El Día Que Un Dios Nació

Virindia Homiterra El Guía Del Futuro

Capítulo 1

Virindia Homiterra "El Guía del Futuro"

La madre tierra uso todas sus habilidades y su destreza para crear a un ser, producto de ella misma; así fue como durante una tempestad como nunca antes se había visto sobre la tierra, el más antiguo, fuerte y majestuoso de los árboles que se hallaba sobre el pacífico planeta localizado donde hoy en día encontraríamos África, fue derribado por la tormenta, fue relegado de su propia vida para dar inicio a una nueva y más importante en ámbitos de lo que sería la historia y el destino.

Una vida dando comienzo a otra de una forma tan natural que no era difícil distinguir la esperanza en el aire, fe por el nuevo comienzo de esta etapa, como si todo el universo supiese que algo importante estaba sucediendo y eso colmase de alegría y plenitud a cada uno de sus habitantes.

Así fue como al caer dicho árbol sus ramas se quebraron en su mayoría al impactar contra el suelo, dando a parar de este modo la rama más joven, que apenas poseía un pequeño brote verde que con mucho esfuerzo era visible, a un lago de lodo que decoraba agrestemente una de las llanuras.

Pasaron los días y la madre tierra comenzó a sentirse ansiosa, unos días para ella no eran nada, había vivido mucho, pero por lo mismo no podía esperar a dejar de estar sola, a comenzar a ver florecer la pequeña esperanza de un futuro. Al séptimo día la madre tierra se estaba impacientando, creyendo que había cometido un error en algún punto del proceso, pero esto era imposible, le había entregado su energía, le había entregado una misión clara y se había esforzado en enseñarle todo lo que sabía y era aconsejable que él supiese. Estas inseguridades continuaron hostigándola hasta que finalmente la frágil tranquilidad del mundo fue interrumpida abruptamente por un estruendoso llanto.

Un pequeño bebé de risos rubios había emergido del lago de lodo, la madre tierra se emocionó tanto al verlo, su pequeño retoño, un pequeño fragmento de ella misma. Era su naturaleza sentirse así, por algo el destino la hizo madre. Le pareció que el bebé era tan hermoso portando rizos dorados y unos impresionantes ojos verdes, pero a su vez todo en aquel pequeño cuerpo era tan frágil que por un momento deseaba ser de carne y hueso como él, para poder protegerlo entre sus brazos; pero aquello era imposible, ya había hecho todo lo que podía, le había dado parte de su conocimiento y le había otorgado incluso a tan temprana edad dones como una fuerza descomunal y la capacidad de comunicarse abiertamente con todo su entorno.

Así fue como el niño gateo por entre los pastizales sin dejar de llorar, un alma tan inocente y pura con una misión tan clara y urgente en la vida, su misión era guiar el futuro. Él era el encargado de que todo fluyese como debía, una gran responsabilidad para un ser tan inexperto.

El estridente sonido que emitía el niño espantó a unos ciervos que comían cerca de allí, estos aterrados corrieron en dirección contraria al niño, excepto tres de ellos, su líder y dos de los machos más fuertes de la manada. El líder parecía mayor y compasivo, mientras los otros dos solo miraban al niño y a los alrededores en busca de cualquier amenaza.

El líder de los ciervos se había autodenominado como Quinihil, el que nada sabe, el que nada es. Él había sido bendecido por el destino como otros de los primeros habitantes de la tierra con una gran capacidad de aprendizaje que le había permitido desarrollar una inteligencia inigualable, además de una longeva vida.

El pequeño guardó silencio frente a la imponente presencia, que se agacho ante él al reconocerlo. Tanto tiempo había pasado esperando su llegada, quizás fuese el único ser físico que lo esperaba pero eso no le quitaba valor.

El niño lo miró curioso, no entendía tales actitudes pero se sentía bien, supuso en el momento que era la sensación de compañía aparentemente amigable, había recorrido lo que para él era una eternidad solo, llorando, sin que nadie se preocupase en auxiliarlo. Así fue como el joven niño tomó la cornamenta frente suyo con fuerza, Quinihil a pesar de la sorpresa se mantuvo en su lugar con devoción y temor de lastimar a la frágil criatura, hasta que escuchó crujir su cuerno derecho y se apartó con cuidado. Temió que estuviese roto, pero al notar que seguía sujeto a su cabeza se tranquilizó y supuso que solo se habría astillado.

Miró al niño con curiosidad, se veía pequeño y débil, tan vulnerable como una insignificante hormiga, pero al parecer no era tan indefenso como se percibía en su apariencia, el niño aún inmóvil en su lugar no supo que hacer, sin duda algo malo había hecho por lo que cuando el ciervo agachó todo su cuerpo delante suyo no supo cómo reaccionar, no tenía intenciones de hacer crujir al animal nuevamente y que este se marchase asustado como el resto de los ciervos, al percibir esto el animal le señalo que se subiera sobre su lomo y el niño obediente pero cuidadoso le hizo caso.

De este modo Quinihil llevó al niño consigo y lo integró a la gran familia que conformaban, lo presentó por el nombre que su madre le había designado, Virindia Homiterra, el guía y creador. Dentro de la manada existieron los curiosos, quienes querían relacionarse con el niño pero no sabían cómo, ¿acaso los entendería? ¿aceptaría la comida que le ofrecieran? ¿sabría cuando huir y cuando prevalecer? ¿sabría siquiera detectar una amenaza? También estuvieron aquellos que no parecían agradecidos con la llegada del extraño ser pero no podían desafiar al líder.

Pasaron los años, en los que lograron verlo como a un igual e intentaron instruirlo en el arte de sobrevivir, a pesar de que esto fue problemático cuando el niño cumplió seis años de creado, y ya llamaba la atención de las otras especies. No era algo inesperado, era un simio calvo y rosado viviendo entre ciervos, rompiendo rocas como quien rompe ramas y hablando con los árboles aunque estos nunca le respondieran.



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En el texto hay: dioses, aventura, dioses y mitología

Editado: 02.07.2026

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