El Eco de Luna

Capitulo 5: Ser Raíz

Cambiar de carrera fue como romper un pacto conmigo misma. Elegir algo, a veces, es aceptar que ya no somos quienes creíamos. Comencé estudiando algo que era para mí muy difícil de sostener económicamente, aunque amara la carrera de Diseño.

Me despertaba todos los días sabiendo que no pretendía seguir así. Un día, simplemente lo dije:

"Aspiro ser bibliotecaria."

A nadie le importó demasiado, pero fue como abrir una puerta vieja con una llave oxidada. Ya que, en el fondo, intuía que estaba eligiendo un camino que parecía más a mí.

A la Luna que ama los libros, que encuentra paz entre páginas, que guarda palabras como si fueran semillas.

Mi abuelo decía que debía ser maestra.

“Vos tenés paciencia, Luna. Y una forma de mirar que enseña sin decir mucho”, me repetía mientras desgranábamos maíz.

Y aunque la vida me alejó de su voz, ese eco seguía ahí. Tal vez ser bibliotecaria no era tan distinto a ser maestra: significaba seguir cuidando palabras, protegiendo historias, acompañando silencios.

Comencé asistir a la iglesia. Al principio fue por distracción, pronto encontré algo más. Inicié como catequista, enseñar, hablar con niños que me miraban con ojos limpios, creían en cosas que yo había olvidado.

Me sentía útil, de alguna manera, necesaria sin cargar con culpas. Y mientras les dialogaba sobre Dios, la fe, el amor, yo misma empezaba a reconstruir la mía.

La universidad, sin embargo, no fue fácil.

Recuerdo a un profesor, me instaló obstáculos solo por el gusto de hacerlo, me hizo rendir varias veces una materia que ya entendía. Me humillaba con preguntas inútiles, como si su poder estuviera en hacerme sentir pequeña. Pero un día me planté.

Le dije, sin levantar la voz, que su indiferencia no me iba a vencer. Que me había enfrentado a cosas mucho más duras.

No aprobé. Lo cual esa materia era un obstáculo para mi recorrido académico.

Después de eso, me animé a más. Participé en un congreso, me temblaban las manos, la voz, todo. Expuse frente a muchas personas que no conocía, y sentí que esa niña callada del campo se había convertido en alguien que, al menos por unos minutos, podía ser escuchada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.