Al día siguiente, Haruto estaba en la barra de la cocina desayunando algo de atún sobrante y un vaso de jugo. La cajetilla de cigarros estaba a un lado del plato. Estaba concentrado en su comida que decidió ir mejor al supermercado a comprar algo más de la despensa por si Akari regresaba a descansar antes de continuar con su trabajo. Pensó en mandarle un mensaje para decirle que estaba bien, pero decidió que no.
Afuera, las nubes aún cubrían gran parte de la ciudad de Tokio, pero el calor y la humedad se empezaban a sentir de nueva cuenta.
Haruto llegó al supermercado de 24 horas e hizo algunas compras sencillas: fideos, soya, algo de carne congelada, galletas dulces, más jugos y aguas, además de cigarrillos y un par de latas de cerveza.
Quería olvidar el mal sabor de boca de la repentina visita de Yukina el día de ayer en medio del tifón. Regresó rápido y buscó si había quedado algo olvidado de ella. Para su fortuna, no olvidó nada. Lavó la ropa que Yukina usó ayer que era prestada de ellos y la secó al aire con el poco sol que se filtraba por las nubes.
Su celular vibró un par de veces y era un mensaje de Honoka: “Haruto-nii-sama, me voy a Texas a ver a nuestra madre. Nos vemos en unos días.”.
Haruto sacó otro cigarrillo y veía la ciudad de fondo. Su corazón latía tranquilamente. Al terminar de fumar en el balcón, tomó un cuaderno y un bolígrafo y empezó a escribir unas posibles ideas para mandarle a Ayane.
Ayane Kisaragi ha sido su editora desde la universidad y parecía no envejecer. La única vez que él le mencionó eso, casi lo termina aventando del piso 30 de la Editorial Mangetsu. Haruto se rio al recordar las veces que Ayane siempre le terminaba aventando cosas cuando le recordaban su edad.
Al terminar de escribir en el cuaderno, le mandó una foto a su editora. No pasaron cinco minutos cuando se lo rechazó de inmediato: “Esto está peor que tus otros trabajos.”.
Una notificación del clima le llegó a su celular. Al revisarla, advertía de lluvias dispersas desde la una de la tarde. Eran las once de la mañana y decidió meter la ropa, aún húmeda, al baño para que se secara. Terminó de acomodar la casa y salió a Kita-Senju antes de que empezara a llover.
Durante su camino a la estación Daikan-Yama, Haruto recordaba su etapa en la universidad. La forma en que se fue uniendo a Akari. Cómo él le presentó a diversos editores, cómo él la llevaba a convenciones a mostrar su arte y ahí ella fue ganando algunos seguidores. En cambio, Akari lo veía con odio y desprecio. No estaba muy convencida de estar con él por negocios pero si no fuera por eso, no habría conocido la Editorial Mangetsu.
En una de las convenciones de verano de un par de años atrás, Akari temblaba en ese entonces al mostrar sus trabajos al público. Una cosa eran las redes sociales, donde sabía manejar incluso a aquellas personas que “odiaban” su trabajo.
Tartamudeaba al hablar con algunos fanáticos que la conocían de sus publicaciones en línea o cuando llegaba a vender algún dibujo, dudaba en si dio bien el cambio. Haruto, en ese entonces, creyó ver una sonrisa de satisfacción en Akari al hacer ese trabajo.
Incluso, en los eventos de invierno, él la arrastraba a los grandes salones. Akari se quedaba paralizada ante la multitud que se paraba en su stand. Antes de dichos eventos, ella tenía unas ojeras más grandes que las actuales. Pasaba muchas noches en vela corrigiendo y arreglando dibujos que para la gente común consideraría que eran buenos.
Su cabello estaba algo grasoso, enredado, por no darle tiempo de ducharse. Creyó que esa vez olía mal y no podía moverse para ir a comprar un desodorante. Pasó hambre, frío y muchas ganas de ir al baño, mientras Haruto, le sonreía animadamente, indicando a los asistentes que visitaran el stand de Akari, ubicado justamente en el centro del salón de eventos, gracias a las influencias de Haruto.
La mente de Haruto estaba borrosa porque en ese grupo creía que había alguien más aparte de Yui Fujimoto, Akari Minase, Ren Olvia y él. No le tomó mucha importancia y estuvo a punto de prender un cigarrillo cuando unas señoras lo vieron feo por querer fumar en la calle. Apenado, guardó el cigarrillo y llegó a la estación Daikan-Yama.
El metro tardó un poco más en llegar. Abordó el tren apenas llegó. Durante el trayecto, observaba el paisaje urbano. Las nubes grises que tímidamente dejaban pasar los rayos del sol. Podía intuir un ligero viento al mover algunos árboles cercanos. Revisaba el celular y aún dudaba si mandarle un mensaje a Akari.
Bajó en la estación Kita-Senju y se dirigió a pie al departamento. Unas gotas de lluvia lo sorprendieron y se apresuró en su paso. Entró al departamento 405.
—Ya vine… —dijo. Sus ojos se entrecerraron un poco, acostumbrándose a la luz LED que acompañaba a Akari. Ella, sentada frente a su escritorio vio de reojo la puerta. Se mordió el labio, llevando una de sus manos a la bolsa de su hoodie. Apretó con fuerza la fotografía hasta casi deshacerla. Sacó la mano de su hoodie y tomó uno de sus lápices y se apoyó en su escritorio. Sus ojos lucían perdidos, mientras dibujaba. Trataba de que su mano no temblara. La banda en su cabeza estaba mal acomodada y tenía al revés sus guantes de dibujo.
Escuchó de nueva cuenta la voz de Haruto, pero ella no se tomó la molestia en escuchar, solo movió un poco los ojos a donde estaba él, movió ligeramente la cabeza, como si hubiera confirmado su llegada y regresó la mirada al dibujo.