El corazón quiere lo que quiere

Capítulo 1

 

"Sus ojos eran tan hipnotizantes que no me di cuenta de lo que pasaba alrededor, no me di cuenta de la hora, no me di cuenta de lo que yo era, lo más importante: no me di cuenta que él no me amaba."

Haley

—¿Estás bien, Haley? —preguntó Lilia, mi amiga de la universidad, en un tono bajo para que el profesor no la escuche. Ella estaba sentada a una carpeta de mí.

Esa era la pregunta que había escuchado los últimos cuatro días.

Y no lo estaba.

—Sí, gracias por preocuparte —fingí una sonrisa.

—Eres mi amiga es lo menos que puedo hacer... ¿Te parece ir a tomar algo después de que acabemos? —propusó.

—Tengo que estudiar —mentí—, pero quizá la próxima semana.

—Entiendo, sabes que puedes confiar en mí —Me dio una sonrisa reconfortante.

No creía que pudiera volver a confiar en alguien después de lo que paso. ¿Cómo podría confiar en alguien cuando las personas que quieres te traicionan? Realmente era difícil.

—Gracias por preocuparte.

No volvimos a hablar en toda la clase, sólo faltaban unos pocos minutos para que terminara.

Salí de la clase en cuanto terminó, entré al baño a hacer mis necesidades, entre en un cubículo y escuché unas risas, las reconocí de inmediato: Melanie y Sara.

—...le pediste perdón? —preguntó Sara.

—No he podido hablar con ella en persona, pero le he dejado mensajes, sólo que no los ve —respondió Melanie indiferente —. Igual nuestra amistad ya no era la misma, éramos diferentes y a veces no la soportaba, después de todo, esto me ayudo a pensar. Sólo quiero que reciba mis disculpas y luego podré disfrutar con Ian porque ¿Para qué ocultarlo cuando todos lo saben? Y muchos ya lo sabían.

Melanie a la que alguna vez llamé "mejor amiga" y" hermana" me ha traicionado y engañado, no puedo creer cómo no me di cuenta lo que había entre ellos, estaba tan embelesada en mi fantasía perfecta en donde tenía a mi novio y mejor amiga a mi lado en donde, según yo, sobraba la confianza y amor, y toda esa mierda era pura mentira.

"Muchos lo sabían" supongo que no tenía amigos.

—¿Qué te dijo Ian? —preguntó Sara.

—Él estaba molesto conmigo, pero ayer lo solucionamos, sabíamos que esto podría ocurrir en algún momento — escuché el cierre del agua del lavamanos—. Ya estoy lista.

Se escucharon los pasos de Melanie y Sara saliendo del baño.

Esperé unos segundos para confirmar que se habían ido.

Salí del cubículo y me paré al frente del espejo, mi vista cayó en él y vi mis ojos avellanas vidriosos, mis labios resecos y mi cabello castaño despeinado, me veía fatal pero no tenía ganas de arreglarme.

Salí del baño, me dirigí hacia la salida de la universidad y caminé tres cuadras hasta llegar a la parada de los buses.

Y lo vi.

Era él.

Ian.

El chico que amé más que a mí, al que le entregue todo mi amor, al que no supo valorar mi amor, al que le mostré todo de mí sin alguna vergüenza.

Se acercó a mí y yo retrocedí. Cuando hubo una distancia de un metro no avanzó más.

—Necesito hablar contigo —habló, calmadamente—, necesito que me escuches, por favor —rogó.

—Supongo que no hay nada que hablar, ¿cierto? —Me crucé de brazos.

—Te amo, siempre te amé, eso tienes que saberlo...

—No hay nada que decir —tenía un nudo en la garganta, pero no me desarmaría delante de él—, así que ahórrate el show. No necesito tu lástima, no tienes que pedirme perdón sólo para no sentirte peor o para que los demás no pienses que eres un hijo de puta, pero pensándolo bien, si es por la última razón, ya no deberías preocuparte; todos lo saben.

Terminé de hablar y le pasé por un lado.

—No vale la pena —susurró.

Ignoré lo último que dijo y seguí caminando.

Llegaría a mi casa en unos veinte minutos caminando.

No puedo creer que dijera "no vale la pena."

Tal vez fui demasiado ciega, tal vez confíe demasiado en el amor.

Después de haber caminado y pensado, llegué a mi casa.

No había nadie en ella. Mis padres, Karina y Brandon, llegaban a eso de las ocho o nueve de trabajar.

Vi la hora en mi celular, eran las 3:10 pm.

Subí las escaleras y entre a mi habitación, cerré la puerta con el pie, dejé todas mis cosas en la mesita de noche y me senté en la cama.

Y lloré, lloré porque mi ex mejor amiga me había traicionado con mi ex novio, me había dejado sola, a la que si me pedía cualquier cosa lo haría porque la amaba; lloré por la traición de Ian, por hacerme creer que él me amaba, por prometerme tantas cosas que nunca cumpliría, por pensar que lo nuestro sería diferente, pero lo que yo quería sería imposible; lloré por ser dependiente del amor de otros; lloré porque, realmente, estaba sola.

Limpié mis lágrimas y cerré mis ojos, casi me quedo dormida de no ser porque mi celular sonó.

Lo tomé y conteste haciéndome saber que era Lilia.

—Hola Haley, tal vez suene estúpido porque me dijiste que ibas a estudiar—pude ver como dudo al hablar—¿No te gustaría acompañarme a la fiesta de hoy? —dijo, entusiasmada.

Lilia y yo éramos amigas, no tan cercanas, pero si había salido y charlado con ella. La había conocido en la universidad ya que estudiábamos lo mismo.

—Hola Lilia, no lo sé, la verdad... es que no tengo ánimos. ¿Cuál fiesta?

Era cierto, no tenía ánimos, pero estaba pensándolo porque no quería estar sola. Y estos últimos cuatro días habían sido horribles, necesitaba respirar un poco.

—La fiesta es de Dane, no va haber mucha gente, es más como una reunión —hizo una breve pausa—. Sé por lo que estás pasando y por eso quiero decirte que no es bueno ahogar los sentimientos y quedarse enfrascada, si no quieres ir está bien, pero recuerda lo que te dije.

Eso era una señal ¿no? Tal vez tenía razón, básicamente, sí tenía la razón. Sólo que no me sentía bien, pero no podía seguir llorando todos los días.



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En el texto hay: melancolia, amor y lagrimas, dolor

Editado: 23.10.2020

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