El Efecto Oliver

15. INTERFERENCIAS

CALI
Maya no aceptaba un "no" por respuesta.
A las seis en punto, estaba aporreando mi puerta otra vez.

Me obligó a cambiarme la sudadera por una de mis chaquetas de lona negra —la que tanto le gustaba a Oliver— y me arrastró hasta el salón de actos.

La charla sobre materiales inteligentes fue interesante, pero mi mente no dejaba de escaparse.
Me preguntaba si Oliver estaría en una reunión similar, rodeado de gente estirada, o si estaría dibujando algo en una servilleta. Al terminar, el bullicio de los estudiantes me aturdió un poco.

-¡Cali, por aquí!- gritó Maya desde la entrada, haciéndome señas.

Estaba con un grupo de gente de Diseño, pero había alguien nuevo.
Un chico alto, con el pelo castaño algo revuelto y una cámara colgada al cuello, hablaba con ella de forma animada.
Cuando me acerqué, Maya me rodeó los hombros con el brazo.

-Cali, te presento a Lucas. Es el mejor amigo de Javi. Acaba de llegar de intercambio para hacer un máster en Arquitectura Técnica. Lucas, esta es Cali, la genio de Ingeniería de la que te hablé-

Lucas me dedicó una sonrisa tranquila, de esas que no fuerzan nada.
Tenía los ojos claros y una mirada curiosa que se detuvo un segundo de más en mi chaqueta.

-Vaya, Maya no exageraba. Dice que tú misma diseñas tu ropa- dijo Lucas, extendiéndome la mano. Su tacto era firme. -Ese patrón de los hombros es increíble. Es muy... unico-

-Gracias. Es solo una forma de que la tela aguante mejor el movimiento- respondí, intentando no sonar tan cortante como suelo ser con los desconocidos.

-Me gusta. La mayoría de la gente solo piensa en la estética, pero tú piensas en la función. Eso es lo que le falta a la arquitectura moderna- añadió él, integrándose en nuestro camino hacia el bar del campus.

Durante la siguiente hora, me sorprendí a mí misma hablando más de la cuenta. Lucas no era como los otros chicos que conocía; no intentaba impresionarme con datos falsos ni se sentía intimidado por mi forma de hablar. Sabía de lo que hablaba y, sobre todo, escuchaba.

En un momento dado, Lucas sacó su cámara y me preguntó si podía hacerme un retrato rápido bajo las luces de neón del bar.

-Solo una, Cali. Tienes unas facciones muy... diferentes. Como fotógrafo, es un pecado no capturarlo- pidió con una amabilidad que me hizo decir que sí casi sin pensar.

El flash me deslumbró un segundo.
En ese preciso instante, mi teléfono vibró en el bolsillo.
Era una videollamada de Oliver.
Me entró un pánico repentino.

Me aparté un poco del grupo, buscando un rincón con menos ruido, y acepté la llamada.
La cara de Oliver apareció en la pantalla; se veía cansado, con la camisa desabrochada por el cuello y el pelo desordenado.
Estaba en su oficina, solo.

-Hola, genio. Te echaba de menos y...- se detuvo en seco al ver el fondo. -¿Dónde estás? Hay mucha música-

-Hola, Oliver. Estoy en el bar del campus con Maya. Me obligó a salir de la habitación- dije, tratando de sonreír.

-Me alegro. Te ves...- iba a decir algo tierno, pero entonces Lucas apareció detrás de mí, acercándose para enseñarme la pantalla de su cámara.

-Cali, mira, la luz ha quedado... ¡oh, perdón! No sabía que estabas hablando por teléfono- dijo Lucas, asomando la cabeza por encima de mi hombro, lo suficientemente cerca como para que su cara saliera en la videollamada.

El cambio en la expresión de Oliver fue instantáneo. Sus cejas se juntaron y su mandíbula se tensó tanto que pensé que se le iba a romper. Sus ojos verdes, que hace un segundo estaban llenos de nostalgia, ahora estaban fijos en Lucas.

-¿Quién es ese?- preguntó Oliver. Su voz ya no era cansada; era puro hielo.

-Es Lucas, un amigo de Maya- respondí rápido, sintiendo una punzada de nerviosismo.

-Hola- dijo Lucas a la cámara, con toda la naturalidad del mundo. -Eres el hermano de Maya, ¿verdad? Oliver. Tienes una novia con un perfil en ingeniería perfecto-

Oliver no respondió al saludo. Se quedó mirando a Lucas un segundo más antes de volver a mirarme a mí.

-Cali, tengo que colgar. Ha entrado mi jefe- mintió Oliver. Sabía que mentía porque se le movía un pequeño músculo en la mejilla que solo se le activa cuando está furioso. -Pásalo bien-

La pantalla se quedó en negro antes de que pudiera decir nada más.
Me quedé mirando el reflejo de mi propia cara, sintiéndome fatal.
Lucas me miró con curiosidad.

-¿He dicho algo malo?-

-No, no es eso- dije, guardando el teléfono. -Es que el cambio de ciudad le tiene un poco estresado-

Maya se acercó a nosotros, oliéndose el drama a kilómetros.

-¿Era mi hermano?- preguntó con una sonrisa maliciosa. -Uy, esa cara la conozco. Alguien va a tener una noche de insomnio en la capital-

Me senté de nuevo en la mesa, pero la charla de Lucas ya no me resultaba tan interesante.
Mi mente estaba a cientos de kilómetros, imaginando a Oliver caminando de un lado a otro de su oficina vacía, dándole vueltas a quién era ese chico que me hacía fotos y que conocía mis "perfiles de ingeniería".

Me di cuenta de que la distancia no solo era el silencio y la falta de contacto; eran también las sombras de la gente nueva que entraba en nuestras vidas y que el otro no podía controlar.

Y Oliver, por muy arquitecto que fuera, odiaba no tener el control de sus cimientos.

El resto de la noche en el bar fue un borrón de voces y risas que me llegaban como desde el fondo de una piscina.
Maya seguía hablando con Lucas, pero yo no podía dejar de mirar el teléfono sobre la mesa. Esa forma en la que Oliver había colgado... ese "pásalo bien" cargado de veneno silencioso me estaba quemando por dentro.

Sabía que Lucas no había hecho nada malo, pero me sentía culpable por haber dejado que ese momento ocurriera.
Me sentía estúpida por no haber puesto límites antes, o por no haber cortado la llamada en cuanto vi que se iba a poner feo.




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