El Día Que Un Dios Nació

Dei Virtute El Poder De La Corrupción

Capítulo 2:

Dei Virtute "El Poder De La Corrupción"

"Nunca ha habido felicidad sin dolor; nunca hubiese existido la paz sin la guerra. Todos esos seres vacíos e incoherentes no saben lo que tienen mientras gozan de sus privilegios. Es aburrido observar un equilibrio perfecto. Así te he creado, el perfecto entretenimiento, la perfecta distracción, la corrupción de los santos. Castigaras a los buenos hasta que se rompan, igual que tu..."

– El Destino

Los animales se esconden y el suelo parece temblar, como si rugiese de adentro hacia afuera cuando la naturaleza sabe que algo malo se avecina, que están en el ojo de la tormenta. Cuando toda la tierra se siente en riesgo y las ráfagas de viento sacuden violentamente todo a su paso, trayendo con ellas nubes negras, espesas y cargadas con más energía que cualquier ser vivo, poderosas alzándose por encima de las cabezas de las criaturas mortales, por encima, siempre superior, siempre mejor y a sabiendas de serlo, siempre peligroso, un riesgo o una bendición según la situación. Así son las tormentas, algo de que huir en caso de estar a la intemperie o perdido, algo que agradecer en las épocas de sequías, un clima volátil y hermoso, pero a nadie le gustaría encontrarse en el ojo de la tormenta, los truenos lejanos advirtiendo sobre la amenaza que se acerca poco a poco, justo antes del estallido, cuando el aire se espesa y el tiempo se congela, cuando sólo una suave brisa te advierte lo que se acerca, la tensión invadiendo el ambiente justo antes de que un relámpago corte el aire abruptamente, la rapidez del impacto que lo sigue, del fuego que con fuerza logra abrirse paso incluso bajo el diluvio, sin dar oportunidad alguna de sobrevivir al árbol contra el que se impacta, hasta convertirse en vulgares cenizas.

Después de todo hay quienes nacen de la vida y quienes nacen de lo inerte, de lo obsoleto, lo arruinado. Así se decidió desde hace mucho tiempo, cuando el pequeño ser de cabello naranja nació, siendo la única vida en los metros adyacentes, gateando sobre la ceniza que ensuciaba sus suaves extremidades y su pálida piel. La tormenta ya había pasado y el mundo volvía a la normalidad, el sol asomaba en el horizonte y los animales seguían su ejemplo. El pequeño niño no lloró, sólo comenzó a gatear con torpeza pero con una impresionante determinación, hasta acercarse a un pequeño arbusto de bayas donde no dudó en tomar las que se encontraban más abajo, y comenzar a comerlas sin preocuparse por si eran venenosas o no, hay quienes creen que escapaba de su comprensión y quienes creen que su instinto lo guiaba constantemente.

Cuando un grupo de monos vio al peculiar niño, con rasgos tan similares a los suyos pero con un cuerpo completamente lampiño, vacilaron sobre acercarse. Sin embargo, la ingenuidad de sus cortas edades los hizo confiar y sentarse junto al niño para comer de las bayas. Después de saciarse de bayas, el niño notó un árbol repleto de frutos que parecían, incluso desde la distancia, deliciosos y jugosos. El pequeño pelirrojo llamó la atención de sus nuevos amigos y les enseñó el árbol. Al ver el gran botín, abrieron sus ojos llenos de emoción y corrieron a treparlo con facilidad. Apenas estuvieron conformes con la cantidad, bajaron, pero en vez de compartirlo con el niño, salieron corriendo con todos los frutos. El niño se sintió timado, después de todo él había encontrado el árbol.

Aun así, no le quedaba más opción que marcharse, pero su pie se encontraba sutil y firmemente sostenido por una serpiente. La piel escamosa le ardía contra su propia pierna y el siseo le resultaba molesto en los oídos. El niño intentó forcejear con la serpiente, que seguía envolviéndose alrededor de él, pero era inútil, pues su fuerza continuaba siendo la de un niño. La criatura comenzó a subir por su torso, apretándose a su paso y privando las capacidades de lucha del menor, hasta que todo se oscureció, y con la mente en neblinas apenas pudo distinguir un sonido, una voz.

–¿Qué has encontrado, sabandija? –el siseo tras cada palabra le hizo notar que quien había aparecido era del bando enemigo–. ¿Acaso planeas quedarte a ese primate sólo para ti mismo, maldito?

Un siseo dolorido anticipó el aire, inundando los sentidos del niño. Antes de que el pobre comenzara a toser y arrastrarse lejos, algo volvió a tomarlo de la pierna y lo colgó cabeza abajo.

–No eres un primate ¿cierto? –preguntó extrañado el ser, que por fin podía distinguirse como una gigantesca bestia de un amarillo verdoso con dientes afilados sobresaliendo de su boca, con una lengua bífida que chocaba contra ellos cada pocos segundos. No era capaz de calcular el largo de su cuerpo que se arremolinaba por todo el piso que los rodeaba–. Recuerdo haber visto a uno como tú, pero de eso hace ya un tiempo –analizó pensativo, mientras toda la sangre del niño se reunía en su cabeza, creando un gran sonrojo en su cara y un dolor agudo en su cerebro–. Aun así, si mal no recuerdo, disculpe mi memoria hay mucho aquí almacenado, el otro simio hablaba. Me atrevería a decir que incluso era irritante, parecía listo para nunca callarse. Quizás sólo era más listo que tu –juzgó con decepción la bestia.

El niño intentó emitir sonidos símiles a quejidos, hasta lograr formular palabras entendibles.

–¿Le molestaría bajarme? –preguntó, volviendo a sentirse mareado.

–Oh, no eres tan tonto –una risa siseante le puso la piel de gallina antes de que su cara se estrellase contra el suelo–. Me intrigas, si mal no recuerdo el otro era el resultado de la madre tierra. ¿Eso dónde te deja? ¿Quién te creó? ¿La hermosa Luna? ¿El poderoso Sol? ¿El inteligente Saturno? ¿Marte? –la cabeza del pequeño se levantó, había algo que sonaba tan familiar en la última palabra–. Ya veo, Marte, qué petulante, hubiese preferido Saturno, sin duda más listo. ¿Cuál es tu nombre? –preguntó la criatura, mirándolo por las rendijas de sus ojos amarillos, manchados con marrón y rojo como una alfombra vieja.



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En el texto hay: dioses, aventura, dioses y mitología

Editado: 02.07.2026

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