La sala estaba llena. Micrófonos, flashes, libretas. Todos los miembros del grupo, uno junto al otro, frente a una muralla de cámaras.
Las primeras preguntas parecían normales… hasta que comenzaron a torcerse.
—“¿Sabían los demás miembros sobre esto antes del debut?”
—“¿No les incomoda compartir vestuario o baño con ella?”
Mina tomó el micrófono, molesta:
—“No somos un grupo que mida la valía de una persona por su pasado o por quién es. Somos compañeros, y punto.”
Otra pregunta, más directa, más venenosa:
—“¿No creen que es un poco… anormal para la industria?”
Demba se inclinó hacia el micrófono:
—“Lo único anormal aquí es que sigamos en 2025 y haya que explicar que la dignidad y el respeto son para todos.”
Pero la siguiente pregunta fue como un golpe:
—“Rem, ¿por qué ocultarlo? ¿No cree que engañó al público?”
No sé cómo, pero tomé aire y hablé:
—“¿Por qué debería decirlo? ¿Por qué es eso lo más importante para ustedes? ¿Por qué eso eclipsa todo lo que soy y todo lo que hago? Yo no mentí. No escondí nada. Solo intenté ser feliz.”
El murmullo se apagó.
Seguí, aunque la voz me temblaba:
—“¿Qué tiene de malo que quiera vivir mi vida como yo quiera? ¿Acaso le estoy haciendo daño a alguien? ¿Alguna vez les afectó realmente? No tienen derecho a juzgarme si ni siquiera saben mi pasado. Durante años dejé de soñar… intenté ser lo que la sociedad decía que debía ser. ¿Y para qué? No era feliz. Y, aun así, a nadie le importaba.”
Las lágrimas comenzaron a caer, pero no paré.
—“¿Por qué ahora sí importa? ¿Porque soy una idol? ¿Porque soy una figura pública? No es justo… también soy humana. También tengo sentimientos. También quiero ser feliz…”
No esperé más. Dejé el micrófono sobre la mesa y salí.
Los flashes me cegaban, los reporteros gritaban, las cámaras me seguían… pero solo caminé.
Ese día, todos hablaron de esa conferencia.
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Editado: 28.08.2025