La noche en que Renata Salvatierra regresó a Buenos Aires, llovía como si el cielo quisiera borrar las huellas de su pasado.
Habían pasado seis años desde la última vez que había visto a Damián Ferraro.
Seis años desde aquella noche en la que descubrió que el hombre al que amaba había sido capaz de traicionarla.
Seis años intentando reconstruir una vida lejos de él.
Y ahora estaba allí.
Frente al imponente edificio de Ferraro Holdings, con un contrato de matrimonio entre las manos y una decisión que podía cambiar su destino para siempre.
—¿Estás segura de querer hacer esto? —preguntó Lucía, su mejor amiga, observándola con preocupación.
Renata miró las puertas de cristal.
—No tengo otra opción.
Pero aquello no era completamente cierto.
Sí tenía otra opción.
Podía marcharse.
Podía olvidar.
Podía negarse a entrar.
Lo que no podía hacer era permitir que Damián volviera a destruirla.
Las puertas del ascensor se abrieron en el último piso.
Damián estaba allí.
De pie frente a los ventanales, con la ciudad iluminada a sus espaldas y una copa de whisky en la mano. Había cambiado. Su rostro era más duro, su mirada más fría y su presencia mucho más peligrosa de lo que recordaba.
Cuando sus ojos se encontraron, ninguno de los dos habló.
El silencio dijo demasiado.
—Renata.
Escuchar su nombre en aquellos labios fue suficiente para despertar recuerdos que había enterrado durante años.
Ella dejó el contrato sobre el escritorio.
—Firmaré.
Damián arqueó una ceja.
—¿Sin leer las condiciones?
—Ya conozco las condiciones.
—No todas.
Renata lo miró fijamente.
—Entonces sorpréndeme.
Una sonrisa lenta apareció en el rostro de Damián.
No era una sonrisa de amor.
Era la sonrisa de un hombre que había esperado demasiado tiempo para recuperar el control.
—Seremos marido y mujer durante un año. Frente al mundo, tendremos un matrimonio perfecto. En privado, cada uno vivirá su propia vida.
Renata tomó la pluma.
—¿Y qué quieres a cambio?
Damián se acercó.
Demasiado.
El perfume de él le provocó un recuerdo involuntario. Una caricia. Un beso. Una promesa que terminó convertida en mentira.
—Quiero que cumplas tu parte del acuerdo.
—¿Eso es todo?
—No.
Sus ojos descendieron por un instante hasta los labios de Renata.
—Quiero que descubras cuánto cuesta volver a confiar en mí.
El corazón de Renata golpeó con fuerza.
—No volveré a confiar en ti.
—Eso también forma parte del contrato.
Ella firmó.
Damián tomó la pluma y estampó su firma junto a la de ella.
Dos nombres.
Una alianza.
Un año.
Y demasiados secretos.
Ninguno de los dos sabía que aquel contrato había sido construido sobre una mentira.
Ninguno imaginaba que alguien estaba manipulando los hilos desde las sombras.
Y ninguno estaba preparado para la noticia que llegaría semanas después y que convertiría aquel matrimonio de conveniencia en una prisión de emociones, deseo y consecuencias.
Porque Renata no sabía que Damián todavía la amaba.
Y Damián ignoraba que la mujer que había jurado no volver a amar estaba a punto de convertirse en la persona más importante de su vida.
La venganza había sido el motivo de su regreso.
El deseo, la debilidad.
Pero el amor…
El amor sería aquello que ninguno de los dos podría controlar.