui a comprar provisiones para el día. —respondió dejando las cosas sobre el frigobar. Akari se acercó frunciendo el ceño. Tomó una botella de agua y la abrió, bebiendo de golpe casi la mitad. —Espera aquí. —dijo Akari ya fresca. Haruto ladeó un poco la cabeza mientras ella tomaba un par de sillas del estudio y regresaba para colocarlas frente al frigobar en la pequeña cocina. —Siéntate y explícame. Porque esto ya lo hiciste cuando estaba en mi primer año de universidad. Haruto lució algo confundido. Akari le quitó el cigarrillo de su boca, obligándolo a sentarse frente a ella. —¿Qué pasó?, sé que algo te pasa cuando te pones así. —Haruto abrió los ojos sorprendido y le tomó la temperatura en la frente. Akari, distraída, no sintió cuando le quitaron el cigarrillo. —No pasa nada, Akari-san, no pasa nada… Akari abrió la boca por la sorpresa, sonrojada. —Definitivamente te pasa algo, Idiota-senpai…tú nunca me… nunca me… —su rostro se puso mucho más rojo de lo que ya estaba. —¡Nunca me llamas por mi nombre! Haruto desvió la mirada jugando con el cigarrillo en su boca. Lo encendió y echó el humo hacia arriba. —Estás loca, lo imaginaste que te haya llamado así, con tanta familiaridad y ¿qué es esto?, tú tampoco habías estado así de… de… cercana conmigo… Akari desvió la mirada hacia una Yui que estaba roncando. —I… iré a descansar y… más te vale que le mandes algo a Kisaragi-san hoy en la noche… —Akari se levantó, tomando su silla y dejándola frente a su escritorio y entrando al cuarto, dejando la puerta abierta por el calor que hacía ahí adentro. Jun Saito-dono se arreglaba frente al espejo de cuerpo completo en el baño. Acomodaba un dobladillo en sus jeans negros. Tomó una camisa blanca y la abotonó con mucha precisión para culminar con un pequeño saco negro. Su cabello había crecido un poco y lo usaba suelto. Buscó unas gafas de ver sin marco y las colocó sobre sus ojos. La puerta del baño se escuchó. —Jun Saito-dono, todo está listo. —Te lo agradezco, Fubuki-san. —Su té con miel, Jun Saito-dono. Jun Saito-dono volteó con Fubuki-san y le sonrió ligeramente. —Fubuki-san, puedes llamarme Jun o Jun-dono. Que uses mi nombre completo es un poco raro. El mayordomo casi tira la bandeja donde llevaba el té con miel. Dio un paso atrás tragando saliva, pero mantuvo la compostura. —Como ordene, Jun Sai… digo, Jun-dono. Su carro la espera. Jun Saito-dono tomó la taza de té y la bebió de un solo golpe. Al subirse al auto y este avanzar, Fubuki-san se rascó la cabeza confundido. Una mucama se acercó a él, igual de confundida. —Fubuki-san… ¿cree que esté bien? —No lo sé. Este mes ha sido raro para Jun Saito-dono. Supongo que… —Fubuki-san se quedó pensando un momento. —… supongo que se ve más… feliz y eso… asusta un poco. —soltó una carcajada seguida de la mucama. —Bien, vamos a trabajar. Al ir saliendo de Denenchōfu, la vida en la ciudad poco a poco se fue recuperando. Jun Saito-dono le pidió a su chofer hacer una parada antes de seguir con su camino. Se dirigieron hacia Nakano. Al llegar, Jun Saito-dono se bajó frente al edificio Nano. Observó sus alrededores sin voltear el rostro y entró. Se subió al ascensor. Mientras subía, movía su pierna como si estuviera escuchando una canción en su cabeza. Llegó al quinto piso y apenas la puerta se abrió, se dirigió al departamento 506. Tocó un par de veces y esperó. Unos pasos se escucharon. Una mujer de profundos ojos color verde esmeralda, usando ropa deportiva ajustada, de corta cabellera negra y piel profundamente cuidada, le abrió la puerta. —Al fin te encuentro, Sakura-chan… quise decir, Yukina Tachibana-chan. —dijo