La lluvia era la protagonista de una tarde que parecía hecha para soñar, en una pequeña provincia rodeada de edificios y cerros que parecían abrazar el cielo, por las fuerzas del destino dos almas se encontraron atrapados en un ciclo de amor. Mientras la lluvia cantaba su melodía con un regalo del cielo, la vida llevo a dos almas a cruzar caminos en un lugar inesperado. “Un consultorio médico”. Ernesto, un médico comprometido atendió a Alicia, en su consultorio sin imaginar que su encuentro sería el comienzo de una conexión especial.
Ernesto llamo a Alicia por su nombre, y la sala de espera se puso en silencio. Los ojos de todos los pacientes se volvieron hacia Alicia, que se levantó lentamente de su asiento, se acercó a la puerta de la consulta, y Ernesto la recibió con una sonrisa cálida, la mirada de Ernesto se encontró con la de Alicia, y por un momento, pareció que el tiempo se detuvo. La puerta se cerró detrás de su paciente, y la sala de espera se volvió a la normalidad, pero Alicia sabía que nada volvería a ser igual después de lo que estaba a punto de suceder.
El silencio se rompió cuando sus ojos se encontraron, la primera mirada fue como un momento de reconocimiento, miradas que se convirtieron en un puente entre dos almas uniendo sus vidas en un camino compartido. La mirada de Alicia se cruzó con la de Ernesto y el consultorio se llenó de una luz acogedora creando una conexión de confianza entre ellos.
Ernesto sonrió y se recostó en su silla. -¿Cómo se siente hoy? - ¿Hay algo que quiera hablar o preguntar?
Alicia se encogió los hombros. -Me siento mejor -contesto-,Pero todavía tengo algunas peguntas sobre mi tratamiento.
Ernesto asintió con la cabeza. -Por supuesto -dijo. -Pregúnteme lo que quiera-,Estoy aquí para ayudarla.
Y con eso, Ernesto y Alicia se sumergieron en una conversación profunda y relajada, hablando sobre la salud de su paciente, sus preocupaciones y sus esperanzas para el futuro.
Luego de una conversación sobre la salud de Alicia, Ernesto se levanto de su silla y se dirigió a la camilla. -Alicia, ¿podrías recostarte en la camilla para que pueda examinarte? -dijo.
Ernesto sonrió. -Solo voy a hace un examen rutinario, -afirmó. -No te preocupes, es sólo para asegurarme de que estás bien.
Alicia se relajó en la camilla. Ernesto comenzó a examinarla, tomándole el pulso y la presión arterial. Luego le hizo algunas preguntas si le dolía en las partes donde la palpaba.
Mientras Ernesto examinaba a su paciente, no podía evitar notar lo hermosa que era. Su cabello suave, sus ojos verdes brillantes y expresivos, su sonrisa cálida y acogedora. Ernesto se sintió atraído por ella, pero se esforzó por mantener su profesionalismo.
El corazón de Alicia parecía latir con mas fuerza. La voz de Ernesto, su mirada, su forma de tocarla… todo parecía familiar para ella, pero también nuevo y emocionante.
Su corazón palpitaba con fuerza como si hubiera conocido a Ernesto desde siempre y que había encontrado una parte de ella en el.
Ernesto seguía examinando a su paciente -¿Te sientes bien, Alicia? – preguntó Ernesto, su voz lleno de preocupación. -Alicia asintió, pero no podía hablar, su corazón seguía acelerado, y su mente estaba llena de preguntas.
Mientras la lluvia seguía narrando su historia, Ernesto escribía con el corazón, dejando que las palabras fluyeran llevando consigo la historia de su paciente.
Sus vidas estaban a punto de tomar un giro importante guiadas por el destino, y con una voz baja ella expresaba su agradecimiento al destino que la había unido a Ernesto. -Gracias destino por haberme guiado hacia Ernesto, -susurró.
Desde ese primer encuentro, Ernesto tuvo un impacto significativo en su vida, y mientras el hablaba, los ojos de Alicia se llenaron de lágrimas, como si la conexión con Ernesto hubiera despertado una parte olvidada de su alma.
Ernesto después de terminar de examinar a su paciente, se sentaron en la consulta médica, con la mesa de escritorio entre ellos, el prepara la orden médica y receta para el tratamiento de Alicia.
Mientras escribía, Alicia se sentó en silencio, observando la forma en que las manos de Ernesto se movían con precisión y rapidez sobre el papel. De repente sonó el teléfono de Ernesto, miro la pantalla y su expresión cambio instantáneamente. Era su ex esposa Karen
Alicia notó el cambio de expresión de Ernesto y se disculpó, -atienda la llamada doctor, -dijo. -Si, disculpe un momento. -Respondió Ernesto.
-¿Qué pasa, Karen? -preguntó, intentando mantener la calma.
-¿Qué pasa? -¡Qué no has venido a ver a nuestro hijo! -¡El te extraña y se siente abandonado!, -grito Karen al otro lado de la línea.
Ernesto se sintió golpeado por las palabras de la madre de su hijo.
-Todavía tengo que atender varios pacientes, -respondió, Ernesto
-Luego de trabajar, voy a ir a ver a nuestro hijo.
Karen se rió al otro lado de la línea. -Espero lo hagas, Ernesto. -¡Ah, claro. Siempre tienes una excusa para no pasar tiempo conmigo -dijo, ella con voz exaltada.
Ernesto se sintió un poco irritado. -Karen no es excusa, -dijo. – Es mi trabajo, y además sabes que nuestro hijo es muy importante para mi.
Karen suspiro. -Lo se Ernesto, quiero verte… te extraño, -dijo.
Ernesto se sintió incómodo. -Karen, ya hablamos de esto, -aclaró. -Estamos divorciados, no podemos seguir así. -Hablamos más tarde, debo seguir trabajando.
Después de la llamada, Ernesto regresó a la consulta con su paciente. Alicia la miró con preocupación. -¿Está todo bien, doctor? -preguntó.
-Si, todo bien, es sólo una llamada personal. -contestó Ernesto, y ella sólo le sonrió.
Alicia, por su parte, notó que Ernesto parecía distraído, se preguntó que podría estar pasando. Sin embargo no dijo nada y continuo la consulta.
Finalmente Ernesto terminó de escribir y se volvió hacia su paciente. – Está bien Alicia, -dijo. -Estas son las órdenes de estudios médicos, y éstas son las recetas que necesita, asegúrese de tomar los medicamentos según las instrucciones y de regresar a la consulta en una semana para revisar el progreso.
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Editado: 15.08.2025