El Efecto Oliver

10. LA PRIMERA LUZ

OLIVER
Hay un termino en arquitectura que me encanta: integridad estructural. Es ese punto exacto donde todas la fuerzas -la gravedad, el viento, el peso- encuentran un equilibrio perfecto y el edificio finalmente "respira".

Hoy, el observatorio respiraba.

Me quede en el centro de la cupula, observando el laton pulido de los engranajes brillando bajo las luces de la inauguracion. Habiamos pasado las ultimas 72 horas sin apenas dormir, ajustando el ultimo tornillo, limpiando cada lente y asegurandonos de que el mecanismo de rotacion fuera tan suave como la seda.
El lugar estaba lleno de profesores con traje, autoridades de la universidad y, por supuesto, mi familia, que hacian suficiente ruido como para llenar todo el campus.
Pero yo solo buscaba una persona.

La vi cerca de la consola principal. Llevaba un vestido del mismo color que la blusa que habia usado la noche de nuestra primer cita. Se veia tan hermosa, con el cabello recogido en un moño bajo, algunos pelos rebeldes le acariciaban la frente. Y ese maldito vestido... seguro fue idea de Maya, tenia una sutil abertura que dejaba ver desde un poco mas arriba de su rodilla hasta el piso.
Lo llevaba con una confianza, que no habia visto nunca en ella.

Estaba explicándole a mi madre y hermana sobre el proyecto, y lo hacia con la misma pasion con la que yo explicaba un plano.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella no se giro. No huyo. Me dedico una sonrisa pequeña, privada, de esas que solo existen en nuestro codigo personal.
-Lo hemos conseguido, hijo- mi padre me puso una mano en el hombro, sacandome de mi embelesamiento. -Ha quedado mejo que cuando se inauguro por primera vez-
-No lo he hecho solo, papà- respondi, sin dejar de mirar a Cali.

El rector de la universidad carraspeo y pidio silencio. Tras un discurso lleno de palabras sobre el "proceso" y el "legado", llego el momento.
-Y ahora- dijo el rector, -dejaremos que los responsables de esta maravilla, el arquitecto Oliver Vega y la ingeniera Caliope Thorne, nos den la primera luz-.
Cali camino hacia mi. Sus manos, que normalmente estarian temblando ante tanta atencion socila, estaban tranquilas.
Nos colocamos frente a la palanca de apertura.
-¿Lista para el evento final?- le susurre.
-Todos los sistemas estan perfectos, Oliver- respondio ella, pero sus ojos brillaban de una forma que nada tenia que ver con los datos. -Hagamoslo-.
Pusimos nuestras manos sobre la palanca. Su piel contra la mia, fria y firme. Tiramos juntos.

El sonido fue glorioso. El motor, ese que casi nos hace besarnos semanas atras, zumbo con una eficiencia perfecta.
La cupula se abrio lentamente, revelando un cielo nocturno tan negro y profundo que parecia terciopelo.
El telescopio se movio, apuntando exactamente a las coordenadas que Cali habia apuntado.

La gente solto un"oh" colectivo de asombro, pero para mi, el espectaculo estaba a mi lado. Cali miraba hacia arriba, con la cara bañada por la luz de la luna, y por primera vez la vi completamente en paz. Ya no estaba analizando la refraccion ni el par de torsion; simplemente estaba disfrutando de la vista.
-Mira eso- susurro ella, señalando el ocular. -Saturno. Esta tan nitido que parece que podrias tocar los anillos-
Me acerque a ella, aprovechan do que todos estaban haciendo cola para mirar por el telescopio.
-Mañana por la mañana me voy- le dije en voz baja, sintiendo el peso de la despedida, pero tambien la fuerza de nuestra promesa.
Cali se giro hacia mi. El viento nocturo le alborotaba un poco el pelo, pero ya no intentaba acomodarselo para parecer perfecta.
-Lose- respondio. -Ya he calculado la ruta mas eficiente para evitar el trafico de los viernes cuando vaya a verte. Y he reservado el ancho de banda necesario para nuestras llamadas-.
Me rei y la atraje hacia mi, sin importarme que el rector o mi madre estuviesen a un metro de nosotros.
-¿Lo tienes todo planeado, eh?-
-No todo- admitio ella, rodeando mi cuello con sus brazos y acortando la distancia. -Todavia hay un par de variables que quiero explorar sin ningun plan previo-
-¿Ah, si? ¿Y cuales son?-
-Esta- dijo ella, y me beso delante de todos, rompiendo su propia les de desprendimiento ante el aplauso de Maya (que seguramente estaba grabando todo).

En ese momento, bajo la cupula que habiamos devuelto a la vida, comprendi que la restauracion mas importante no habia sido la del edificio. Habia sido la nuestra.
El observatorio estaba listo para mirar las estrellas, y nosotros, por fin, estabamos listos para mirar al futuro sin miedo a perder el control.




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