CALI
Londres me recibió con un frío que te calaba los huesos, ese olor a lluvia y asfalto que te obliga a olvidar quién eras.
Mi primer mes en la firma fue una carrera de obstáculos. No tenía tiempo para recordar cómo se sentía que te rompieran el corazón; estaba demasiado ocupada intentando que la ciudad no me devorara viva.
Por primera vez en mi existencia, el nombre de Oliver Vega no era mi primera pesadilla al despertar.
Había logrado silenciarlo. O eso creía.
-Es él, ¿verdad?- La voz de Julian me sacó de mis pensamientos. Estaba apoyado en el marco de la puerta de mi despacho, con esa elegancia innata que solo él poseía.
-¿De qué hablas?- pregunté, aunque mi pulso ya había empezado a traicionarme.
-La firma rival. Vega Arquitectos. He visto los papeles, Cali. Oliver viene a por el proyecto de Southbank. Viene a por ti-
Sentí un impacto en el estómago, como si el suelo hubiera desaparecido.
Oliver estaba aquí. En mi ciudad. En mi terreno.
Pero tras el shock, una llamarada de pura rabia me recorrió las venas. Ya no era la chica sumisa que esperaba sus migajas de atención.
-Que venga- susurré, y mis ojos brillaron con una intensidad que hizo que Julian sonriera. -Que venga, que le voy a enseñar lo que pasa cuando intentas jugar con fuego en una ciudad que no te pertenece-
***
El viernes, el cielo de Londres se tiñó de un naranja sangriento.
Recibí un mensaje que me hizo temblar las manos.
Lucas: Trafalgar Square. Ahora. No me hagas ir a buscarte, que me pierdo.
Corrí. Esquivé turistas y autobuses rojos con el corazón martilleando contra mis costillas.
Cuando llegué a la plaza, lo vi. Lucas estaba allí, con su eterna bufanda azul.
Pero mi respiración se cortó al ver a la chica que le apretaba la mano. Tenía una sonrisa dulce y unos ojos que desprendían una paz que yo nunca pude darle.
-¡Cali!- Lucas me envolvió en un abrazo y, por un segundo, el mundo se detuvo.
-Clara, ella es Cali. La mejor ingeniera... no, la mejor persona que conozco- dijo Lucas, y la forma en que miró a Clara después fue como una puñalada de realidad, pero una realidad que no dolía.
Ver a Lucas con Clara me hizo entender que el amor no tiene por qué ser una guerra constante.
No hubo celos, solo un alivio tan grande que estuve a punto de llorar.
Por fin, él tenía lo que merecía: un amor sin sombras, sin mi pasado persiguiéndonos.
-He oído tanto de ti- dijo Clara, abrazándome. Su calidez me desarmó.
Julian apareció justo en ese momento, como el perfecto escudo que siempre era.
Me rodeó los hombros con una familiaridad que hizo que Lucas entornara los ojos, sospechando algo que no existía. Julian se inclinó hacia mi oído mientras los otros hablaban.
-Tu amigo es guapísimo, pero dile que deje de analizarme, que mi radar está detectando a un rubio en aquella esquina que me va a dar mejores noches- me susurró con ese descaro que solo él tenía.
Solté una carcajada. Amaba a Julian. Amaba esa complicidad de saber que él era mi lugar seguro precisamente porque no había tensión romántica, solo una amistad inquebrantable que nadie más entendía.
***
La sala de juntas en el piso 42 era un hervidero de hormonas y ego.
Julian estaba a mi lado, dándome la fuerza que necesitaba.
Entonces, la puerta se abrió.
Su presencia llenó la habitación de inmediato.
Estaba más imponente que nunca, pero sus ojos... sus ojos tenían esa oscuridad que yo conocía tan bien.
Cuando su mirada chocó con la mía, el aire se volvió denso, casi irrespirable. Era una mezcla de odio, nostalgia y algo que me negaba a reconocer.
-Empezaremos nosotros- dijo Oliver, y su voz me acarició la nuca como un escalofrío.
Habló de su proyecto como si fuera Dios creando el mundo. Era arrogante, era brillante, pero estaba vacío.
Estaba tan centrado en demostrar quién era el rey que se había olvidado de que los castillos de naipes siempre caen.
-Es una basura, señor Vega- lo interrumpí, y el silencio que siguió fue tan pesado que dolió. Me levanté, apoyando las manos en la mesa de cristal- Su diseño es como usted: frío, egocéntrico y condenado a romperse. Quiere dominar el cielo, pero sus cimientos están podridos de arrogancia-
Oliver se tensó tanto que creí que iba a saltar sobre la mesa.
Sus ojos echaban chispas.
-¿Y qué propone, señorita Thorne?- preguntó con una voz que era puro veneno. -¿Algo delicado que se caiga con el primer viento?-
-Propongo algo que tenga alma- dije, proyectando mi propuesta. La luz llenó la sala- Propongo transparencia, fuerza y verdad. Algo que usted nunca podrá entender porque está demasiado ocupado mirándose en el espejo-
Sir Alistair no tuvo dudas.
Oliver había perdido. Y lo sabía.
Al terminar, Oliver me interceptó en el pasillo. Julian se quedó a unos metros, vigilando como un halcón.
Me acorraló contra la pared, su perfume embriagándome los sentidos por un segundo antes de que mi cabeza retomara el control.
-Has ganado esta ronda- me susurró, tan cerca que sentía su aliento en mi boca. -Pero no creas que esto ha terminado. Sigues siendo mía, Cali. Lo veo en cómo me miras-
-Te equivocas, Oliver- le dije, empujándolo con una fuerza que no sabía que tenía. -Ya no soy tuya. Ni de nadie. Y esa es la razón por la que hoy te he ganado. Porque ya no tienes poder sobre mí-
Salí de allí con la cabeza alta. Julian me esperaba con una sonrisa triunfal.
-Eres una jodida diosa, ¿lo sabes?- me dijo mientras bajábamos en el ascensor.
Caminamos por Southbank, hacia la galería donde Lucas y Clara nos esperaban.
El viento de Londres soplaba con fuerza, pero esta vez no intentaba derribarme; sentía que me empujaba hacia adelante.
Por fin, la arquitectura de mi vida era sólida.
No por los edificios que construía, sino por la mujer en la que me había convertido.