CALI
El viaje de vuelta en el tren fue eterno.
Me quedé pegada a la ventanilla mirando el paisaje gris, sintiendo un nudo en el estómago que no me dejaba ni respirar.
No lloré en el vagón; no quería que nadie me viera así, rota.
Me puse la capucha de la sudadera y apreté los puños, tratando de que el temblor de mis manos se detuviera.
Me sentía como una tonta. Había viajado a escondidas, emocionada, pensando que me necesitaba tanto como yo a él. Pero mientras yo contaba los minutos para verlo, él estaba con otra persona, compartiendo copas y charlas que a mí me había ocultado.
Cuando llegué al campus, el sol ya se estaba ocultando. No quería ir a mi habitación. Ver mi escritorio, mis libros y ese cuaderno que él me había regalado me iba a doler demasiado.
Caminé directo al salón de estudios, sabiendo que Maya estaría allí.
La encontré con Lucas; estaban sentados entre mesas llenas de papeles y café frío. En cuanto me vieron entrar, los dos se quedaron quietos.
-¿Cali?- Maya se levantó de golpe. Me miró de arriba abajo y su sonrisa desapareció. -Pero... ¿qué haces aquí? Deberías estar con Oliver. ¿Qué pasó? Tienes una cara horrible-
No pude aguantar más. Me quedé ahí parada, con la mochila colgando y la voz trabada en la garganta.
-Tu hermano no estaba solo, Maya- solté, y sentí que las palabras me quemaban. -Mientras me decía por teléfono que me extrañaba, estaba con su compañera. Vi los mensajes en su móvil. Ella le daba las gracias por el vino de anoche y hablaba de una "conexión" entre ellos-
Maya se quedó pálida. Abrió la boca para decir algo, pero no le salían las palabras.
-¿Qué? No puede ser... Oliver es un tonto a veces, pero no es así- balbuceó, aunque al ver mis ojos rojos se dio cuenta de que no estaba bromeando.
-Lo vi con mis propios ojos, Maya. No me lo contó nadie. Él me usaba para que lo ayudara con sus trabajos mientras ella se encargaba de hacerlo pasar bien. Me siento usada. Me siento como si hubiera sido la última en enterarme de su nueva vida-
Lucas, que estaba sentado al lado, se levantó y me puso una mano en el hombro con mucha suavidad. No intentó darme un discurso, solo me acercó una silla.
-Siéntate, Cali. Respira- me dijo con calma. -Siento mucho que estés pasando por esto. Nadie se merece sentirse así de traicionada-
-No quiero defenderlo- dijo Maya, que ahora estaba roja de la rabia. -Voy a llamarlo ahora mismo y le voy a decir de todo. No puede tratarte así-
-No, Maya, por favor- le supliqué, agarrándole la mano. -No lo llames. No quiero que piense que estoy rogando o que quiero explicaciones. Ya vi lo suficiente. Solo... no quiero estar sola hoy-
Maya me abrazó tan fuerte que casi me deja sin aire. Y ahí, rodeada del olor a papel y del silencio del salón, mi fuerza se acabó.
Me puse a llorar contra su hombro, soltando toda la rabia y la pena que me había guardado desde que salí corriendo de aquel apartamento.
Lucas se quedó cerca, cuidando que nadie se acercara a molestarnos y trayéndome un vaso de agua.
No me juzgó por estar hecha un desastre.
Esa noche no volví a mi cuarto. Me fui con Maya a su casa.
Me quedé tirada en el sofá, escuchando cómo ella caminaba de un lado a otro en la cocina insultando a Oliver en voz baja.
Me di cuenta de que le había dado a Oliver todo mi mundo, y él lo había tirado a la basura por una copa de vino en una oficina brillante.
Cerré los ojos, pero lo único que veía era su cara de culpa cuando lo descubrí.
Sabía que nada volvería a ser igual.
OLIVER
El silencio en el apartamento era insoportable.
Tiré el móvil contra el sofá por décima vez en la última hora.
Tenía las manos metidas en el pelo, caminando de un lado a otro del salón como un animal enjaulado.
Cali se había ido hacía horas, pero su rastro seguía por todas partes: el cojín donde estuvo sentada, el aroma a su perfume que se negaba a desaparecer y ese vacío en el pecho que me decía que acababa de perder lo único que me mantenía cuerdo en esta ciudad.
-¡Contesta, maldita sea!- le grité al aire, aunque sabía que ella no iba a mirar mi nombre en la pantalla.
Le había enviado veinte mensajes.
La había llamado hasta que saltó el buzón de voz. Nada.
Sabía que se sentía traicionada, pero me quemaba por dentro que no me hubiera dejado explicarle que Amber es así, que su forma de hablar es exagerada y que esa copa de vino no fue más que un compromiso de trabajo para cerrar un trato.
Cali lo había confundido todo, había visto sombras donde solo había cansancio y oficina.
Al final, desesperado, busqué otro nombre en la agenda. No quería involucrarla, pero no me quedaba otra opción. Marqué a Maya.
-¿Qué quieres, Oliver?- La voz de mi hermana sonó tan fría que me dio un escalofrío. Nunca me había hablado así.
-Maya, gracias a Dios. ¿Está ella contigo? ¿Llegó bien?- pregunté, atropellando las palabras. -Escúchame, tienes que decirle que se equivoca. Que lo de Amber no es lo que ella cree, que esa mujer habla así con todo el mundo y que lo del vino fue solo una cena para cerrar el contrato del ático. Cali se fue de aquí sin dejarme hablar...
-Oliver, cállate un segundo- me interrumpió ella. Escuché un suspiro pesado al otro lado de la línea. -Sí, está conmigo. Llegó hecha pedazos, con una cara que no le había visto en mi vida-
-Maya, por favor, pásamela. Solo necesito dos minutos para que entienda que no hay nada con Amber. Cali es la única mujer en mi cabeza, ella lo sabe...-
-No, no lo sabe- sentenció Maya, y escuché cómo se alejaba un poco, probablemente para que Cali no la oyera. -Y no te la voy a pasar. Oliver, lo que tú llamas "una confusión", para ella es una mentira. Me dijiste que estabas solo, que te morías de pena en ese apartamento, y resulta que estabas de cenas y brindis con otra. ¿Cómo quieres que confíe en ti?-