El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Herencia y Negociación

Jun Saito-dono y Yukina Tachibana observaban a Haruna Asahina, mientras ella se acomodaba en su silla de ruedas. Le dio la indicación a la enfermera y ella le dijo que en 10 minutos regresaba.

Gon Asahina sonreía exageradamente de oreja a oreja. Desde que conoció a su esposa siempre le excitaba verla negociar. Así fue como él se cambió de apellido cuando se casaron treinta años atrás, apenas salieron del bachillerato.

—Haruna-onee-sama está lista para escucharlas, chicas.

Jun Saito-dono tragó algo de saliva. Podía sentir el ambiente algo pesado. Se tronó los huesos del cuello y se acomodó en su silla.

—Asahina-dono, me presento. Soy Jun Saito, hija de la familia Saito…

—Creo que he escuchado algo de ellos. Es una lástima que tus padres hayan fallecido y tú hayas quedado a cargo de sus negocios… —interrumpió Haruna. Se llevó una mano a su boca como si hubiera dicho una imprudencia. —Disculpa, Saito-chan. Continúa.

—Asahina-dono… —tomó un poco de agua para aclararse la garganta. —Quiero comprar el 51% de las acciones de la Editorial Mangetsu. No me importa el resto de sus empresas, solo esa editorial.

Gon Asahina soltó una carcajada al escuchar eso.

—¿Ves, amor?, te dije que esta chica es interesante.

—Ya lo estoy viendo. Como sabes, una negociación es de dos partes. ¿Yo qué gano con esto?

Jun Saito-dono miró a Yukina. Ella, nerviosamente le dio el visto bueno.

—Bien, Asahina-dono. Le ofrezco no solo a Yukina Tachibana para que se case oficialmente con su hijo, sino una forma de deshacernos, sin lastimar a nadie, de Akari Minase. No solo eso… —Jun Saito-dono se levantó de su asiento y se hincó a los pies de Haruna Asahina. —Le ofrezco trabajar para usted y la mayoría de las acciones de la empresa de mis fallecidos padres.

Haruna se impresionó al escuchar eso. Volteó a ver a Gon, quien se había puesto extrañamente serio. Ella sabía que su esposo estaba analizando todas las posibilidades, incluso las más irreales y por eso confiaba en que él tomara la mejor decisión.

—Saito-chan, en ese caso no es necesario que hablaras conmigo sino con Gon-kun. Él es el encargado de esa editorial y todo lo que tenga que ver con la cultura.

—Jun-chan… —dijo finalmente Gon. —Es una buena propuesta, pero veo fallas en tus planes. Mi experiencia me dice que tu plan podría fallar, pero ver a Haruto felizmente casado con Yukina-chan es lo que me da la esperanza de que consigamos nuestros planes favorablemente. ¿Cómo vas a hacer para nadie salga lastimado en esta operación?

He trabajado con Akari Minase-san por los últimos cinco años. La conozco muy bien, tanto profesional como personalmente… además, tengo a la persona indicada para ello. Es alguien que ni su hijo ni Akari Minase-san recuerdan. —dijo Jun Saito-dono.

Gon Asahina se bajó un poco los lentes de sol para ver a Jun Saito-dono. —Bien. Si me garantizas que no habrá afectaciones, será trato hecho pero no firmaré nada hasta que mi hijo haya aceptado su matrimonio con Yukina-chan.

Jun Saito-dono se levantó del piso y fue a estrecharle la mano a Gon Asahina. Él aceptó con una sonrisa condescendiente.

Cuando las chicas se fueron a descansar antes de partir de vuelta a Japón, Gon y Haruna se quedaron un momento dentro de la oficina.

—¿Por qué aceptaste si sabes muy bien que nuestro hijo rompió su compromiso con Tachibana-chan? —preguntó Haruna.

—Porque siempre existe ese riesgo, cariño, de aquello que no se puede prever. Por eso sueles dejarme la mayoría de las negociaciones mientras tú te encargabas de otros asuntos, cariño. Ven, vamos para que descanses. —Gon empezó a empujar la silla de ruedas de Haruna. Ella se volteó un poco, tomándolo de la mano. Él sonrió algo sonrojado.

—¿Por cierto, qué dijo Honoka al respecto? —preguntó Gon en voz baja.

—Por lo que me dijo, sigue un poco molesta por cómo tu hijo rompió con Tachibana-chan, pero que lo entiende. Honoka salió a ti, Gon-kun. Una negociadora implacable…

—Y Haruto salió terco como su madre.

En un hotel cercano al centro de Houston, Yukina y Jun Saito-dono estaban sentadas en la cama. Por error, el hotel les había asignado una sola habitación con una cama individual en lugar de dos habitaciones separadas.

—Jun-chan… ¿crees que sea buena idea?

—Ya abrí mi bocota con ellos…

—Sí, lo sé, pero no quiero lastimar a nadie más… ya ves lo que pasó con Iori…

—Nadie va a salir lastimado. Lo de esa vez fue un accidente que se nos salió de las manos.

—Sí, pero…

—Por ahora debemos de enfocarnos en que recuperes a Haruto. ¿Lo quieres a tu lado, no?, aunque eso signifique lastimarlo. A esas heridas me refiero, no a nada físico.

Yukina se quedó pensando un poco. Sentía una pequeña opresión en el pecho de tristeza y melancolía.

—Ten… —la interrumpió la voz de Jun, lanzándole una peluca y dejándole a su lado un par de lentes de contacto y algo de ropa elegante. —Ahora necesito que Nozomi Sakuranomiya aparezca. Tenemos que hacer algo antes de regresar a Japón el lunes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.