Capítulo 18— No es lo mismo
La mañana siguiente amaneció igual que la anterior. Silenciosa. Rinaldi bajó a la cocina a las seis en punto, como siempre. El traje estaba en la silla. La corbata colgando. El café todavía no.
Pero esta vez, no estaba solo.
Allison ya estaba ahí. Sentada en la misma mesa con una taza entre las manos y un libro abierto delante. No era un libro de trabajo. Era uno de esos gruesos, de tapas duras, con fotos de edificios antiguos en la portada.
No levantó la vista cuando él entró, solo movió la taza medio centímetro, como ofreciéndole espacio sin decir nada.
Rinaldi se dirigió hacia la cafetera. El aroma se extendía por la cocina, se sirvió una taza de café negro, sin azúcar y se sentó
El silencio volvió. Pero no era el mismo de ayer. Ayer pensaba. Hoy…hoy acompañaba.
Pasaron largos segundos así. El ruido de la cucharita y el de las páginas al girar.
Hasta que Allison cerró el libro despacio. Lo dejó sobre la mesa y lo miró.
No con la mirada de quien quiere algo. Sino con la mirada de quien quiere entender.
—¿Por qué elegiste este proyecto y no otro? —Preguntó en voz baja.
Rinaldi alzó la vista, el café a medio camino de su boca. Le preguntaban por el presupuesto. Por los gastos. Por la rentabilidad. Pero nunca por el porqué. Dejó la taza y, por primera vez en mucho tiempo, no respondió con números.
—Porque ese edificio está muriendo —dijo Rinaldi, sosteniendo la mirada de Allison.
—Y alguien tiene que devolverle la vida —añadió, dejando escapar el aire lentamente.
El silencio volvió a instalarse entre los dos. No era incómodo. Era de esos silencios que dejan sitio a las palabras importantes.
Rinaldi acarició el borde de la taza con el pulgar antes de añadir:
—Los edificios viejos tienen memoria —murmuró, con la mirada perdida durante un instante.
—¿Memoria? —preguntó Allison, frunciendo ligeramente el ceño.
Él asintió lentamente, sin apartar los ojos de ella.
—La gente solo ve grietas. —Hizo una breve pausa. —Yo veo todo lo que han soportado para seguir en pie.
—¿Y siempre merece la pena salvarlos?
—No siempre. —Hizo una pausa. —Pero nunca lo sabes si lo derribas antes de intentarlo.
Allison bajó la mirada hasta el libro abierto; sus dedos acariciaron distraídamente el borde de una página. No dijo nada. Porque, por primera vez desde que había regresado a Nueva York, no estaba pensando en edificios. Estaba pensando en personas. Levantó despacio la vista.
—Nunca te había oído hablar así.
Rinaldi esbozó una sonrisa casi imperceptible.
—Nunca me lo habías preguntado. —Rinaldi giró la taza entre las manos. — Cuando era niño quería construir edificios...Mi madre decía que vivía en las nubes. —Hizo una pausa. Sonrió. Pero su sonrisa fue triste. —Después crecí y las nubes no pagan facturas.
Rinaldi volvió la vista hacia la ventana. La ciudad empezaba a despertar al otro lado del cristal. Los primeros rayos de sol se deslizaban entre los edificios, tiñendo de dorado las fachadas de ladrillo.
Allison nunca le había oído hablar de su madre, ni de sus sueños ni de aquel niño que, alguna vez, había vivido entre nubes.
Durante años creyó haber conocido a Rinaldi De Luca. Ahora comprendía que solo había conocido al hombre que el mundo veía. No al que escondía detrás del silencio.
Bajó la mirada hasta el libro abierto. Las fotografías de edificios centenarios seguían allí, inmóviles sobre el papel. Pero, por primera vez, Allison no estaba observando aquellas fachadas.
Estaba intentando comprender al hombre que era capaz de ver belleza donde todos los demás solo veían ruinas.
Rinaldi dejó la taza vacía sobre la mesa.
—Será mejor que me vaya. Tengo una reunión dentro de dos horas —dijo, incorporándose.
Allison asintió despacio.
—Que tengas un buen día —respondió, siguiendo sus movimientos con la mirada.
Él tomó la chaqueta del respaldo de la silla y caminó hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo apenas un segundo y giró ligeramente la cabeza.
—Gracias... por preguntar —dijo en voz baja, como si aquellas palabras le costaran más de lo que quería admitir.
Allison se quedó mirándolo, sorprendida por la sinceridad inesperada de aquel agradecimiento.
No esperó respuesta; la puerta se cerró con un clic suave. Allison permaneció inmóvil unos instantes; después volvió a abrir el libro, pero ya no buscaba entender edificios…Buscaba entender a Rinaldi.
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Editado: 08.09.2026