Akari estaba recargada en la ventana del segundo piso de la casa donde vivían Yui y Ren. Veía la calle tranquila. Algunas personas y estudiantes que pasaban cada cierto tiempo.
Suspiraba pesadamente. Las ojeras bajo sus ojos eran más grandes que cuando se quedaba hasta la madrugada dibujando. Había escuchado detrás de la puerta toda la conversación de Yui con Haruto en la madrugada. Hasta que escuchó el nombre de “Yukina”. Fue ahí que decidió subir a encerrarse a ese cuarto. Yui la iba a ver cada hora para comprobar que no hubiera hecho una tontería. Se quedaba unos minutos en los que Akari fingía dormir y salía de la habitación.
Akari, esa mañana pensaba más en la forma en que Haruto actuó contra esa chica. Podía recordar a medias que, cuando Haruto le propuso ser una pareja falsa para librarse de “Yukina”, él no le explicó bien el por qué debería de aceptar. Quizás Akari pensaba en ayudar a sus padres, que para entonces pasaban por una situación económica difícil o porque pensó en aprovecharse de él para subir escalones y tener un manga que se volviera famoso. Ella no estaba del todo segura. Había alguien más junto a ella, apoyándola frente a los demás, pero cuando llegaban a estar solos, le decía cosas que la incomodaban (no en el índole sexual), sino algunas cosas sobre Haruto, lo cual ella no entendía en ese momento, como: “él solo te está utilizando”.
Solo que el rostro de quien se lo decía entonces, no lo recuerda muy bien que digamos.
Akari miró sus manos un momento. Esas manos que antes cuidaba con cremas, lociones y guantes especializados, ahora lucían algo lastimados, con callos y ampollas, algunos ligeros cortes. Las trataba de apretar y sus dedos le dolían. Se rio un poco.
“¿Cuándo me enamoré de él?, ¿cuándo es que dejé que esta farsa se hiciera realidad?”
Yui entró después de tocar un par de veces.
—Hola, ¿cómo sigues Akana… digo, Akari?
—Buenos días… —respondió Akari con desgano sin dejar de ver por la ventana.
—Veo que no pudiste dormir. ¿Vas a ir a verlo?
Akari volteó a ver a Yui. Le sonrió tímidamente y negó con la cabeza. —No creo que sea tiempo para verlo. No después de lo que le dijo a esa pobre chica.
Yui agachó un poco la cabeza. Dudaba sobre si decirle o no sobre ciertos asuntos que Haruto le dijo durante la universidad e hizo prometer que nadie se debiera de enterar. Yui respiró profundamente y cerró la puerta.
—Akari… debemos hablar. —su voz ya no sonaba baja sino algo segura.
Dentro del departamento de Daikanyama, Gon Asahina se sentó en el sofá subiendo sus pies a la mesita de centro. Haruto acomodó uno de los sillones para sentarse frente a él. Gon sonreía mientras tenia el ceño fruncido. Se quitó las gafas de sol y extendió los brazos sobre el respaldo del sofá.
—Eres un grandísimo idiota. —dijo con voz casi estruendosa, cuidando de no molestar a los vecinos. —Lo tenías todo en tus manos. Dinero, fama, poder. Pudiste comprar Mangetsu y otras subsidiarias más con el dinero que te di y ¿Qué fue lo que hiciste?, desperdiciarlo al casarte con esa mujer.
Haruto bajó la mirada. Veía los pies descalzos de su padre.
—Es cierto, yo te críe duramente para los negocios. Aunque fuera por puro interés, no me importaba que te casaras por amor real con Yukina-chan. Arruinaste mi negocio de hacerme del control de las industrias del anciano Tachibana. Él solo tiene a su muy manipulable hija. No sé qué fue lo que le dijiste y la verdad no me importa. Solo me importa, ahora, que tanto Honoka como tú estén bien.
Gon bajó los pies al suelo y los brazos los puso sobre su rodilla. En la frente se podían ver algunas venas. Su rostro estaba rojo de la furia, pero trataba de calmarse.
—Como miembro de la familia Asahina debes de asumir tus responsabilidades. ¿Quieres vivir como un pordiosero y mediocre?, adelante, desde este momento dejarás de existir como mi hijo, con un par de condiciones. La primera es que tienes que disculparte con Yukina y espero que sea una muy buena disculpa. No una a medias, ni una falsa. Una muy sincera disculpa. La segunda: vamos al ayuntamiento a divorciarte de esa mujer de segunda…
Haruto apretó los puños y estuvo a punto de levantarse a decirle algo a su padre para que no hablara así de Akari, pero la mirada fría de Gon lo hizo detenerse.
—… la tercera, vas a venir conmigo a Houston para que cuides a tu madre. Si vas a ser una persona de tercer nivel, vas a vivir como una persona así. Te vas a ganar tu sueldo cambiando a tu madre y cuidándola como su sirviente.
Haruto, quien seguía con los puños apretados y rechinando los dientes, dejó caer la cabeza y los brazos.
—Hay una cuarta, pero eso depende de la respuesta de Yukina.
Al mismo tiempo que empezaba la charla entre Gon y Haruto en Daikanyama, Akari salía de la casa de Yui. Corría a toda velocidad para ver a Haruto.
Durante el trayecto, Akari recordaba lo que Yui le acababa de decir.
“Haruto es un niño temeroso de su padre. Él buscaba hacerse de alguna compañía, como la Editorial Mangetsu para restregarle en la cara de su padre que podía hacerlo desde abajo. Por eso te utilizó… digo, reclutó a muchos dibujantes, escritores, editores que poco a poco lo fueron abandonando. Tú fuiste la única que se quedó con él. No hay ningún motivo oculto por el que haya roto su compromiso con Yukina, que antes era un poco manipuladora; ahora no lo sé, porque no la había visto hasta ayer que estaba algo… cambiada físicamente.”