El lunes llegó en un abrir y cerrar de ojos. Yukina Tachibana y Jun Saito-dono llegaron a Ebisu. A pesar de viajar en avión privado, se notaban muy agotadas del viaje de fin de semana a Estados Unidos. Ambas querían ir a dormir, pero se bajaron en el edificio donde vivía Iori Nagato.
—Jun-chan… ¿estás segura de esto?
—Tachibana-chan, eso no se discute. Ya vendí mi alma al diablo para conseguir más dinero y poder del que, incluso alguien como tú, que jamás te has imaginado. Si no ganamos todos tus esfuerzos habrán sido en vano. —Jun Saito-dono abría y cerraba sus dedos, observando fríamente el elevador que las llevaría hacia donde vivía Iori.
—Pero, Jun-chan…
—Él es nuestra última oportunidad de que finalmente seas feliz, Tachibana-chan.
Subieron al octavo piso, llegando al departamento 804. La puerta estaba abierta. Dejaron sus zapatos en la entrada, al lado de las botas militares de Iori. Cruzaron el pasillo, encontrándose con la virgen. Yukina se asustó al ver la estatuilla, pero siguió atrás de Jun Saito-dono.
Abrieron la puerta de la habitación de Iori y lo vieron recostado en la hamaca, leyendo una novela de fantasía abrazado de su dakimakura.
—Hace mucho no nos veíamos, Iori. —dijo Jun Saito-dono.
El chico siguió leyendo sin prestarles atención. Se acomodó sus gafas y cambió la página.
—Es hora de hacer negocios, Iori. Si haces algo por nosotras, te prometo que no te volveré a molestar con mis asuntos.
—Jun-chan… —dijo en voz baja Yukina.
—¿Qué quieres, Jun? —dijo Iori sin dejar de leer.
—Estamos en una situación bastante complicada, Iori. Estoy segura de que esta batalla será la más difícil de todas…
—No quiero. —dijo tajantemente Iori sin moverse un centímetro de su lugar en la hamaca. Yukina se puso pálida al escuchar la rápida respuesta de Iori.
—Mejor regresen después, cuando termine mi libro.
—¿No quieres?, bueno… —Jun Saito-dono sacó su teléfono y mostró una foto de la familia Asahina, dándose la vuelta. —Es una verdadera pena, pero eres el único en el que puedo confiar para un trabajo así para vender a ese tal Gon Asahina. Disculpa la molestia. —Jun Saito-dono se volteó para inclinarse de despedida de Iori. Cuando se levantó, le hizo una señal con el rostro a Yukina para que se fueran.
—Espera… —dijo Iori bajando su libro y moviendo la cabeza a donde estaban las chicas.
—Esa tonta cara de rico arrogante de Gon Asahina, que todos se deben inclinar ante él por su mera presencia… —Iori se levantó de su hamaca. —Si puedo golpear su estúpida cara de ese arrogante estúpido, ¡cuenten conmigo!
Yukina se puso más pálida mientras sus ojos se abrían y se ponían, exageradamente, en blanco por la sorpresa de escuchar tales amenazas.
—Bien… ¿qué quieren que haga?
Jun Saito-dono sonrió maliciosamente sin que nadie la viera.
—No es nada solo tienes que separar a Akari Minase y a Haruto Asahina. Ya sabes, romper su relación, así, tú puedes no solo golpear a Gon Asahina, sino también quedarte con Akari Minase. Claro, Haruto Asahina se casaría con mi amiga, aquí presente y yo tendré todo el dinero del mundo para incluso que tú y Akari Minase dejen de trabajar. Con todo ese dinero a tu disposición, podrías comprar más cosas de Tsuki no Miko y no conformarte con una simple almohada.
Iori se quitó las gafas de ver, las puso en su librero.
—Necesitamos también a tu informante para saber los movimientos de todos.
—¿Y mantenerme bajo vigilancia también?, yo hago las cosas a mi manera. Cuando pase eso, serás la primera en saberlo. Tachibana-san, acompáñame. Ese libro me acaba de dar una idea para empezar.
—¿A… a dónde vamos?
—Solo que vas a tardar en descansar un rato más. Jun si quieres quedarte, hay algo de comida en el refrigerador y si quieres dormir, está la sala.
Antes de la reunión de esa misma mañana entre Iori y las chicas, Haruto recibió un mensaje de su hermana Honoka. Dicho mensaje solo decía “Saitama”.
Haruto se apresuró a ir para allá. Al bajar del metro, sacó un cigarrillo y lo prendió, soltando humo sin sacarlo de su boca. Él revisó de nuevo su teléfono viendo el mensaje.
—Esa tonta solo me dijo que estaría aquí, no su ubicación exacta… ¡HO-NO-KA!
Se puso a caminar, fumando sin importarle las normas sociales. Las colillas que terminaba las dejaba dentro de su cajetilla y seguía avanzando sin rumbo fijo.
Akari iba cruzando al otro lado de la calle sin que ambos se vieran. Iba algo cabizbaja con rumbo a la estación. Después de pasar el fin de semana en casa de sus padres, iba con rumbo a la Editorial Mangetsu para hablar con Shinji Himari para disculparse y comprometerse a terminar el contrato del manga. Ella pensaba que si fuera Jun Saito-dono, tendría que ofrecerle algo más que unas simples disculpas. en parte se alegraba de que eso no pasara.
Entró a la estación del metro y esperó por el tren que la llevara de vuelta a Tokio. Haruto, por su parte, llegó a un parque cercano, haciendo una llamada.