Varios días después, Haruto y Akari estaban dentro del departamento de Kita-Senju. Haruto le acercaba agua o lo que veía que necesitara al escritorio de Akari. Ella, en sus muy pocos descansos, le daba una galleta o algo en la mesita baja donde trabajaba Haruto. Yui Fujimoto seguía concentrada en su trabajo de apoyar a Akanari-sensei. El calor de los días luego cambiaba gracias a los fuertes tifones que pegaban en Tokio en esas fechas de agosto.
Ese día se preveía que uno de esos tifones pegara de lleno en la ciudad. Haruto, preocupado por el bienestar del departamento de Daikanyama, tomó su impermeable, una sombrilla y se despidió con la mano de Akari y de Yui. Ellas usaban suéteres largos y hoodies para aliviar el clima fresco y la humedad dentro del departamento de Kita-Senju.
Haruto llegó a la estación del metro. Se notaba que las salidas bajo el sol habían hecho lo suyo, no estaba tan delgado y había bajado su consumo de cigarrillos, de una o dos cajetillas al día a menos de la mitad actualmente. Lucía aún con la barba de dos días, pero trataba de afeitarse cada que se acordaba. Sus anteojos lucían limpios, cuidados.
Llegó a Daikanyama cerca de la una de la tarde. Se apresuró a su departamento. El cielo estaba de un uniforme gris plomizo, el aire se sentía denso, pesado y a la vez quieto. Haruto sintió que le dolían un poco los oídos por la repentina baja presión atmosférica. En su paso, algunos locales ya tenían las cortinas metálicas cerradas y otros estaban a punto de hacerlo.
El viento aumentaba sus ráfagas poco a poco. Movían los árboles y las señalizaciones. La vibración de esos objetos moviéndose, hacían algo ominosa la ciudad. Él llegó al departamento 303. Revisó que nada estuviera fuera de lugar o que no hubiera “regalos” extraños. El cielo se oscureció de golpe. Una fuerte ráfaga de viento casi lo tira al pasillo. La lluvia empezaba de manera intermitente. Apenas entró, se volvió constante y horizontal gracias a la fuerza del viento. Las ventanas del departamento 303 resistían lo mejor que podían.
—Creo que fue mala idea venir… —se dijo al escuchar vibrar las ventanas y la puerta. Revisó el refrigerador, estando vacío. La alacena tenía algunos enlatados como atún y soya y decidió prepararse algo para comer y pasar el tiempo ahí encerrado en lo que bajaba la intensidad del tifón.
Una media hora después, aproximadamente, la puerta del departamento 303 se escuchó con algo de desesperación. Haruto frunció el ceño, pensando en qué loco saldría a tocar a su puerta. Se fijó en la mirilla y casi cayó al piso por la sorpresa. Era Yukina Tachibana, vestida con una sencilla minifalda y una blusa ligera y botas a la altura de las rodillas. Se quedó sentado en el piso, debatiendo si debía abrirle o no, pensando, según él, en lo más sensato: abrirle y salir corriendo a una de las habitaciones.
La lluvia arreciaba cada minuto que estaba debatiendo internamente. Finalmente, se levantó y le abrió. La pobre chica estaba más que empapada. Temblaba de frío.
Haruto, con algo de desgano, estiró su mano hacia Yukina, quien lo aceptó con una gran sonrisa, entrando al departamento. Haruto le aventó sutilmente una toalla para que se secara y le dijo que podía bañarse. Él trataba de mantener distancia de ella, pero le dejó una muda de ropa limpia y seca en lo que la de Yukina estaba en la lavadora.
—¿Y bien… qué haces aquí? —preguntó Haruto comiendo algo de atún con más desgano de verla ahí usando un hoodie suyo y pantalón de yoga de Akari.
—No creí que estarías aquí…
—¿Qué quieres, Yukina?, ¿no quedó claro lo que te dije la otra vez?, yo estoy casado con Akari Minase.
—Lo sé…
—¿Entonces, a qué viniste en medio de un tifón?
—Solo quería verte y darte una noticia…
Haruto la vio con desconfianza. El cuerpo del chico se puso en alerta, agachando un poco la cabeza entre sus hombros como si fuera a recibir un golpe. Yukina, por su parte, se sentó en el sofá frente al televisor. El viento golpeaba fuertemente contra el ventanal del balcón. La lluvia parecía arreciar con cada minuto que pasaba. Haruto seguía inmóvil en la barra de la cocina tratando de pasarse un bocado de atún.
Yukina volteó ligeramente el rostro. A pesar de la ligera distancia que había entre ellos, los ojos verde esmeralda de la chica hicieron que Haruto recordara algo, sonrojándose de inmediato.
—Tranquilo, Haruto. Esta vez no vengo con amenazas. Solo es que me voy a California en unos días.
—¿California? —preguntó Haruto confundido.
—Sí, voy a pasar unos días allá con mi familia… —desvió la mirada cuando dijo eso.
—¿Y para eso viniste hasta acá?
—La verdad es que tengo ganas de conocer a tu esposa. —le dijo Yukina con una gran sonrisa que hizo que Haruto tuviera un fuerte escalofríos.
—No, gracias. Vas a salir con alguna tontería que me metería en problemas.
—Solo la vi un par de veces en la universidad. Parece linda.
Haruto sacó un cigarrillo y lo prendió.
—Dime en verdad, qué es lo que quieres, Yukina. Tú nunca actúas así y menos sales en medio de un tifón. Siempre estás en Europa u otros lados justamente porque odias este clima.
Yukina se levantó de golpe y se acercó a la barra. Estando del otro lado, se inclinó un poco y vio a los ojos al chico.