El Efecto Oliver

22. LAS GRIETAS DEL DIA DESPUÉS

CALI
La luz del invierno es diferente a cualquier otra; es blanca, cruda y no perdona.

El frio entro por la ventana de mi habitación con una violencia que me obligó a despertarme.

Me dolía la cabeza, una punzada rítmica detrás de los ojos que me recordaba cada vaso de ponche, pero el verdadero dolor no era físico. Estaba en el centro de mi pecho, un nudo de culpa que se apretaba cada vez que recordaba el sabor a canela de los labios de Lucas y la forma en que me separé de él.

Me quedé mirando el techo durante una hora. Quería que el mundo se detuviera, que el semestre no hubiera terminado y que esa placa de bronce en la otra punta del país fuera solo un mal sueño.

Pero las iniciales grabadas seguían ahí, en algún lugar de la ciudad, y Lucas seguía ahí, en algún lugar del campus, probablemente odiándome.

Me levanté, me puse el abrigo más grueso que encontré y salí a buscarlo. Sabía dónde estaría. Lucas siempre iba al taller los sábados por la mañana cuando necesitaba pensar. Decía que el olor a serrín y pegamento lo relajaba.

Cuando entré al taller, el silencio era casi absoluto, solo roto por el zumbido de una cortadora láser al fondo.

Allí estaba él, de espaldas, limpiando la mesa de trabajo que habíamos compartido durante meses.

-Lucas- susurré. Mi voz sonó rota, mucho más pequeña de lo que pretendía.

Él se tensó.
No se giró de inmediato. Dejó el trapo con cuidado sobre la mesa y luego, muy despacio, se dio la vuelta.
Tenía ojeras y el pelo más revuelto de lo habitual. No me miró con rabia, lo cual fue mucho peor. Me miró con una especie de decepción cansada.

-Cali. No tenías que venir hasta aquí- dijo con voz plana.

-Tengo que pedirte perdón. Lo de anoche... yo no soy así, Lucas. Estaba borracha, estaba furiosa por lo de la placa y...-

-Y yo estaba allí- me interrumpió él, dando un paso al frente. -Eso es lo que duele, Cali. No que me besaras. Me ha gustado besarte, no voy a mentir sobre eso. Lo que duele es que, mientras me besabas, no me estabas mirando a mí. Estabas intentando borrar a Oliver. Me usaste como un borrador, Cali. Como si yo fuera un trozo de papel para limpiar una mancha que él dejó.-

Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier desplante de Oliver.
Me acerqué a él, intentando tomar su mano, pero él la apartó suavemente para recoger sus planos.

-No eres un borrador para mí- dije, sintiendo las lágrimas correr por mi cara. -Eres la única persona que me ha hecho sentir que valgo algo por mí misma. Por eso me asusté. Por eso hui-

-Me usaste para vengarte de un fantasma- insistió él, y esta vez su voz tembló un poco. -Y lo peor es que ese fantasma sigue ganando. Mírate. Has venido aquí a pedirme perdón, pero tienes el teléfono en la mano esperando que él te escriba por lo de la foto-

Bajé la mirada. Tenía razón. Mi mano apretaba el móvil con una fuerza inconsciente.

-No quiero que gane- dije con firmeza, secándome las lagrimas. -Quiero que Oliver Vega desaparezca de mi vida-

-Entonces deja de darle el poder de arruinar tus noches y tus relaciones- sentenció Lucas. Se colgó la mochila al hombro. -Te perdono, Cali. De verdad. Pero no puedo ser tu refugio mientras sigas enamorada de tu naufragio-

Se fue sin decir nada más, dejándome sola en medio del taller.
El silencio se volvió asfixiante.

Caminé de regreso bajo la nieve, sintiéndome más sola que nunca.

Al llegar a la cafetería del campus, vi a Maya y a Javi sentados en una mesa del rincón.
Maya gesticulaba con energía y Javi tenía la cabeza entre las manos.
Al verme, Maya me hizo una seña frenética para que me acercara.

-Cali, gracias a Dios- dijo Maya en cuanto me senté. Su cara no era de resaca, sino de pura preocupación. -Tienes que saber algo. Javi ha hablado con mi hermano esta mañana-

El nombre de Oliver flotó en la mesa como una granada sin seguro.

Javi suspiró y me miró con incomodidad. Él es el mejor amigo de Lucas, y sabía que estaba en una posición horrible.

-Cali, Oliver me llamó- dijo Javi en voz baja. -Estaba... no sé cómo explicarlo. No era el Oliver arrogante de siempre. Me preguntó si habías visto la publicación. Dijo que la placa no era para presumir, sino que era una "ofrenda de paz"-

-¿Una ofrenda de paz?- solté una carcajada amarga. -Pone mis iniciales en un edificio sin preguntarme, después de lo que me hizo con Amber, ¿y espera que le dé las gracias?-

-Dice que ha dejado a Amber- soltó Javi de golpe.

El mundo pareció detenerse por un segundo. El corazón me dio un vuelco traicionero, una reacción instintiva que odié con toda mi alma.

-Dice que el proyecto "Luz de Invierno" le hizo darse cuenta de que nada de lo que construye tiene sentido si tú no estás con él- continuó Javi, citando casi textualmente. -Que se equivocó y que la placa es solo el principio. Quiere hablar contigo, Cali. Me ha pedido tu nuevo número-

Maya le dio un golpe en el brazo a Javi.

-¡No se lo has dado, ¿verdad?! Javi, mi hermano es un manipulador experto. Sabe perfectamente que Cali ha aprobado hoy y quiere colgarse de su éxito emocional-

-No se lo he dado- se defendió Javi. -Pero Cali... él sonaba mal. Realmente mal-

Me quedé mirando mi café frío.
Todo cobraba sentido ahora.
La placa, la frase en latín, el momento exacto de la publicación... Oliver no estaba celebrando un edificio, estaba lanzando un anzuelo. Sabía que yo no podría resistirme a la validación profesional, porque siempre fue mi punto débil.

-No se lo des- dije por fin, con la voz más firme de lo que me sentía. -Si Oliver quiere decirme algo, que se lo diga al viento. Yo ya no pienso escucharlo-

Pasé la tarde encerrada en la biblioteca, intentando estudiar para un examen opcional, pero las palabras de Lucas y las de Javi se mezclaban en mi mente.

"Me usaste como un borrador".
"Dice que ha dejado a Amber".




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