Verano de 2019
Sábado 15 de junio
A las ocho de la noche comenzó a llegar la gente a la casa de Karla; la pendeja más linda de todo el salón. Yo llegué a las siete y media porque vivíamos en el mismo barrio en aquel entonces. Aunque yo estaba en la parte más al sur y ella en el norte, era muy fácil llegar y no tenía la necesidad de tomar un taxi a esas horas, aunque si era lo más prudente después de las diez. Fui la segunda en llegar después de Marco; el mejor amigo de Karla. Él tenía 20 años, era el más viejo del salón porque repitió dos años escolares. Era un tipo de piel morena oscura y aproximadamente un metro noventa de estatura; ridículamente alto, incluso para su edad.
Karla era la más atractiva de nuestro grupo, según un montón de varones en todo el colegio. Tenía un [c*lo] estúpidamente grande, era perfecto con su complexión de mujer joven con una estatura inferior al metro setenta y superior al metro cincuenta. Incluso a mí me resultaba un [c*lo] bastante atractivo y llamativo a pesar de que no me gustan las mujeres. Estoy segura de que muchas chicas y chicos se llevaban bien con ella hipócritamente por varias razones. En el colegio siempre fue una persona terrible, una bully de las que mucha gente cree que solo existen en las películas pero que, lamentablemente, son tan reales como todo lo que ocurrió esa noche.
Era la primera fiesta —de muchas más en ese lapsus de dos semanas hasta el final del periodo escolar— que organizó Karla para celebrar el fin del último año del bachillerato. Ella era una bully bastante curiosa porque se la pasaba metida en sitios web que denominaba como “el origen del caos en internet”, algo que, según ella, leyó en un ensayo del que me habló varias veces y que supuestamente encontró en una página que fue cerrada. Aunque desconozco de qué escrito hablaba, recuerdo que me comentó aquello del cierre en una ocasión estando completamente drogadas. Me prometió varias veces que me enviaría por correo el archivo PDF del supuesto ensayo, pero siempre se le terminaba olvidando y a mí también.
No sé muy bien a qué se refería con ese “caos”, pero Karla tenía un sentido del humor demasiado peculiar, era pesado pero divertido al mismo tiempo, en el fondo me gustaba mucho y, no sé por qué, me hacía sentir algo culpable ese hecho. Creo que siempre fue más una cuestión de orgullo que de auténtica moral o reproche personal por las maldades que hacía o decía. Nuestro sentido del humor era fuerte, pesado y grotesco, algo que, según yo, no debía lastimar directamente a nadie, pero no es exactamente lo mismo un chiste que una broma y esa noche —o madrugada— lo aprendí con más claridad.
Estaba sentada en un asiento para una sola persona en la sala. Karla y sus secuaces estaban en el más grande, eran tres chicas: ella, Dayana y Sofía. Estaban un poco apretadas, muy pegadas entre sí a pesar del espacio de sobra. Frente a ellas, de pie, un grupo de tres varones: Alex, Gabriel y Marco, todos compañeros de aula en el colegio que estaba a muy poco de terminarse. Éramos siete en total, incluyendo a Carlos debíamos ser ocho.
Todos ahí éramos parte de la conversación, la música sonaba en el televisor a través de un par de parlantes tamaño mediano a muy bajo volumen y Karla hablaba al resto como una especie de lideresa autoproclamada. Todos la escuchaban con atención entre risas y yo me distraje un poco del objetivo. Ellos seis estaban muy juntos, yo estaba un poco alejada pero era parte del escenario porque, aunque pareciera más la espectadora del plan, como si no fuese a participar, era completamente parte de todo.
A quien no le caía bien Karla, simplemente le convenía su amistad. Era una mujer joven demasiado segura de sí misma, atrevida, rebelde y extravagante; la descripción perfecta de la persona adolescente que se convierte en el ídolo de las masas más tontas entre las que estaba yo. No creo que en mi adolescencia haya sido una persona necesariamente estúpida, solo era insegura y me sentía perdida como la mayoría de los que me rodeaban… incluyendo a Karla, aunque no lo pareciera. Es solo que ella era la clase de persona que le gusta que todo el mundo piense que tiene todo bajo control y yo era la clase de chica que no tiene una mierda bajo su control pero le importa un carajo el asunto de todas maneras.
Marco fue el que más se rió del plan de Karla, los demás reaccionaron como si consideraran la idea demasiado pesada y cruel pero con risillas y tapándose las bocas hipócritamente. La idea era hacerle creer a Carlos que ella quería acostarse con él en algún punto de la fiesta en el que la mayoría estuviéramos mareados de trago y maría. Ella llevaba unos días hablándole en el colegio de forma coqueta; todos nos percatamos de eso. En realidad, no gustaba de él ni mucho menos, Carlos era demasiado raro y tímido y ese era motivo más que suficiente para intentar avisparlo a través de una broma que, muy seguramente, fue idea de ella y sus amigas o quizá de alguno de los varones lame botas que la rodeaban.
También es probable que la haya visto en internet, quizá leyó algún hilo o publicación. Quizá fue una anécdota de esas que ves en Reddit o en cualquier tablón de imágenes, o que alguien toma de por ahí para narrarla a través de videos en YouTube a duras penas editados. No tengo ni idea de dónde salió, solo podía especular en mi cabeza.
Se trataba de una broma tan pesada, macabra, cruel y original —al menos en mi opinión ya que nunca antes la había escuchado— que no podía creer que simplemente se le hubiese ocurrido a Karla de la maldita nada. Considerando que le coqueteó de la nada a Carlos en días anteriores, la muy cabrona venía planeando aquello con tanta antelación y paciencia que daba miedo y risa al mismo tiempo.
Ella misma se encargó de invitarlo por mensaje privado, publicó la información de la fiesta a través de un grupo de Facebook, pero no en el que estábamos la mayoría del salón, es decir, el grupo E del último grado de bachillerato, sino en otro. Creó un grupo especial para la ocasión en el que solo estábamos los ocho, así se aseguró de que no hubiera tanta gente, tan solo quienes Karla consideraba de extrema confianza y con la personalidad adecuada para ser cómplices de esto.