El Destino de dos Almas

PRÓLOGO — Donde comienzan los destinos

Dicen que el destino de dos almas es encontrarse.
Durante mucho tiempo, Alicia creyó que eso significaba quedarse.
Pensaba que cuando dos personas se reconocen, cuando las miradas se entienden sin palabras y los silencios se vuelven hogar, el universo ha decidido que ese vínculo durará para siempre.
Creía que el amor era una línea recta.
Un camino que se construye de a dos y que avanza hacia el mismo horizonte.

Pero la vida tiene una forma distinta de escribir las historias.
A veces dos almas se encuentran para caminar juntas toda la vida.
Otras veces se encuentran para enseñarse algo que ninguna de las dos podría aprender sola.
Para mostrar heridas ocultas.
Para despertar fuerzas dormidas.
Para abrir caminos que antes no existían.

Esta es la historia de Alicia.
Una mujer que creyó haber encontrado el amor definitivo… hasta que el destino le mostró que algunos finales no son pérdidas, sino comienzos disfrazados.
Es la historia de un amor que marcó su vida.
De una despedida que la obligó a reconstruirse.
De una voz que nació del dolor y se transformó en palabras capaces de cambiar otras vidas.
Y también es la historia de cómo, cuando el corazón aprende a sostenerse por sí mismo, el amor puede regresar de una forma distinta.
Más libre.
Más consciente.
Más verdadera.

Porque el destino de dos almas no siempre es permanecer juntas.
A veces es encontrarse en el momento exacto para cambiarse la vida.
Y luego seguir caminos distintos, llevando para siempre la huella de ese encuentro.

Esta historia comienza con una pregunta sencilla.
Una pregunta que Alicia tardó años en responder:

¿Qué ocurre cuando el amor que parecía destino termina… pero tu historia apenas comienza?




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