Jun Saito-dono con una gentil sonrisa. Yukina al ver a la persona de frente quiso cerrarle la puerta en la cara, pero el pie de Jun Saito-dono lo evitó. —Es hora de que me expliques algunas cosas, ¡Sa-ku-ra-chan! Pasaba del mediodía dentro del 506 de Nakano. Yukina Tachibana estaba sentada en una silla, con su cabeza en las rodillas como si se disculpara con Jun Saito-dono. Por su parte. Jun Saito-dono miraba por la ventana, con su brazo recargado en el borde. Se acomodaba los anteojos incesante. Su mandíbula estaba un poco marcada, con pómulos altos. Las cejas estaban pobladas y rectas. Sus ojos eran un poco rasgados y de color marrón muy oscuro que parecían negros. La piel clara y tersa con un muy discreto maquillaje. Sus labios delgados mostraban una ligera línea entre seriedad y cálculo. El cabello negro de Jun Saito-dono estaba en una muy pequeña coleta y un par de mechones caían a los costados de su mejilla y un flequillo bien acomodado cubría su frente. —Así que todo eso te pasó, Yukina Tachibana-chan. —dijo Jun Saito-dono. —No me imagino cuánto sufriste, pero supongo que todos pasamos por eso. Yukina levantó un momento el rostro. Sobre el puente de su nariz había unas pequeñas pecas que siempre cubría con maquillaje, ya fuera para ir a trabajar bajo su faceta de Nozomi Sakuranomiya o en su trabajo como modelo. Su rostro ovalado, simétrico se complementaba con aquellos grandes y expresivos ojos verde esmeralda. Sus labios carnosos estaban ligeramente abiertos ante la respuesta de Jun Saito-dono, mostrando el filo de sus dientes blancos y perfectos. —Sa… Saito-dono… —Pero… si no fuera por eso y tu crisis el plan hubiera tenido éxito. —Jun Saito-dono se llevó las manos a la cabeza, llena de frustración. —¡Mi plan de hacerme con la compañía Mangetsu se vino abajo porque tú no pudiste soportar un estúpido rechazo! —Lo… lo siento. —respondió Yukina regresando a su posición. Jun Saito-dono se acercó a Yukina y la tomó del hombro. —Sa… Saito-dono… —dijo Yukina en voz baja. —E… escuché antes de… de todo esto que Ayane Kisa… Kisaragi-san, hablaba sobre un supuesto acosador para Haruto. —¿Acosador? —S… sí… no sé si eso sea cierto, pero fue lo que escuché… Jun Saito-dono frunció el ceño confundida. No parecía haber escuchado nada de eso. —Como sea. Aún tenemos una oportunidad para que el plan tenga éxito y eso es hablar con Gon Asahina. Yukina volvió a levantar un poco el rostro, viéndose a los ojos. —Pe… pero supe que… que Gon Asahina está en América cuidando a su esposa… Jun Saito-dono cambió su rostro de confusión a interés. Sonrió para sus adentros y se puso en cuclillas para ver a Yukina. —Tú tienes más información de la que necesito. Quisiera hablar con tus fuentes. —¿Fuentes? —Me gustaría conocer esas fuentes, Tachibana-chan. Yukina se quedó mirando como si no entendiera de lo que Jun Saito-dono hablaba, pero afirmó tímidamente. Jun Saito-dono sacó su teléfono e hizo una llamada. —Fubuki-san, soy yo. Necesito dos boletos para ir a Estados Unidos… ¿a dónde?, ¿Tachibana-chan, en qué parte están? —Cre… creo que en California… —Ya oíste Fubuki-san, que sean lo más pronto posible. En primera clase está bien, pero si puedes contratar un avión privado estaría súper. Bien, está todo listo, nos vamos a América en los próximos días. A la misma hora, en Kita-Senju, Haruto estaba durmiendo de espaldas al lado de Akari. Sin darse cuenta, ella estaba acurrucada en el regazo del chico, que roncaba profusamente. Él sostenía un cigarrillo apagado entre sus dedos. Ella tenía su mano cerca de la de él.




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