El Día Que Un Dios Nació

Pythonissan Magia Los Ojos Del Destino

Capítulo 5

Pythonissan Magia "Los Ojos Del Destino"

"A mi paloma favorita mis ojos he regalado, hay quienes dicen que te he otorgado el mayor de los dones, pero estoy seguro de que a veces debes creer que solo intento torturar a mi niña favorita. Te he dado la herramienta para que actúes y seas una salvadora, o para que observes y veas cómo todo lo que amas se derrumba en agónico sufrimiento. Todo está en tus manos, mi pequeña paloma, o más bien en tus ojos..." – El Destino.

Tantos mitos se han contado desde el inicio de la tierra acerca de ese planeta inicial pero con tanto potencial. Tantas explicaciones se han intentado dar a los hechos más asombrosos, pero hay algo más.

Si eres de esos que escuchan atentamente, debes saber que en tu realidad la magia es sólo un cuento para niños, y quizás esto también lo sea, o eso dicen quienes temen ver más allá.

El mundo se basa en poder, en energía y en la forma en la que se maneja. Puedes usar la magia como una defensa, como un arma, como un medio, como una forma de vida o ir más allá.

La magia es sólo otra rama del poder, de esa energía que posee cada persona.

El primer ser capaz de utilizar magia fue Pythonissan Magia, como su nombre lo indica. El cómo nació es un misterio; muchas historias y teorías se cuentan alrededor del hecho. Hay quienes dicen que la estrella nocturna más iluminada, una vasta noche, cayó dando paso a la apasionante joven. Hay quienes incluso se atrevieron a sugerir que era hija de la luna. Otros decían que un ser poseedor de tanta bondad debía ser, sin lugar a duda, la hija de la luz. Y había quienes decían que sus poderes eran oscuros, que sus intenciones podrían haber sido buenas o malas, pero que nadie con esas características era totalmente angelical.

Aunque la realidad que prefiero creer es que nació por arte de magia, que apareció en un gran planeta que deseaba ser bendecido con su presencia, que deseaba poseerla tanto como ella deseaba ayudarlos.

La nacida llegó al mundo con tan solo cuatro años. En un mundo que de por sí ya podía considerarse complejo y con la capacidad de verlo con aún más complejidad, todo el planeta se percató de que no era una más, no se la podía comparar ni siquiera con los otros de su clase.

El destino siempre ha tenido a sus favoritos, y no cabía duda de que Pythonissan era una de sus favoritas, sino ¿por qué la hubiese dotado con esa visión?

La niña tenía unos cuatro años, cabello castaño, enmarañado, y ojos rosas con una aureola blanca cortando el peculiar color. Su nacimiento fue como un milagro, como si una melodía dulce y fantasiosa inundase el lugar.

Las luciérnagas la guiaron bosque adentro hasta encontrar una pequeña cueva que le sirvió de cobijo por la noche, y la escena se repitió noche tras noche.

Todos los que la encontraban se sentían bendecidos y fascinados. La niña tenía habilidades increíbles y nunca antes vistas. Las luciérnagas aparecían todas las noches para guiarla a un nuevo lugar seguro. La niña aprendió pronto las cosas básicas: cuáles frutas eran comestibles, cómo se fabricaba la ropa y cuándo era momento de huir del invierno.

Siempre recibía ayuda de los animales; no era extraño que le agradecieran por curarlos o alimentarlos. Hasta que una noche su pie aplastó el ala de una pequeña luciérnaga. Las demás siguieron adelante; ese pequeño insecto no tenía valor para las demás, pero Pythonissan no era un ser más sobre la tierra.

Tomó al pequeño insecto en sus manos y juró ayudarla y protegerla como intento de recompensarla. Los años pasaron y, a pesar de que las demás luciérnagas murieron por vejez, esa pequeña con el ala mal sanada prevaleció con vida, como si algo en la promesa de la joven las mantuviese unidas.

Era tan contradictorio para la pequeña niña. Ella podía ver a través de los animales, podía ver sus intenciones, sus planes. ¿Por qué todos tenían pensamientos tan oscuros? ¿Todos pensaban en dañar a otros, morir o matar?

¿Acaso de eso trataba la vida? ¿Ser una víctima o un victimario?

La niña contaba con dulces doce años cuando vio por fin al animal que a su parecer era el más hermoso sobre la tierra: un Pegaso. Sus plumas eran tan blancas como las nubes que imaginaba tocaría, pero su pulcro pelaje estaba manchado por la sangre de una profunda herida. El rojo oscuro se fundía y adquiría un suave tono rosado en las zonas más alejadas. A pesar de ser una criatura enorme, su belleza era impactante. La pequeña sentía que estaba en deuda con el animal solo por haberle brindado una vista tan hermosa.

Estaba segura de que era capaz de curarla fácilmente. La magia no era sencilla, siempre implicaba perder algo para ganar. Seguía esa regla, pero no era una herida fatal, por lo que eso no representaba un problema. Aunque la imposibilidad de volar sí podría resultar en la muerte de tan bello animal.

Lentamente, la niña se acercó intentando que el animal permaneciera tranquilo. Sin embargo, en el preciso instante en que una rama crujió bajo su pie, el Pegaso, asustado, dio una patada hacia atrás, golpeando la pierna de la niña. El crujido precedió al grito desgarrador de Pythonissan; su pierna estaba partida, dejándola incapaz de mantenerse en pie. Aun así, la niña continuó con su misión entre llantos. Para ella, curar animales era algo sencillo.

La magia era un intercambio, se usaba poder combinado con algo más que fuera equivalente a lo que se pedía. Al sanar heridas o enfermedades había dos opciones: enfermar a otro, o proporcionar plantas medicinales o algo de valor similar a lo que se hubiese perdido por la enfermedad. El Pegaso le permitió curarlo aún con miedo. Pythonissan vio claramente cómo lo invadía la culpa mientras comprendía las intenciones de la niña.

–Listo... –murmuró al finalizar.

–Lo lamento, señorita... –el Pegaso pronunció de pronto, sorprendiendo a la niña.



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En el texto hay: dioses, aventura, dioses y mitología

Editado: 02.07.2026

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