El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Bomba sonriente

Haruto Asahina se levantó con un fuerte dolor de cabeza. Se llevó las manos a sus sienes. Trataba de recordar qué fue lo que pasó, pero su memoria estaba difusa. Como pudo se arrastró adentro del departamento de Kita-Senju. Estaba oscuro y el aire acondicionado había enfriado de más el lugar. Avanzó lentamente hasta llegar al escritorio de Akari. Tosió muy fuerte y por un momento pensó que iba a vomitar por el dolor de todo el cuerpo que le llegó repentinamente.

—¿Dónde está… Akari?

Con sus pocas fuerzas, se recargó en la pared, viendo fijamente la puerta. Le seguía doliendo todo el cuerpo. Su rostro estaba hinchado del puñetazo que recibió. Tenía el ceño fruncido. Puso sus rodillas sobre su pecho sin dejarse caer. Sus manos se posaron sobre sus rodillas. ¿Qué estará pensando?

No sabía cuánto tiempo había pasado en esa misma posición. Con dificultades se levantó. Sentía arder su rostro. Colocó su mano sobre el muro y avanzó hasta la puerta. El cielo lucía un poco nublado con algunos tímidos rayos de sol del atardecer tardío. Abrió la puerta. Arrastrando los pies bajó las escaleras hasta la planta baja. Pidió un taxi hacia Saitama.

Trató de comunicarse con Akari por mensajes y llamadas, solo que ella no contestaba.

Durante el trayecto, cerraba los ojos por el cansancio; sintiendo como si su corazón se acelerara, apretó los puños sobre sus rodillas. Había algo de tráfico por las personas que regresaban de trabajar. Se reclinó en la ventana, finalmente cediendo al cansancio.

Tras una hora de viaje por el tráfico, Haruto se bajó del taxi en la estación principal. Vio a algunos estudiantes que se apresuraban a regresar a casa antes de la hora establecida. Los trabajadores hacían lo mismo, no prestándole atención a su rostro hinchado.

Sacó su celular e hizo una llamada.

—Honoka, soy yo. Ayúdame a investigar dónde viven los padres de Akari. Sí, traté de llamarla pero no me contesta. Bien, esperaré.

En lo que esperaba la llamada de vuelta de su hermana, Haruto entró a una cabina para fumadores, prendió su cigarrillo mientras observaba a la gente de afuera caminar. Vio la cajetilla que estaba llena. Recordó brevemente a Akari y él en la biblioteca de la universidad. Él la observaba atentamente, mientras ella tenía dificultad con un trabajo que un profesor les había pedido.

Casi terminándose su cajetilla de cigarros, su teléfono vibró. Era un simple mensaje de Honoka con una dirección.

Haruto dejó el cigarrillo a medio terminar en la basura y salió rápidamente. Un poco de humo de cigarro lo acompañaba, apresurándose a ir ya que, según el mapa, estaba cerca de la estación.

Vio la pantalla de su celular marcando las once de la noche. Dudó en ir a tocar la puerta pensando en que ya estaban durmiendo. Se detuvo a medio camino y vio sus manos. Respiraba tranquilo. Su rostro le dolía, pero menos. Intentó marcar una vez más a Akari, pero no hubo respuesta. Le mandó otro mensaje. Sacó su último cigarrillo cuando Akari le contestó: “No me busques más…”.

Él observó un poco más de tiempo la pantalla. El cigarrillo que tenía en la boca se cayó por la sorpresa. Al tratar de levantarlo, sus manos temblaban y la vista se le nubló un poco. Puso una rodilla en el suelo. Respiraba agitadamente. Recordaba la pelea del viernes pasado con Akari y cómo ella salió en medio de la tormenta. Él tardó unos minutos en reaccionar antes de que sus pies corrieran tras ella.

—¿Por… por qué la seguí si me dijo que no me amaba?

Tomó, con dificultades el cigarrillo del suelo. Ladeó la cabeza confundido. ¿Cómo que no la buscara más?, ¿a qué se refería?

Trató de mensajear a Yui y a Ren, pero ninguno le contestó. Se llevó la mano a la barbilla pensando. Era su última oportunidad. Regresó a la estación y pidió otro taxi de vuelta a Tokio. Tenía una ligera idea de dónde podría estar Akari y así hablar con ella para que le explicara su mensaje.

Después de hora y media de viaje por la descompostura de su taxi y alcanzar el último tren a Tokio, llegó afuera de la casa de Ren y Yui. Tocó la puerta cercano a la una de la mañana.

Yui abrió con Ren detrás de ella. Él estaba de brazos cruzados, con una mirada seria. Ella, en cambio, al verlo agachó un poco la mirada.

—Quiero ver a Akari…

—No está aquí, Haruto.

—No está en Saitama con sus padres porque vengo de allá, ni en Kita-Senju y no creo que esté en Daikanyama…

—No la vas a ver Haruto, no después de lo que le hiciste a esa chica en la tarde.

—¿Lo que le hice?

Yui le contó, a secas, lo que ella y Akari vieron y escucharon.

—Ese golpe te lo tenías bien merecido.

Haruto trató de responder, pero hizo una cara como si no supiera de qué le estaban hablando. Vio el rostro de Yui y lo comparó con el rostro de Yukina de la tarde. Cerró los ojos un momento para calmarse. Sin darse cuenta, Haruto le puso una mano sobre el hombro de Yui a lo que Ren se terminó acercando.

—Mejor vete, Haruto. No es momento de que hables con ella.

—Pero Ren, al menos déjame explicarle…

—¡No hay nada que explicar! —intervino Yui. —hu… humillar a una pobre chica indefensa…




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