El Cuerpo de Sara (censurada)

Prólogo del Autor

Prólogo del Autor

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Entonces, recibí una llamada a través de Instagram… ¿quién diablos llama a la gente a través de esa red social? Supongo que una persona que no tiene tu número de teléfono para hacerlo por WhatsApp o por la línea telefónica normal, y más si está en otro… ¿territorio? Aquella llamada de una persona anónima extraña golpeó mi cabeza y dio inicio a este proyecto que pretendo seguir expandiendo a futuro… o quizá no. Es mi primera vez intentando llevar a cabo un experimento de esta categoría por lo que, espero que todas las personas que lean los escritos de “Historias Anónimas de Internet” tengan paciencia, consideración y, sobre todas las cosas, una mente muy abierta y dispuesta a todo.

Resulta que esta persona era la misma cuyo caso (un rabbit hole de internet) me atrapó hace un tiempo y me hizo adentrarme en un abismo del que me costó demasiado salir. Concluí —después de muchos meses indagando e investigando— que la protagonista del caso estaba muerta, puesto que eso es lo que comentaban quienes fueron alguna vez sus más fieles seguidores. No entraré por ahora en detalles sobre su supuesta muerte ya que aquello hace parte del contenido de este libro, solo diré que el caso no solo dio un giro importantísimo sino que, además, la persona vino hasta mí justo después de que me di por vencido y decidí cerrar el maldito agujero de conejo.

La presente obra está [presuntamente] basada en un relato recibido de una fuente anónima, proporcionado por una persona cuya identidad no pudo ser verificada. De la misma manera, la afirmación de que la historia que aquí se presenta constituye un evento real viene por parte del usuario/a anónimo/a que decidió identificarse bajo el seudónimo de “Kelly Arias”, nombre que no representa la realidad de ningún ser humano y —afirma la persona dueña del relato— se trata de un mote totalmente falso para que podamos referirnos a ella de una manera concreta más allá de simplemente “Anónimo/Anónima”

Esta persona dijo ser una mujer de entre 20 y 25 años de edad, no proporcionó un número exacto para preservar mejor su identidad y no dejar cabos sueltos que puedan dar con su paradero. Ni su género ni su edad pudieron ser verificados de ninguna manera por lo que, como editor principal y responsable de la conversión del relato a la obra dramática, declaro de manera tajante que existe la posibilidad de que nada de lo descrito en el libro constituye un hecho veraz y que todo sea completa ficción inventada por la persona anónima con la que tuve la oportunidad de conversar.

De la misma forma, es posible que los eventos descritos por “Kelly Arias” sean total o parcialmente verídicos. Sin embargo y por lo anterior mencionado, es y será siempre legítimo —incluso recomendable— sospechar y dudar de la palabra de la o el usuario detrás del mote “Kelly Arias” y asumir que miente total o parcialmente. La conclusión de esto queda a criterio de cada lector/lectora. Por razones practicas, me referiré a ella a partir de ahora como una persona del género femenino bajo el ya mencionando apodo.

Yo, la persona detrás del seudónimo “Anónimo [m.c… no disponible]”, soy el absoluto responsable de convertir la historia que me fue presentada como auténtica por Kelly Arias, la persona anónima que hallé en internet y que decidió ocultarse para siempre. Encontré la historia de esta persona por pura casualidad mientras buscaba en la web cosas de otra índole para otros trabajos y acabé en un extraño “agujero de conejo” que no me dejó indiferente y me quitó mucho más que solo tiempo; me quitó energía, ánimo y esperanza en el mundo.

En mi poder todavía se encuentra el documento completo —compuesto de únicamente texto, sin imágenes ni evidencia contundente de nada— que me proporcionó Kelly Arias. Esta persona se fue para siempre del internet puesto que, según afirmó ella misma, decidió hacerse pasar por muerta ante sus seguidores, los cuales eran apenas unos pocos miles. Esta usuaria no era famosa ni medianamente popular, pero alcanzó a hacerse con un nicho que, aunque pequeño, fue lo suficiente como para considerar el acto de irse por completo del ojo publico de las redes sociales como la más prudente de sus decisiones.

Al final de este texto dejaré los motivos por los cuales no publicaré —al menos de momento— todo lo narrado por esa persona. En resumen, se trata de una mezcla de cuestiones éticas y legales que aun están por resolverse tanto en mi vida personal como en la de Kelly por parte de —obviamente— ella misma. Y, aunque dejo abierta la posibilidad de que llegue a extender este libro con la totalidad del escrito que me facilitó Kelly Arias, quiero dejar muy claro que, personalmente, creo que hay una probabilidad muy alta de que muchas de las cosas contadas por esta persona —e incluso la totalidad de ellas— no sean del todo reales, sin embargo, dejo a usted lector/lectora la última opinión.

Por último, una importante aclaración: No existe ningún sitio web real bajo el dominio edgechan.com, edgechan.net, ni ningún derivado o similar hasta la fecha de creación de este prólogo hoy 8 de junio de 2026. Se trata de un sitio ficticio creado con fines narrativos y de ambientación al que se referirá la obra siempre que aparezca el nombre “EdgeChan” y la frase “El Borde del Universo”…

Este es un nombre falso que tiene una similitud considerable con una página web en la que NO sucedieron los supuestos acontecimientos explicados por Kelly. El nombre funciona como una especie de parodia bastante cercana a un sitio real y que cualquier persona conocedora de ciertos lugares en la web podrá notar con bastante facilidad. Sin embargo, veo conveniente insistir en aclarar que en la página que se ve parodiada por el nombre y frase o eslogan NO ocurrieron los eventos representados en el libro. Aquello debe interpretarse más como una referencia a los sitios del tipo imageborad (tablón de imágenes) en general y no a uno solo en particular.




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